Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Pan dulce GRATIS

Decidme tres cosas que os viene a la cabeza en estas fechas festivas. A mí: aguinaldo, regalos, brindis y ¡comida! Este blog, como es muy generoso, os regala un pan dulce con jennísimas abrillantadas para que no falte en vuestras mesas navideñas. Llevádlo y disfrutádlo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Futboleando entre hormonas

La hinchada estaba que ardía y yo ni te cuento.
La vehemencia de esos cuerpos transpirados me provocaban agitar el banderín como si estuviera en medio de un orgasmo.
Se hacían paso entre la tribuna y su testosterona hecha agua se quedaba pregnada a mi piel, se volvia fragancia reactiva para mi instinto animal. Esa energía que sólo se vive en una popular apelmasada de orgullo y de gritos guerreros.Hombres que medían sus banderas desde el alambrado y me la sacudían en la cara. Fieras con bombos y platillos pegándole al ritmo del ritual de apareamiento. Bestias colgadas de los postes meciendo mi tentación, revoleando sus camisetas.
Roberto: si hubiera sabido que venir a la cancha me ponía tan cachonda, venía todos los domingos.
Así se vive la gloria banfileña. ¡Aguante Taladro campeón!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

De retiro espiritual

Mis queridos lectores: hasta el viernes pasado nada me funcionaba (leer post anterior), ninguna técnica hacía efecto. Había perdido mi ser y me urgía un viaje introspectivo.

Tenía que desbloquear aquellas tensiones mentales que obstaculizaban mis chakras para librarme de esta oscuridad. Me imperaba un reencuentro con la fuente de energía original: la naturaleza.

Necesitaba enyoguisarme, desprenderme de este ego que llevo a cuestas para unirme al macrocosmos. Así fue como encaré viaje hacia la comunidad de los Dadas de Ananda Marga en Córdoba. Los monjes tántricos de la vía seca, con sus túnicas naranjas, me aguardaban para inculcarme la sabiduría de la restricción sexual -entre otras prohibiciones- que me llevaría a la iluminación y a la conexión con el universo.

No les mentiré, hubiese preferido unirme a los monjes de vía húmeda, pero el historial de mi alcoba me delataba y me unía a los primeros, los célibes, aunque lo de ellos es por opción, no como me pasa a mí que es por castigo divino o simplemente porque estoy meada por un mamut.

Dada Rama y Dada Tatua se hicieron cargo de mi iniciación en el retiro espiritual y filosófico. Me educaron con meditación, mantras, mudras, yoga y una estricta comida naturista a base de condimentos hindúes, privada de la gloria de la carne, la grasa y la lujuria del huevo.

Pasé tres días respirando profundo, exhalando colores, visualizando flores de loto, elongando cual junco para que me sintiera nuevamente Jennísima. Una Jennísima que puede prescindir de lo mundano, del cuerpo febril, para elevarse al cosmos y unirse al núcleo de la vida eterna.

¿Pero a quién quiero engañar? Con tanta restricción sólo pensaba en sexo. ¡Esta elongación era un desperdicio pornográfico! ¡Un deleite para el garche terrenal! Tres días con los tobillos detrás de las orejas para liberar el chakra pélvico, sólo me daban ganas de gritarte "¡Vení Roberto, mirá cómo la tengo iluminada!"

Para colmo como me cagaba de hambre, cuando los monjes no me veían, me comía una barra de chocolate con almendras que te digo que Brahma, Shiva, Vishnú y toda la barra de dioses tercermundistas me van a castigar reencarnándome en sahumerio de pachuli, con las ganas que tenía de volver en la próxima vida como vaca. ¿Qué más se le puede pedir a la vida que comer berro y que te toquen las tetas todas las mañanas?
En fín, nos despedimos con un Ommmmmmmm.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Volviendo a la precariedad del género

Hace tiempo que no tomo este camino: la vieja receta de portarse como una señorita. Salir maquillada y bien vestidita, quedarme calladita, sonreír cuando me mira y esperar a que él dé el primer paso.
Conste que me parece una pelotudez atómica, pero lo voy a probar. Si funciona, ¡me cago en la independencia de la mujer con carácter y decisión!

Auspiciado por la Academia de Señoritas de la vieja ultranza de Doña Inés C.

martes, 17 de noviembre de 2009

Se da o no se da.

Cuando se da, se da.

Tengo una amiga que en la segunda salida con su chico se cagó encima, literalmente. Sin saber que él la iba a ir a visitar, se había comido dos chicles laxantes y a las dos horas después de estar caminando por las playas lejanas del faro cedió su constipación. Ni un bar, ni carpa ni médano a la vista. Un baño químico a lo lejos se divisaba en el horizonte como un oasis alucinatorio en el desierto. Ella intentó a zancadas poder llegar a tiempo al bañito, pero dos pasos antes de la puerta se le anticipó la tormenta fecal fluyendo por sus piernas mientras corría. Encerrada en el baño cagada hasta las rodillas él la consoló y la ayudó con su higiene del modo más rústico y romántico posible: le traía agua del mar con su propia remera, (decime si no es un héroe). Hoy están casados y tienen una hija.

Cuando no se da, no se da.

Estaba en un boliche y había un chico muy lindo bailando cerca de mí. Sin querer queriendo, dejándonos llevar por el vaivén del ritmo loco, quedamos enfrentados. Le dije: “vos estás bailando ahí y yo estoy bailando acá, técnicamente estamos bailando juntos, ¿no?” El muy miserable dio media vuelta y se fue.

Al final, es mejor cagarse encima que tratar de ser sociable.

martes, 10 de noviembre de 2009

Profilaxis

Mientras me hacía la tintura de pelo, porque los 28 años me destiñen las raíces pero no los mambos, miraba el guante de látex y ratoneé con un flaco de cinco penes.
Bah, ratonear no es la palabra, tampoco cachondear. Digamos que fantaseé con la suposición de que un adonis podría portar cinco pistolas. No sé si el lector se impresiona con la propuesta literaria de un pibe penta-peneano(1), pero el hecho es que este hombre podría usar un guante como preservativo. Ahí la conexión con la tintura, ¿ven cómo se va hilando el cuento?
Después pasé a otra idea, y jugué a encontrarle otras utilidades al guante. Por ejemplo: en caso de tener un encuentro con un caballero uni-fálico(2) podría usar cada dedo del guante como preservativo y así te rinde para cinco rounds. Evaluando que contamos con dos guantes, diez dedos y un pito, ya nos estamos ahorrando un motón de plata en profilaxis.
Lo importante es que nada se tire, todo se transforme y nunca viene mal educar sobre sexo seguro. Aunque en este caso, casi seguro que uno no tiene sexo, porque en cuanto saque el guante de latex el flaco se sube los lompas y salta por la ventana.

Estrenamos Wikijennisima:
penta-peneano: que acarréa cinco penes.
Uni-fálico: que posee un pene.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Pastillas del amor

Cuando mis viejos se casaron pasaron su luna de miel en un crucero. Hete aquí que mi padre, un señor de mucho mundo, se adaptó rápidamente al vaivén marino, pero no así mi queridísima madre que andaba descompuesta gateando por la escotilla, trepándose a las barandas de la cubierta para recuperar la compostura bípeda.
Una buena dama americana, una de esas señoras jubiladas a los cuarenta años y acostumbrada a los cruceros, se apiadó de ella y le dio una pastillita: "Take it, it will make you feel better". Mi madre, que se hubiera pegado con el ancla en la cabeza para dejar de sentir ese mareo se la tomó...y palmó. Así fue como la primera noche de bodas, mamucha quedó inconsciente en su camarote y perdió su virginidad en la segunda noche de bodas, nos recalcó: "porque tu padre me respetó".
En esa época, los cruceros se movían mucho y los hombres eran muy caballeros.

martes, 27 de octubre de 2009

Todo el mundo pide bis

Después de repetir cuántas veces una conducta indeseada se transforma en una obsesión insalubre.
Si grito "Cantinero otra vuelta", no me transformo en una alcohólica, claramente.
Si me saco la sortija en la calesita, tampoco me vuelvo una caballito-subibaja dependiente.
¿Después de cuántos "¡dale Roberto, quereme,por favor!" me vuelvo patética?
La respuesta es obvia, en el primero.
Qué rápido que funciona la reflexión bloggera. Me ahorré una sensión de 80p.
En el próximo post veremos por qué lo hice diez veces.

martes, 20 de octubre de 2009

Podemos prescindir de ud.

Quiero que me echen.
Quiero llevarme un dineral de indemnización e irme a la República de la Chagar. Pero soy muy obediente, buena y responsable para lograr enojar a mis empleadores y convencerlos de que soy más útil fuera que dentro de esta empresa.
Podría renunciar, pero no sé a dónde ir, qué quiero hacer. Creo que lo que hago ya llegó a su fin...necesito aires nuevos.

¿Cómo puedo lograr que me peguen una patada en el orto?
-Si vengo desnuda, seguro que imponen el “Friday nude”.
-Si me peleo con el presidente, seguro que me ven como agresiva, decidida y honesta.
-Si falto, me descuentan el sueldo.
-Si hago mal mi trabajo, me retan y me dan otra oportunidad.
-Si me visto como el culo y despeinada, admiran el modo de expresar mi creatividad estéticamente.
-Si me robo archivos, piensan que hago horas extra laburando desde casa.
-¿Y si vengo con una ametralladora? No, seguro me meten presa y después me vuelven a tomar dentro del programa social "Reinsertando loquitos al mercado laboral".
¿Me quedaré aquí, amarilla y ojerosa hasta morirme?

martes, 6 de octubre de 2009

lunes, 5 de octubre de 2009

Me pareció ver un lindo abuelito.

La curiosidad no mató al gato. Fue mi abuelo.

Las armas son peligrosas, pese a que ciertos hombres de mi vida hayan intentado demostrarme lo contrario. “Son las personas que usan mal las armas el verdadero peligro”, argumentaban fallidamente.

Mi abuelo tiene varias pistolas, una de ellas la usa para matar los gatos de los vecinos. Sí, al señor le indigna el libre andar de los gatos por las medianeras y por su jardín de rosas e injertos exóticos. “No me dejan dormir con sus aullidos”, me explicaba.

Esos aullidos deben ser de una gata gozando con su gato macho. El grito extasiado de una felina en la cresta del placer. El pene escamoso del gato en un vaivén constante, rasguñando el vientre ardiente de esa gata fogosa; y el muy malvado de mi abu los interrumpe a disparos, ¡castrándoles el coito sagrado!

Paso describir la escena: Mi abuelo se despierta por el aullido de la gata en plena noche, toma su pistola y le carga balas. Levanta la persiana de la ventana de su cuarto, apunta entre las rejas a los gatos amantes de la medianera y PUM.

Uno de ellos cae muerto del lado de vecino. A la mañana siguiente cuando el vecino sale a regar sus malvones se encuentra con un gato muerto casi dinamitado por un proyectil del año 30, de cuando el abu era colimba. Imaginate el espanto del vecino.

“Abuelo – le dije- ¿vos te ponés los anteojos antes de disparar? ¿Prendés las luces del jardín o algo? Un día le vas a disparar a la abuela que le pintó salir a colgar la ropa de noche.¡¡ Estás loco !!”

Pero este mismo hombre con instinto asesino, tiene una plena devoción por otros animales e irónicamente no se recibió de veterinario por pocas materias, quizás adeude GATO I y II.

Ayer me escribió este mail después de que le pedí que alimentara a mi mascota. “¡Tu pajarito me odia!! Cuando le limpio la jaula y le pongo comida me da la espalda!!!! Se pone de culo y cuando hago que me voy, recién se acerca al comedero. Es un jodido!!!!”

Abuelo: te pido por favor que no lo mates. Yo voy a hablar con él.

Te quiero mucho. Gracias por darme razones para escribir.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Tomo 6 y último: El sexo de la i

La i, tal como su artículo lo indica es femenino. Pero el puntito, tal como su artículo lo indica es masculino. Hete aquí la composición sexual de la i: hermafrodita.

La i puede copular con ella misma ya que cuenta con ambos órganos reproductivos. También puede fornicar con otras letras de sexo indistinto, aunque cabe aclarar que todas las letras del abecedario son femeninas.

Pegunta: ¿cómo notar si la i está en celo?

Respuesta: Si tiene tilde.
La tilde tiene dos significados: erección y eyaculación.

Veámoslo graficado:

Í -> i con erección
Í-> i eyaculando
b-> i embarazada


A pedido de mi colega "alelé" hemos registrado la copulación de la i: video “Los estudios sobre la i” han dado resultados muy fecundos para la Patafísica y aquí se despiden. Pero sepan colegas que han quedado varios tomos en el laboratorio, pero el presupuesto no alcanzó para desarrollarlos. “Somos patafísicos, queremos patafisiquear”, gritaba Pata Villanueva, patafísica de corazón.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Tomo 5. La biología de la i.

El magistral equipo médico involucrado en el estudio se alarmó al registrar particularidades en el tejido orgánico de la i. Se trata de una anormalidad en el sistema inmunológico.

"Sucede que la propia biología de la i se agrede y ataca a sí misma", declaró una enfermera de turno.

Esta predisposición recae en el cuerpo de la i que termina rechazando parte de su tejido hacia fuera del organismo generando un apéndice externo que llamamos puntito.

Darwinianos aseguran que inicialmente la i carecía de puntito, dado que el cuerpo de la i y su apéndice poseen ambos el mismo material genético. El puntito es producto de una evolución del tejido que fue rechazado. “No le quedaba otra si quería sobrevivir”, dijo el darwiniano Charles Darwin.

¿Podría sufrir la i un apendicitis?

Claro que sí. La inflamación del puntito es físicamente posible y , de ser necesario, requeriría una extirpación del mismo para evitar la peritonitis.

Diagnóstico: Mutación genética autoinmune que expulsa sus propios tejidos generando el apéndice redondito que vemos como puntito.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Tomo 4. La psicología de la i.

La i se percibe así misma como una dualidad. Posee un desdoblamiento de la personalidad: un punto y un cuerpo lineal vertical.

Hemos comprobado en el tomo 1 que la i sin puntito sigue siendo reconocida como i. Sin embargo el punto por sí solo no se vincula directamente con la i sino que se lo asocia con un punto final de oración.

Por ende, el puntito es el extrañamiento del yo para el cuerpo de la i.

Estamos frente al diagnóstico: la esquizofrenia de la i.

Imagen tomada durante la terapia en el consultorio del Dr.Rolón padre.

Tomo 3. Patafísica: La i, un tema de gravedad.

“Los Estudios sobre la i” se vuelcan en este tomo a la revisión de las fuerzas gravitatorias.

Claramente y sin tener que ser doctos en estos estudios, damos cuenta que el puntito de la i flota solito, rompiendo con los deberes de la ley de gravedad.

Este puntito o cuerpo con peso específico ultra liviano se las arregla para mantenerse suspendido sin caer sobre la columna de la i. ¿Cómo logar resistir la fuerza imantada del centro de la tierra?

Hay quienes defienden la teoría del “Titiritero invisible”, pero nuestros investigadores desmantelaron las moléculas de aire que envuelven al puntito y no encontraron ninguna tanza ni hilito.

Conclusión: el puntito de la i tiene gravedad cero, quizás por eso su forma redondita como un cero.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tomo 2. Patafísica: El invento

El "Estudio sobre la i" requería la invención de una maquinaria revolucionaria, aún en estado de experimentación o como Microsoft gusta nombrar: Estado Beta, que pudiera solucionar la problemática del vacío del puntito.

Presentamos aquí, con orgullo, "La máquina que pone los puntos sobre la íes".

Visión completa del artificio en reposo.


Visión del artificio en acción.

Se trata de un artilugio protagonizado por un lápiz sensor que reconoce la letra "i" y se impone la meta de ponerle el puntito.

Vemos aquí un video de su ingenioso mecanismo: video

martes, 22 de septiembre de 2009

Tomo I. La patafísica, mi ciencia.

Hoy doy comienzo a una serie de experimentos, ensayos y teoremas que he dado a intitular:"Estudios sobre la i".

Creencia inicial:

jueves, 17 de septiembre de 2009

Entre tus cositas

Tengo tantas ganas de que me encuentres.

Me hacen el favor de buscar en sus cajas de objetos perdidos, a ver si estoy.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Vivo o muerto

Si esta historia hubiera sido mía, hoy la estaría escribiendo desde la cárcel de mujeres. Gracias a Dios, esto le pasó a la novia de un chico que trabajaba en el banco con mi tío.

Martín sin duda era hermoso y dicen que también era un buen contador. Mi tía hablaba de él en la mesa y me decía: "No sabés, es un Adonis contable. Está para encerrarlo en la caja fuerte y que te haga un clin caja".

Bueno, resulta que Martín el hermoso, estaba de novio con la bella Agustina. (Es que al final de cuentas, los lindos salen con los lindos. Salvo en Europa, que la cosa es más mezclada porque los europeos tienen menos prejuicios). Mientras la pareja de armoniosos rasgos iba en su auto yendo hacia el campo de fin de semana, sucedió lo inesperado.

Aquel caballo galopante por los campos linderos a la ruta, con sus trinas al viento decide cambiar el rumbo y atraviesa la ruta súbitamente. Martín intentó frenar, pero no lo logró a tiempo y se comió al animal de lleno. El caballo hizo sapito en el capot, parabrisas, techo, baúl y terminó en la ruta. Agustina herida, pero sacando sus fuerzas últimas, se incorpora y busca a su amor. Se encuentra con lo peor. Él tenía la cara destrozada, pero seguía con vida. Ella, que había vacilado entre estudiar diseño de indumentaria o medicina, le vino bárbaro haber estudiado lo segundo.

Martín no podía respirar, tenía todo el rostro destruido por el impacto del caballo, era cuestión de minutos para que muriera. Agustina toma una decisión drástica. Busca de la guantera una birome y se la clava en el huequito de la clavícula para darle aire. Eso le salva la vida.
Los rescatan casi al instante. A Martín le reconstruyeron la cara y ella sólo tuvo rasguños. Dicen que el rostro del Adonis contable quedó bastante bien, no tan lindo, pero lo importante es que estuviera vivo, ¿no?
Era cuestión de meses para que Martín le viniera a Agustina con este planteo: “Me enamoré de otra. Disculpame. Me voy”.

¡PAREN LAS ROTATIVAS! ¡TIREN LLANTAS QUEMADAS A LA RUTA! ¡DEJEN DE ENTRAR GANADO A LINIERS!

La chica le salva la vida y el hijo de treinta tres mil putas ¿la deja? A todos los Robertos del mundo, incluido Martín: después de que te salvan la vida, te anudás la poronga multitarget, te comprás una bayoneta y te quedás cual granadero paradito al lado de tu señora hasta que la muerte los separe definitivamente, ¿ok? ¡Es un malviviente, un desagradecido! Claaaro, el señorito se aburrió de la cotidianidad, de la comida de delivery. ¡Pf! No da, así no.
Menos mal que no me pasó a mí, porque sino hubieran encontrado a Martín tirado en un establo, rodeado de pequeños ponys con 120 birómenes clavadas en el cuerpo.
¡Y hubiera aclamado que fue en defensa propia!

jueves, 3 de septiembre de 2009

Sabor a nada

La nada misma. La atravieso ahora mismo y desde hace algunos días. Antes me molestaba y le ponía algo de sabor. Pero esta vez voy a dejarlo así de soso. Es la nausea de Sartre pero sin acento francés. Es el hastío de lo cotidiano que loopea. Es la lengua seca de chupar sobres vacíos o estampillas viejas. Es un embole que te embota. Es como respirar sin olor y escuchar el silencio. Es más aburrido que eso. Es como tomar agua todo el tiempo. Agua filtrada. Dejé de tipear por un rato y ni me di cuenta. Es que el aburrimiento te aburre y te hace aburrida. Lo bueno es que puedo contar mis respiraciones y los latidos. Porque en la nada eso es lo más divertido. Y bueno, nada.

viernes, 28 de agosto de 2009

Jennísima Satelital

Descubriendo que la manualidad es más que una paja.

Esta tarde en Jennísima aprenderemos a hacer un gorrito de egresada para el estudiante de la U.B.A

Elementos:
- Placas de tórax.....2
- Envoltorio de paquete de galletita Maná...un pedacito
- Ganchitos de abrochadora....11 o a gusto

El paso a paso
1- Con una placa vamos a hacer la vincha, pared o base del gorrito.
2- Cortar por la mitad para conseguir, mediante la unión de ambas partes, una faja más ancha que larga.
3- Rodear la circunferencia de la cabeza del estudiante con la faja de placas.
4- Sujetar donde se unan ambas puntas, asegurándose una cierta presión que permita la fijación de la faja a una altura definida. Es decir que no se te caiga y te tape lo ojitos.
5- Así estaría lista la vincha, pared o base.
6- Con la segunda placa haremos la tapita o techito del gorrito.
7- Cortar los bordes de la placa para reducir el tamaño a un rectángulo perfecto.
8- Sujetar todo con mucho ganchito y listo.
9- Cortar una cintita finita del envoltorio de galletita Maná u otra variedad pero con paquete rojo y desmechar la punta para generar efecto pompón.
10- Pegar con cinta scotch en el centro del rectángulo.

Vea aquí el modelo terminado y usado para la graduación.
La esperamos en el próximo post. Cómo usar una tomografía computada de pelvis y hacer señaladores del carajo.

martes, 18 de agosto de 2009

Sexo en la ruta

Este finde manejando por la ruta 2 pude identificar al conductor poronga, al conductor eyaculador precoz y al novio perfecto.

El Conductor poronga: más fácil de identificar por su vehículo BMW, Path Finder, Mercedes y otros autos de contrabando. Si el límite de velocidad es 110 y voy a esa velocidad por el carril de la derecha, a estos tipos los siento pasar de largo a 180 kilómetros por hora. ¡Ayyyy, qué poronga sos! Qué rápido que vas y qué grande que es tu auto. ¿Te sentís macho?, arrollador de cuises. Si en algún tramo se tuviese que ir lento, como en el caso de LEZAMA con su corte de ruta, estos tipos se meten por la banquina para que te tragues el polvo te guste o no.

El Conductor eyaculador precoz: es el que se te pone atrás, bien chupado, apuradito y si pudiera te levantaría del orto para pasarte. ¡Flaaaaccoo, bancaaaaá, mi auto no sube de revoluciones como tu chota adolescente! ¡Dejame pasar el camión de Shell sin que explotemos todos y vuelvo a mi carril para que me pases y te hagas mierda en la curva que viene!

El Conductor novio perfecto: el que te hace luces al cambiar de carriles y se pone bien cerca de la banquina para avisarte que lo podés pasar. Si él llegara a adelantarse, te hace algún gesto amable a través del espejo retrovisor para agradecerte. ¡Llevame con vos!

lunes, 10 de agosto de 2009

El oficio de cada uno

A mi me pagan por ser creativa.


Si me pagaran por la calidad de mis ideas, me pagarían muy poco.



Me acabo de dar cuenta que me pagan por la calidad de mis ideas.

jueves, 30 de julio de 2009

Cómo dejarme.

Roberto, si me vas a dejar, dejame bien.
Dejame llorando. Dejame desvanecida, medio desmayada.
Tirame de un taxi en máxima velocidad, abandoname en una villa.
Cortame la cara con una gillete oxidada y dejame los dos ojos en compota.
Robame la billetera y obligame a prostituirme por un viaje en colectivo a Congreso.
Si me vas a dejar, sacame los zapatos, correme la medias y desgarrame la remera. Arrastrame de los pelos, acribillame con gargajos y arrancame las pestañas.
Reíte y gritame: "¡te dejo boluda!"
Si me vas a dejar, hacelo memorable, un gran espectáculo de Broadway, una clase magistral del desecho humano.
Pero Roberto, llamarme por teléfono un domingo y decirme: “perdoname, pero tus tiempos no me hacen sentir cómodo”, eso sí que no lo puedo aceptar.

viernes, 24 de julio de 2009

¿Y vos de dónde sos?

Confirmado: las mujeres son de venus, los hombres de marte. Jennísima es de saturno.

sábado, 18 de julio de 2009

Libros mutantes

Había una mujer que juzgaba a los otros por los libros que leían.
Ella andaba por la vida con un carrito, llevando sus diez libros favoritos. Los que consideraba que eran representativos de su pensar, actuar y sentir. Los había elegido de su biblioteca con cautela y exagerado raciocinio. Y así iba ella, jactanciosa con su literatura a cuestas, relojeando los libros ajenos, aprobando o repudiando.
Un día se encontró con un hombre de unos libros horribles (no sabría decir si era peor que encontrarse con una persona sin libros).
Este hombre se vio increpado por aquella soberbia y la hizo detener. Anteponiendo su carrito cultural, ella se escudó con sus tapas duras y escritores rusos (porque son lo más pesados). Pero él, agarró de a uno esos libros y les arrancó las hojas hasta vaciarlos. Luego hizo lo mismo con los suyos. Tomo todos los papeles, los mezcló y los puso aleatoriamente en distinta tapas. Los devolvió apilados en sus respectivos carritos y dijo: “ahora sí, me estaban rogando mezclarse con los míos. Miré qué felices están.”
Y ambos se marcharon con sus libros arrebatados y exaltados.
Ella llegó a su casa y guardó aquel engendro bibliográfico en un estante nuevo. Y al rato… arrancó las hojas de todos sus libros, manuales, enciclopedias y diarios para mezclarlas bajo nuevos títulos.
Ahora hay una mujer, que tiene muchísimos libros sin sentido. O mejor dicho, una mujer que le dio un nuevo sentido a sus libros.

viernes, 10 de julio de 2009

Hoy me desayuné con un nuevo grano.

Odilon Redon. The Egg 1885
Ojalá hubiera tenido una iluminación
y mi blog les hubiera cambiado la vida.
Pero no. Nada de Zaratrustas, Siddharthas, ni nada.
Mañana voy a desayunar con zucaritas.

martes, 7 de julio de 2009

Aliento, no faltó.

Cuando en la tormenta de besos no se puede identificar quién es el del mal aliento.
Siempre hay en el pasado, algún caso que ha marcado jurisprudencia y nos sensibiliza cuando nos acercamos a una situación similar.
El caso que me marcó: no sé si era el pucho más el fasso y el ferné, un ritual que él practicaba antes de vernos, lo que hacia que tuviera un aliento tan feo. Besarlo era como estar en una cámara de gas. Desde entonces un beso hediondo es un piano de cola que se me cae encima.

Era otra noche, con otro caballero. Nos besábamos arrebatadamente hasta que el piano empezó a sonar. Ese pastiche de salivas ya no me erotizaba y entre chupón y chupón no me animaba a respirar.

Pedí un intervalo y fui al baño. ¡Necesitaba oxígeno, estaba amniótica! Dentro de la sala de baño, hice el auto-test del aliento. Ese de exhalar a la mano y respirar al instante. Pero nunca, nunca me funcionó. Nunca huelo nada y no me la voy jugar, en mi propio blog, de hipócrita con el aliento a Sugus perenne. Entonces, apliqué un test más avanzado, el auto - chupón en el brazo. Mientras me besaba la parte interior del codo con entregada pasión y saliva, me encontré con la muy posible posibilidad de que era yo; que mis besos eran los rancios.
El piano se oyó caer. ¡Pum!
Entonces el intervalo se transformó en el final de la función y me marché con mis purulentos labios a comprar un nuevo aliento.

lunes, 6 de julio de 2009

La última curda, Tío

"Lastima, bandoneón,
mi corazón
tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron
me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva."


Hoy acá estamos un poco tristes, pero vos ¡divertite Tío!,
que en el cielo hay timba de ángeles
pebetas que te sacan a bailar hasta pulir las nubes
y todo tiene firulete.

Ya que estás ahí arriba, mirame de tanto en tanto y cantame cómo viene a la cosa
y si te enterás de un numerito, chiflámelo en el sueño que así le juego.

¿Querés que te tire la posta? Seguro que ya te estás chamuyando a otra recién llegada, y te invitaron los muchachos a cantarte algo. ¿Te viste con el Polaco? ¿Y con Gardel? Preguntale si era uruguayo o argentino.

¿Ya los viste a mis abuelos? A que Sidney te dio linda bienvenida. Te suplico que no te pelees con tus hermanos. Tomatelo con soda, Tío.

Imagino que habrás dejado de tartamudear. Jaa. ¿Recuperaste la pinta de cuando tenías 40? ¡Qué pintuza!

Te pido que no me contestes esta carta, porque me voy a pegar un julepe bárbaro. Hacelo con disimulo.

Te quiero mucho. Gracias por tuti, incluido lo de licenciada en cachiporra, jaja.

sábado, 27 de junio de 2009

¿Alérgica al polvo?

Desde que empecé a salir con él, toso.
Me pica la garganta como si tuviera millones de hormigas caminando por el tracto respiratorio. Me desespera tanto que usaría esos limpia-mamaderas para rascarme. No es resfrío ni gripe, no es angina ni paperas.
Sé que es él. Que toso cuando pienso en él y cuando estoy con él. Y ahora que estoy escribiendo sobre él, soy una convulsión tosífera expectorante, con el monitor todo escupido – es que no puedo taparme la boca porque tengo las manos ocupadas tipeando este fragmento, ¿vio?-.
En fin, ¿serà cuestión de alejarme del polvo por un tiempo?
Pero con sinceridad, ¿còmo puedo ser alérgica al polvo, si me encanta jugar con el plumero? Voy a probar tomando leche calentita, a ver si eso me calma.
¡Què jodida es la tos! cof, cof.

domingo, 21 de junio de 2009

Un funeral por adelantado

A veces cuando la muerte viene merodeando largo y tendido, es mejor dar por muerto.

El pobre Tío Bernardo anda en esas. Casi se muere el día de mi cumpleaños el año pasado. Pero repuntó, y no te digo que este año también me está amagando.

“Tendrías que ir a despedirte del Tío”, me dijo mi Sr. Padre. “¿Pero, justo hoy que es mi cumple?”, exclamé rezongando, mientras apilaba los sanguchitos de miga. “Bueno, yo te estoy avisando. Con vos no se puede hablar. Te enojas de nada,” me reclamó. "En la semana voy. Que aguante un par de días más”, le dije y me robé un chisito.

En la semana, el celular me avisó: Despedir a Tío Bernardo.

Allá fui. Antes de llegar al geriátrico, pasé por la casa de la quiniela y jugué unos numeritos. El Tío siempre fue burrero, jugador y cantante de tango. Ganó en “Grandes valores del tango”, cuando Silvia Suller era secretaria. Sentí que eso podía revitalizarlo, darle ganas de llegar a ver los resultados del día siguiente.

Entré al asilo con el mismo entusiasmo que le pongo un lunes a la mañana para ir a laburar. “Hola, buenas tardes”, le dije a las ancianas mientras buscaba la habitación de mi Tío. “¿Vos, la conocés?”, escuché que le decía una vieja a la otra. “No”, respondió la octogenaria. “Entonces, ¿para qué saluda?”, remató la simpática ancianita.

En fin, llegué a la habitación 284.

“¡Hoooola Tíiiiiiiiiiio!”, entré eufórica como si me hubiera aspirado un metro de tiza. Había que transmitirle vida al cuarto. ¡Esa pobre gente estaba en las últimas! Pero para mi sorpresa, el tío estaba viendo Tinelli, y una enfermera le decía al viejo de la cama contigua: “Oscar, no escupa la comida, ¡por favor!”.

“¿Quién sos?”, me preguntó. “Soy yo, Jennísima. Tu sobrina nieta. La nieta de Anita. ¿Cómo estás?” “¿No me ves?”, me contestó.

“Tío, te traje unos numeritos. Mirá si mañana somos millonarios”. Miró el cartón y refunfuñó un “¡Jugaste todos números bajos!”. “Bueeeeno, Tío. Jugué a los cumpleaños”. “No sirve. Quedátelo”, y me lo devolvió. Puta, che. ¿Vos no estabas moribundo?

“Tío, ¿sabés que me recibí? Ya soy licenciada”. “Licenciada en cachiporra, sos vos”, me dijo con su voz arrabalera. ¡Vaya uno a saber qué me quiso decir! Un amigo me dijo que eso significaba petera. Espero que no.

“Tío, ¿cuál es tu tango favorito?” Pero le importaba más ver a Jésica Cirio treparse al caño y me balbuceó: “No sé. Todos me gustan.”

“Tío, ¿te gusta Adriana Varela?”, y ofendidísimo me dijo: “Esa no canta tango, ladra.”

Ya desganada, sin ganas de ponerle más garra, una última pregunta se me vino a la cabeza:
“Tío, ¿estás seguro que te estás por morir?”

El viejo estaba más cerca del bandoneón que del arpa. No te digo que no dejaba de mirarle el culo a la enfermera que se agachaba a limpiar la comida que Oscar escupía al suelo.

¡Este tiene tango para rato!
Recuperate frate mío, te lo digo por tu bien. Te quiero mucho.

sábado, 13 de junio de 2009

Llamá al 911 o a mi celu

Querido blog:
Hoy me recibí de socorrista.

Tengo un certificado que me habilita a hacerte respiración boca a boca, a abrirte la camisa, poner mis manos en tu pecho y apretártelo 5 cm para abajo. También me habilita a abrazarte por detrás, tocarte el ombligo con mi dedo índice y tirarte hacia mí. Por supuesto que también tengo derecho a romperte el pantalón si tuvieras una lastimadura, y presionarte ese punto en la ingle que te reduce el flujo de la sangre.
¿Sabés qué más puedo hacerte impunemente?
Ponerte en una camilla y atarte, para que te quedes bien quietito. Puedo pasarte las manos por el cuello hasta llegar a tus pómulos y ponerte un cuello cervical. Puedo vendarte entero, empezar con un vendaje circular, pasar a un espiral e inmovilizarte las articulaciones. Lo que mejor me sale es el vendaje recurrente de muñón y ni te digo el de la cabeza. Te la envuelvo con la delicadeza de un viento acariciándote el pelo.
Vas a ver, cuando te agarre, vas a gritar ¡socorro!

sábado, 6 de junio de 2009

Adolfo Urrutia coiffeur.

Con la cabellera larga hasta el aro del corpiño, decidí cambiar el look. “Lo quiero cortito, Adolfo”. “¿Cortito,cómo?”, me retrucó.

Preguntas complicadas si las hay. Sentadita, mirándome al espejo, me entró una duda del tipo existencial. Casi como si me hubieran preguntado: ¿qué pasa cuando nos morimos? ¡Qué sé yo! Tengo miles de respuestas ya resueltas en mi vida. Sé que quiero que me entierren, que quiero entrar a la iglesia con un popurrí de Beatles, que apoyo la legalización del aborto y sé qué diputado votar. Pero, cómo quiero el corte de pelo, no.

“Con onda”, le dije. Esperando que la palabra “onda” fuera una directiva inspiradora. Adolfo me miraba desorientado, dando tijeretazos al aire. Me sentía presionada, y mis rulos cobardes se escondían en sus tirabuzones.
De repente, apareció ella. En un poster, una rubia de rulos y pelo cortito. “Lo quiero como ella, Adolfo.” “Fenómeno”, me dijo y se acometió en su deber, el coiffeur manos de tijera.
Al rato le dije: “Adolfo, mirá que no lo quiero carré, ¿eh? Lo quiero con onda, que los rulos me salten para todos lados.” Y Adolfo siguió meticuloso. Fileteando mis mechones con cuidado, acompañándolos caer hasta el suelo. Delicado. Relojeando el poster.
“¡Listo!¿ Te gusta?”
Pero Adolfo, la puta que le parió. Esto es más carré que el cerdo que compré en Coto. Parezco de ocho años. ¡Una muñeca pepona! ¿Y la onda? Adolfo, haceme el favor, agarrá las cuchillas y meté tijeratezo loco, con furia. Adolfo, ponele corazón. ¡No quedé como la del poster!

Adolfo hizo lo que su corta mentalidad le permitió. Así que llegué a casa, agarré las tijeras y hete aquí este bonito peinado anti- carré.
Jennísima Coiffeur pour la galerié.

sábado, 30 de mayo de 2009

Un cuento de mierda.

Conozco historias de amor que gracias a la mierda se consolidaron y terminaron en casamiento. No son historias propias, por supuesto. Las mías terminan como la mierda, pero ese es otro tema. Sólo voy a contarles una historia con caca.

Me remonto a mi infancia. No al meconio, ni al pañal ni a mi primera constipación. Tuve otro tipo de infancia. Una en donde mi mamá entraba en cólera porque se hartaba de destapar cañerías. O en casa somos de buen comer o tenemos cañerías finitas. Resulta que una vez escucho a mamá gritar: “¡Bastaaaaaaaaaa! ¿pero estas chicas qué cagan? Vengan las dos para acá.” Y fuimos.

El discurso materno decía así: “Yo no voy a seguir sopapeando más inodoros. Sinceramente no sé si son las napas, o el barrio tiene olor a pedo por culpa de esta familia. Ya las cloacas no soportan más. Así que van a tener que enterrar este sorete, porque no va a pasar nunca por la cañería.”

Si, leyeron bien. Repito: “van a tener que enterrar este sorete”.

Edad: 11y 9 años. Coordinamos la maniobra como adultas. Era un tanto riesgosa, pero siempre fui muy estratega y tenía confianza en el plan.

Yo hacía el pozo en el jardín de casa y mi hermana iba a retirar las heces desde las profundidades con una palita amarilla que compramos en San Bernardo, el verano anterior.

Pero algo falló.

Mi hermana logró capturar la primera pieza, corrió por el pasillo tratando de no gotear mucho, llegó al jardín y depositó el regalo en su fosa. Volvió por la segunda pieza, es que la palita era chiquita. Pero el asco la venció y de una arcada desapareció.
Tuve que tomar coraje y sustraer la materia, pero no va que en la corrida ésta se fragmenta. Se rompió, se partió en varias porcioncitas y tomando vida propia se desparraman como canicas. Imaginate si mamá se enteraba, ¡me las hacía comer! Tenía que apurarme, podía aparecer en cualquier momento. Entonces, tomé el doble de coraje y agarré con las mano las “albondiguitas” (me repetía a mi misma), las amontoné en piloncito en la palita, las arrojé a su fosa y las tapé por la eternidad.

Hoy me complace ver esa Santa Rita tan florecida en mi jardín.

martes, 19 de mayo de 2009

Vivita y comiendo

A veces como desnuda.
Desde que vivo sola, tomé nuevos hábitos, tales como el de comer en ropa interior. En ciertas ocasiones me propongo algún almuerzo en topless, pero a decir verdad, desnuda sin bombacha, todavía no. Cuando cocino uso un delantalcito, para que el aceite hirviendo no me queme los pezones ni el pupo (dos rincones que considero primordiales proteger). Pero cuando me siento a la mesa, me lo saco.

Hace un par de meses, entre bocado y bocado, no va que una miguita se me mete por el otro tubito, (anatómicamente sería la faringe y no por el tubo adecuado, o sea el esófago). Empiezo a toser como descocida. Con el torso desnudo y una bombacha desteñida, tomo conciencia del peligro de asfixia inminente que podría llevarme a la muerte sin que nadie pudiera darse cuenta.

Al rato logré dejar de toser, pero no de pensar. Me puse una remera y un pantalón. Destrabé las llaves de la puerta. Si me iba a morir atorada, debía hacerlo vestida y con algún vecino golpeándome la espalda.
Abadoné eso de comer desnuda. Pero no era justo. ¡Tenía que haber otra opción! Esa otra opción era la Cruz Roja, curso de primeros auxilios. Saber las maniobras para desbloquear las vías respiratorias era lo que necesitaba para volver a disfrutar de mis comidas nudistas. En la 3era clase, anotaba con atención cada paso de cómo desatorar al otro, pero nadie me decía cómo salvarme a mí misma. ¿Por qué suponían que no iba a asfixiarme sola y desnuda en mi departamento con un bonobón?
Levanté la mano y lo exigí. Volví a casa contenta. Preparé el simulacro y me rescaté una y mil veces.
Queridos lectores, he vuelto a comer en terlipes.

viernes, 8 de mayo de 2009

Exijo hablar con el sr Michelin.

Pinché goma, pero mal.
Le pedí el auto a mis viejos para ir a una fiesta que quedaba fuera de la guía T y de lo que es peor, de Google maps. Era una noche helada, y cagada de frío me metí sin mirar las ruedas. Aunque estuviera cagada de calor, tampoco las hubiera mirado. Arranqué y fui a cargar diesel, “nafta no, porque el auto se rompe”, me explica papá como si fuera una infradotada.
El hombre que me surte (hombre que me encanta por default), se percata del estado de mi rueda. “Flaca, pinchaste”. “Uy” le digo con voz de vedette bebota, “¿me ayudás?, mirá como estoy vestida”. “Te la puedo inflar, pero no cambiar”, me dice mientras se limpia las manos en un trapo más sucio que mi mente, que decodifica eso como algo sensual. “Te pongo un poco más”, se refirió al aire, me puso 33, siempre le pongo 3o. “Gracias, me salvaste, ahora voy a buscar un gomero”, mientras le daba una propina no equivalente a su buena voluntad. Arranco de nuevo. Despacito por el carril de los lelos, por la avenida Irigoyenista del sur. Voy pispeando gomería. La hallo y le subo el auto.
Pensamiento suelto: Las modernas gomerías, estilo shopping con cafetería, no abren las 24 hs.
“Pinché la delantera derecha,” le dije como un igual.
El gomero hace lo suyo, mete la rueda en la bañadera y me dice: “Che, mujer pelotuda que no sabe manejar y anda haciendo mierda las ruedas del auto y seguramente todo lo que encuentra por delante”. No mentira, pero seguro que lo pensó. Me dice: “Flaca, ¿anduviste cordoneando? Hiciste mierda la rueda, casi que no sirve.” Miro la rueda y parecía las fuentes danzantes de Mardel, era un colador.
¡9 parches de 20 p cada uno!
Dejé de comportarme con un mecánico lésbico y pasé a la dulce damisela que siempre soñó con estar en el poster de su pared.
¡Necesitaba un descuento! No había llegado a la fiesta, y ¡ya me estaban rompiendo el culo!
Pero nada, lo único que logré fue un recibo que no dijera "X no válido como factura".
Arranqué por tercera vez, con el ego y la billetera vacía y me fui a esa fiesta, que ni se de quién era.

jueves, 30 de abril de 2009

Madre, me he vuelto ordinaria

Fui educada en un colegio inglés de altisísima alcurnia lomense. Me enseñaron las artes de la jardinería en miniatura sobre oasis en remojo desde la noche anterior, deportes blancos como el cricket y deportes olímpicos como jabalina, salto en alto y largo, bala, disco y otros. Para enriquecer mi círculo social, recibí de intercambio al estudiantado pupilo europeo de la escuela homónima.
Pero al salir del colegio, fui descubriendo el sabor de la puteada porque sí. Sin razón alguna, sin excusa, sin justificación, la repentina inclusión de una guarrada en la mínima frase. Más que una puteada, hablo de esa wasada bien wasa, que me enajena de toda educación privilegiada.
Te lo ejemplifico:
Escribirle por msn a un chico que recién conocés: “Che, ¿tas tipeando con la chota?”
O decir que mi segundo nombre es "Latengo" y el tercero "Delicada".
En una primera cita me pasó que el galán confesó ser homofobófico, a lo cual le respondí con cizaña que papá era gay. El galán superado, me respondió: "no me importa, mientras no sea mi suegro". Obligandome a reicindir en la actitud picanera con un: "te debería importar si te quiere tirar la goma".
Hace poco le pregunté a mi jefe si es acoso sexual que el jefe te toque el cuello. Pero después rematé: "Digo, el cuello del útero".
Me sale como un suspiro, como el dióxido de carbono cuando exhalo. "¿Tenés frio? acercate que la tengo calentita", le dije sin pudor al chico que entró ayer al laburo.
Últimamente me dicen que soy de terror, que tengo que filtrar lo que digo. Me acuerdo de mi viejo cuando me amenazaba con lavarme la boca con jabón cuando decía culo. A lo que hoy le respondería: "viejo, lavámela con champú."
Toda una educación desperdiciada. I am really sorry.

viernes, 17 de abril de 2009

¿Te pido un Turno?

Abandoné el trabajo un mediodía, no aguantaba más, me picaba hasta el alma.

Fui a la guardia de una clínica cerca, sin saber si acercarme al mostrador con timidez o con esa prepotencia típica de las pacientes que van a la guardia porque lo de ellas es muy urgente como para pedir un turno que te dan para dentro de 3 semanas. En fin, dado el síntoma, fui tímida, no daba para entrar cacareando. Casi susurrando,pregunté por la guardia ginecológica.
Es que hay una diferencia entre ir a tu ginecóloga e ir a una guardia ginecológica. La guardia me suena a aborto mal hecho o a objeto que te metiste y no te pudiste sacar.
Mientras esperaba sentandita cruzando las piernas para un lado y para el otro, porque ya me picaba más allá del alma, me acordé de aquellos mitos: el de la pobre chica que se metió una salchicha congelada, el de la monjita que se metió la botella de coca; y de mi ginecóloga que un mes atrás me dio unos ovulitos porque esa urticaria no era "nada".
-“Banfrula, -gritó una doctora- pasá al consultorio 4". (Al rato)-“Ay pero nena, con razón te pica tanto.”
Me sentí como alguien que nunca pasó por una videteada en su vida.
Salí llorando de la clínica, tratando de entender ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿quién? Mi último affaire había sido 2 meses atrás con un chico bien, uno que parecía sanito, lo conocí en Miami, fijate vos. Casi que fue como cogerse a Mickey.
Mi prima: ahhh, no te preocupes, yo también lo tuve, en dos sesiones de ácido se te va.
Mi cosmetóloga: ponete yogurt natural y se te cura solito.
Mamá: tu ginecóloga es una boluda, te voy a pedir turno con la mía. Y después vemos de hacerle juicio por mala praxis a esa imbécil.
Ginecóloga de mamá: ¿Tenés pareja? Este es un tratamiento para los dos.
Llamo a quien nunca fue mi pareja: Disculpá que te llame, pero tendrías que hacerte una penescopía.
Quien nunca fue mi pareja: Qué raro, mi novia fue a la ginecóloga hace poco y está bárbara. Quizás tengas que rastrear por otros lados. ¡Jaja!
Yo: Jjajaj, bueno, ojalá que se te caiga el pene (lo pensé, no se lo dije).
Ginecóloga de mamá: Vamos a empezar, te doy una inyección en la zona, después un cortecito para sacarte una muestrita y unas varias sesiones de ácido para que se te caiga la piel. Esto va a tomar tiempo, pero te vamos a curar toda. ¡Naaaancy!
Entra Nancy, secretaria de ginecóloga de mamá.
Ginecóloga de mamá: Nancy, ¿le sostenés los labios que necesito más manos?
Nancy descuelga el teléfono y se siente Doctora Queen. Se asoma y mira en detalle mi situación, como si fuera experta ginecóloga. Se pone los guantes e interviene -“Ay, te pica bocha,¿no? Lo debés querer matar a tu novio.”
Ginecóloga de mamá: listo, no cierres las piernitas por 10 minutos. Nos vemos la semana que viene.
Hermana menor me viene a buscar con el auto: ¿Cómo se contagia eso? ¿No te cuidaste? ¡Pensé que eras virgen!
5 meses después me curé.
Al año llamo a Nancy, para un turno de control.
Yo: Hola Nancy, soy Jennísima, quisiera pedirte un turno.
Nancy, como si no me conociera en lo más mínimo: ¿Ya te atendiste con la doctora o es tu primera vez?
Y me sentí como cuando un chico con el que intimaste pasara de largo sin saludarte. “¡Nancy, eso no se hace!”

lunes, 13 de abril de 2009

Punto y coma, el que no se escondió se embroma.

Tuve el casamiento de una amiga de la familia. Ergo, toda la familia incluida en el bailongo. Fui con una única consigna en mente: mantenerme lejos del baile padre-madre-hija, de esa danza multi género de autoflagelación, pero que tanto orgullo le da a mi progenitor.
Ballet de 6 pasos:
Paso1 El padre toma de la mano a su señor esposa.
Paso 2 El padre toma, con su mano libre, la mano de su hija.
Paso 3 Los tres integrantes del ensamble se mueven en sus lugares, cambiando el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aligerando la cadera de izquiera a derecha.
Paso 4 El padre toma la iniciativa haciendo girar a sus compañeras en perfecta métrica e isometría ad infinitum de la cancionum .
Paso 5 Cambio de dirección del giro de las muchachas.
Paso 6 Al final de la canción, el padre saluda con un beso en la mejilla a ambas bailarinas.
Por la gracia del señor, o de los novios, la disposición de la mesa me favoreció. Estaba lo suficientemente lejos de la mesa de mi viejos y sus amigos como para meterme en el escote las 10 papas noisettes frías sin tener un mínimo pudor.
La fiesta fue intitulada, luego de lo que asumo fue la segunda copa de vino, fiesta profiláctica, porque todos eran unos forros. Típica fiesta de rugbier que en algún momento siente la insaciable necesidad de agolparse y hacer scrum. En fin, en consecuencia, bailé con otras mujeres solteras, como corresponde, hasta que llegó la piara invitada después de las 2.
El pendejo de primer año, de cuando yo estaba en quinto, entró con sus ojos celestes. Tres palabras, un beso en el cachete y me lo llevé como se lleva un trago recién servido de la barra hacia un escondite, a algún punto ciego de familiares y amigos: es decir, hasta la cocina del salón.
Digamos que casi me llenan la cocina de humo, sino fuera por los 8 mozos que empezaron a aplaudir y me hicieron entrar en razón, si es que me quedara alguna a las 4 de la mañana, luego de un vaso de vino que nunca, nunca (gracias al mozo) llegó a vaciarse, 2 gintonics y sorbos robados de tragos ajenos.
¡Qué cosa che! Soy más que grande como para hacer lo que quiera con mi vida, pero parece que demasiado como para esconderme de mis viejos en una cocina con puerta vaivén con un pendejo que me decía "pendeja, te doy" entre beso y beso.
Mi último fiasco, lo prometo.

lunes, 23 de marzo de 2009

¿Cada cuánto está bien cambiar las sábanas?

Tuve un vecino, pero cómo desearía escribir “Tengo”. Bueno, este vecino no había existido para mí, hasta el día en que fui a devolverle el depósito de alquiler. Mi padre, dueño y señor de aquel departamento, me encargó entrar en contacto con Michael Woods, an english man who was renting the appartment, en el mismo edificio en donde vivo yo. En un breve intercambio de mails y de teléfonos, acordamos fecha y un horario tentativo. Llegado el momento, me pongo las ojotas, agarro la plata y el tomo el ascensor. Golpeo el 3°M y digo: “Mr. Michael, it´s me, Jennifer”. Mr. Michael abre la puerta. (Acá debería terminar mi relato sólo para que sientan el paro cerebro vascular que viví al ver a Mr Michael. Pero sigo.)
Jelou, me dijo. Y yo vi dos metros de negro, hermoso, rapado, enorme, musculoso pero estilizado, un adonis, una escultura griega tallado a mano sobre mármol negro.
Jelou, le respondí, jau ar iu? Me invitó a pasar. Apenas accedí. Tres pasos y ochenta y cuatro respiraciones.
Estiré el brazo para darle la plata, porque era lo único que tenía en la mano, mas no lo único que tenía para darle. Me habló de zarazas y de que no quería volverse a Inglaterra por el “bloody weather”. “Uat a piti!”, le dije un par de veces, mientras lo miraba con devoción. “Qué tengas un buen viaje, bai bai.” Cerró la puerta. Abrió todas mis ganas.

AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH! ¿Qué onda loco? ¿De dónde salió? ¡Se va mañana! ¡Es un negro espléndido! ¡Soy un naba con un solerito verde sin corpiño y ojotas! Vuelvo a mi departamento, cinco pisos arriba de él, con una taquicardia del carajo. ¿Lo invito a salir? ¿Quedo muy puta? Jai Michael, ¿wanna faq? No, no soy así, tengo pecas y rulitos.
Mejor me ducho, pienso con más claridad.
Más relajada, se me ocurre chequear el celu. Tengo un mensaje: "Hi Jenny, ¿querés que vaya a tu departamento o venís al mío? Michael”.
¿Qué?????? ¿Tan obvia fui? El tipo me está invitando sin preámbulos ni café. ¿Qué hago? Ni me cambio, ¿bajo envuelta en la toalla? Bah, en realidad me ofende un poco que sea tan directo, que de por supuesto que quiero algo con él. Pero también me facilita el trámite. Él tiene tantas ganas como yo.
Leí el mensaje dos o tres veces más, era de no creer. La cuarta vez que lo leo, miro un detalle: el horario.
¡Podés creer que el mensaje me lo había mandado 4 horas antes! ¡No quería estar conmigo, quería su plata! Y yo, envuelta en mi toalla, sintiéndome esa planta de perejil que me miraba desde la ventana.
Igual, la decisión ya estaba tomada. Me vestí muy casual, pero cool. Bajé, toqué timbre y lo invité a salir. Él me dijo: “Hoy es mi última noche y voy a salir con mi primo a las cañitas. Muchas gracias por la invitación”. Cerró la puerta. Cerró mi ilusión.
¿El título? Mi viejo me contó que Michael cambió las sábanas todos los días, y yo pensaba: “claro, si se la pasó garchando. Yo también le hubiera pedido que cambié las sábanas.”

jueves, 19 de marzo de 2009

Mis dendritas calentonas

La lectura erótica me deja más susceptible, digamos disponible, o predispuesta que una foto de una buena tararira, un video de orongas multipresenciales o una avalancha de piropos. Hoy me encontré con un blog que me dejó las cejas de punta, las pupilas dilatas, las uñas latiendo, el páncreas espástico y la boca arenosa. A lo que me puse a reflexionar, que debo tener una neurona que si me la frotás bien frotada con un textito de esos, en un Word o una servilleta, te ahorrás la nafta, la entrada, el plato principal, el susurro, el bombón, las flores, la puerta abierta y el recorrido dactilar errante.
Entonces: papel, lápiz y final feliz.

lunes, 2 de marzo de 2009

Busco clavo que saque a otro.

Si fuera tan fácil como ir a la ferretería.
Señor busco un clavo, uno fuerte, para que no se doble con el primer golpe. Largo, que no se oxide. Esos, de cabeza grande, fácil de embocar con el martillo. Nada más feo que machucarse un dedo.
Señor, ¿me entiende? Busco un clavo que sea divertido de chupar. Un clavo que hunda a todos los otros clavos.
Necesito un clavo desesperadamente, porque la estantería se me está cayendo. ¡Se me está desmoronando todo!
¿Tiene un clavo como el que necesito? Más a o menos así (haciendo un ademán con mi dedo gordo e índice).
¡Eso es! Gracias. ¿Cuánto le debo? Aquí tiene.
(Antes de irme) Señor, ¿no tendrá el tornillo que me falta?

viernes, 27 de febrero de 2009

¿Aprendemos de nuestros errores?

Voy a empezar a pegar papelitos, de esos amarillos que digan “Piedra”, “Mierda”, “Boludo”. Será culpa de eso que llamamos esperanza, que sigo tomando el mismo camino, el del error. Con esa mirada positiva de libro de autoayuda y la convicción de que “esta vez va a ser distinto”, caigo y recaigo exponencialmente en las mismas experiencias maléficas y frustrantes, como si fuera la primera vez.

De no ser el exceso de esperanza el problema, quizás lo sea la mala señalética del camino, que espero revertir pegando papelitos para recordar que esto ya lo hice, ya lo viví y salió como el culo. Para lograr el efecto: "¡mamerta, no vuelvas a hacerlo!".

Me viene a la cabeza el caso de “tortú”. Mi tortuga no dejaba de pasarse a lo del vecino, donde la atacaba el perro salchicha una y otra vez. Como si no tuviera instinto de supervivencia, ella cometía el mismo error incansablemente, perdiendo su diginidad, sangre y escamas. Mi vecina me la pasaba por la ventana boca arriba, con el comentario: “fijate, no sé si está viva. No logro verle las patitas ni la cabeza”.

En fin, ¿estaré perdiendo mi instinto de supervivencia? ¿Me estaré volviendo tortuga?