Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 30 de abril de 2009

Madre, me he vuelto ordinaria

Fui educada en un colegio inglés de altisísima alcurnia lomense. Me enseñaron las artes de la jardinería en miniatura sobre oasis en remojo desde la noche anterior, deportes blancos como el cricket y deportes olímpicos como jabalina, salto en alto y largo, bala, disco y otros. Para enriquecer mi círculo social, recibí de intercambio al estudiantado pupilo europeo de la escuela homónima.
Pero al salir del colegio, fui descubriendo el sabor de la puteada porque sí. Sin razón alguna, sin excusa, sin justificación, la repentina inclusión de una guarrada en la mínima frase. Más que una puteada, hablo de esa wasada bien wasa, que me enajena de toda educación privilegiada.
Te lo ejemplifico:
Escribirle por msn a un chico que recién conocés: “Che, ¿tas tipeando con la chota?”
O decir que mi segundo nombre es "Latengo" y el tercero "Delicada".
En una primera cita me pasó que el galán confesó ser homofobófico, a lo cual le respondí con cizaña que papá era gay. El galán superado, me respondió: "no me importa, mientras no sea mi suegro". Obligandome a reicindir en la actitud picanera con un: "te debería importar si te quiere tirar la goma".
Hace poco le pregunté a mi jefe si es acoso sexual que el jefe te toque el cuello. Pero después rematé: "Digo, el cuello del útero".
Me sale como un suspiro, como el dióxido de carbono cuando exhalo. "¿Tenés frio? acercate que la tengo calentita", le dije sin pudor al chico que entró ayer al laburo.
Últimamente me dicen que soy de terror, que tengo que filtrar lo que digo. Me acuerdo de mi viejo cuando me amenazaba con lavarme la boca con jabón cuando decía culo. A lo que hoy le respondería: "viejo, lavámela con champú."
Toda una educación desperdiciada. I am really sorry.

viernes, 17 de abril de 2009

¿Te pido un Turno?

Abandoné el trabajo un mediodía, no aguantaba más, me picaba hasta el alma.

Fui a la guardia de una clínica cerca, sin saber si acercarme al mostrador con timidez o con esa prepotencia típica de las pacientes que van a la guardia porque lo de ellas es muy urgente como para pedir un turno que te dan para dentro de 3 semanas. En fin, dado el síntoma, fui tímida, no daba para entrar cacareando. Casi susurrando,pregunté por la guardia ginecológica.
Es que hay una diferencia entre ir a tu ginecóloga e ir a una guardia ginecológica. La guardia me suena a aborto mal hecho o a objeto que te metiste y no te pudiste sacar.
Mientras esperaba sentandita cruzando las piernas para un lado y para el otro, porque ya me picaba más allá del alma, me acordé de aquellos mitos: el de la pobre chica que se metió una salchicha congelada, el de la monjita que se metió la botella de coca; y de mi ginecóloga que un mes atrás me dio unos ovulitos porque esa urticaria no era "nada".
-“Banfrula, -gritó una doctora- pasá al consultorio 4". (Al rato)-“Ay pero nena, con razón te pica tanto.”
Me sentí como alguien que nunca pasó por una videteada en su vida.
Salí llorando de la clínica, tratando de entender ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿quién? Mi último affaire había sido 2 meses atrás con un chico bien, uno que parecía sanito, lo conocí en Miami, fijate vos. Casi que fue como cogerse a Mickey.
Mi prima: ahhh, no te preocupes, yo también lo tuve, en dos sesiones de ácido se te va.
Mi cosmetóloga: ponete yogurt natural y se te cura solito.
Mamá: tu ginecóloga es una boluda, te voy a pedir turno con la mía. Y después vemos de hacerle juicio por mala praxis a esa imbécil.
Ginecóloga de mamá: ¿Tenés pareja? Este es un tratamiento para los dos.
Llamo a quien nunca fue mi pareja: Disculpá que te llame, pero tendrías que hacerte una penescopía.
Quien nunca fue mi pareja: Qué raro, mi novia fue a la ginecóloga hace poco y está bárbara. Quizás tengas que rastrear por otros lados. ¡Jaja!
Yo: Jjajaj, bueno, ojalá que se te caiga el pene (lo pensé, no se lo dije).
Ginecóloga de mamá: Vamos a empezar, te doy una inyección en la zona, después un cortecito para sacarte una muestrita y unas varias sesiones de ácido para que se te caiga la piel. Esto va a tomar tiempo, pero te vamos a curar toda. ¡Naaaancy!
Entra Nancy, secretaria de ginecóloga de mamá.
Ginecóloga de mamá: Nancy, ¿le sostenés los labios que necesito más manos?
Nancy descuelga el teléfono y se siente Doctora Queen. Se asoma y mira en detalle mi situación, como si fuera experta ginecóloga. Se pone los guantes e interviene -“Ay, te pica bocha,¿no? Lo debés querer matar a tu novio.”
Ginecóloga de mamá: listo, no cierres las piernitas por 10 minutos. Nos vemos la semana que viene.
Hermana menor me viene a buscar con el auto: ¿Cómo se contagia eso? ¿No te cuidaste? ¡Pensé que eras virgen!
5 meses después me curé.
Al año llamo a Nancy, para un turno de control.
Yo: Hola Nancy, soy Jennísima, quisiera pedirte un turno.
Nancy, como si no me conociera en lo más mínimo: ¿Ya te atendiste con la doctora o es tu primera vez?
Y me sentí como cuando un chico con el que intimaste pasara de largo sin saludarte. “¡Nancy, eso no se hace!”

lunes, 13 de abril de 2009

Punto y coma, el que no se escondió se embroma.

Tuve el casamiento de una amiga de la familia. Ergo, toda la familia incluida en el bailongo. Fui con una única consigna en mente: mantenerme lejos del baile padre-madre-hija, de esa danza multi género de autoflagelación, pero que tanto orgullo le da a mi progenitor.
Ballet de 6 pasos:
Paso1 El padre toma de la mano a su señor esposa.
Paso 2 El padre toma, con su mano libre, la mano de su hija.
Paso 3 Los tres integrantes del ensamble se mueven en sus lugares, cambiando el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aligerando la cadera de izquiera a derecha.
Paso 4 El padre toma la iniciativa haciendo girar a sus compañeras en perfecta métrica e isometría ad infinitum de la cancionum .
Paso 5 Cambio de dirección del giro de las muchachas.
Paso 6 Al final de la canción, el padre saluda con un beso en la mejilla a ambas bailarinas.
Por la gracia del señor, o de los novios, la disposición de la mesa me favoreció. Estaba lo suficientemente lejos de la mesa de mi viejos y sus amigos como para meterme en el escote las 10 papas noisettes frías sin tener un mínimo pudor.
La fiesta fue intitulada, luego de lo que asumo fue la segunda copa de vino, fiesta profiláctica, porque todos eran unos forros. Típica fiesta de rugbier que en algún momento siente la insaciable necesidad de agolparse y hacer scrum. En fin, en consecuencia, bailé con otras mujeres solteras, como corresponde, hasta que llegó la piara invitada después de las 2.
El pendejo de primer año, de cuando yo estaba en quinto, entró con sus ojos celestes. Tres palabras, un beso en el cachete y me lo llevé como se lleva un trago recién servido de la barra hacia un escondite, a algún punto ciego de familiares y amigos: es decir, hasta la cocina del salón.
Digamos que casi me llenan la cocina de humo, sino fuera por los 8 mozos que empezaron a aplaudir y me hicieron entrar en razón, si es que me quedara alguna a las 4 de la mañana, luego de un vaso de vino que nunca, nunca (gracias al mozo) llegó a vaciarse, 2 gintonics y sorbos robados de tragos ajenos.
¡Qué cosa che! Soy más que grande como para hacer lo que quiera con mi vida, pero parece que demasiado como para esconderme de mis viejos en una cocina con puerta vaivén con un pendejo que me decía "pendeja, te doy" entre beso y beso.
Mi último fiasco, lo prometo.