Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 14 de enero de 2009

Bulimia de cartas de amor

Mi impulso, casi ya un reflejo natural, es enviar mails, cartas de amor a destinatarios fantasmas de mi lista de contactos. Abrir la casilla, es como abrir la heladera y buscar esos nombres que una vez titilaban en mi msn y que ya no aparecen. Dedicarles mi ansiedad con cualquier frase, con la esperaza de reavivar relaciones truncas. Mails desfibrilantes, con efecto a respiración boca a boca. Una verborrágea desenfrenada que necesita plasmarse y llegar a alguien. Es lo más cercano a vomitar sentimientos, pero por desgracia siempre a las personas equivocadas.

lunes, 12 de enero de 2009

Se acabó la fiesta en la Línea D

Cada vez son más son la mujeres que se quejan ante la nueva señalética subterránea. Pasajeros de ambos sexos recriminan la censura de un acto tan natural como la apoyada en el transporte público. "Es una de las cosas más lindas que te pueden pasar en el camino al trabajo", dice Camila, directora de cuentas de una empresa internacional.

jueves, 8 de enero de 2009

El próximo puede ser todavía mejor.

Hoy lo ví pasar. No me registró. Pasó y pensé: "Éste es el mío", pero aceleró y se me hizo difícil reaccionar a tiempo. Miré el semáforo de la esquina que venía verde hace tiempo. Cerré los ojos y repetí cual embruje: "rojo, rojo,rojo, vamos, rojo". Mientras me acercaba a él, lo decía más fuerte y los hombres que estaban abriendo la casa de camping me miraron. "Rojo, rojo, rojo". ¡Sí! se puso rojo y lo corrí. Me agarré de la baranda y le golpeé la ventana. Pero sin intención de frenar, se entregó a la inercia de una tercera que tenía más ganas de pasar a cuarta que a segunda. "¡Pero flaco, está en rojo! ¡Frená, la concha de la lora!", le grité. Y cruzó Bartolomé Mitre nomás, y me quedé en la esquina pensando un frustrado: "Pero si éste era el mío."
Volví a la parada. Quién sabe cuánto tenía que esperar. Yo quería a ese, me dejaba perfecto. Pero al toque, lo vi aparecer, doblando resplandeciente la esquina. Subí mirando los escalones y el chofer me estaba dando la bienvenida con la máquina en 0,90. Le dije " buen día" y me devolvió el saludo matutino.
Al final del recorrido eramos sólo los dos. "¿Dónde bajás?", tuvo la delicadeza de preguntarme. "En la próxima", le dije. "¿Te gusta acá?" repreguntó casi descaradamente. "Sí, perfecto". Y me bajé sonriente.
Qué bueno que el otro me dejó plantada, porque este era mucho mejor.
Dedicado al 102 que me levantó a las 8:49.

miércoles, 7 de enero de 2009

Adjetivo patentado -


Así fea como dice, estoy segura que de vez en cuando la tocan por atrás.