Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

domingo, 21 de junio de 2009

Un funeral por adelantado

A veces cuando la muerte viene merodeando largo y tendido, es mejor dar por muerto.

El pobre Tío Bernardo anda en esas. Casi se muere el día de mi cumpleaños el año pasado. Pero repuntó, y no te digo que este año también me está amagando.

“Tendrías que ir a despedirte del Tío”, me dijo mi Sr. Padre. “¿Pero, justo hoy que es mi cumple?”, exclamé rezongando, mientras apilaba los sanguchitos de miga. “Bueno, yo te estoy avisando. Con vos no se puede hablar. Te enojas de nada,” me reclamó. "En la semana voy. Que aguante un par de días más”, le dije y me robé un chisito.

En la semana, el celular me avisó: Despedir a Tío Bernardo.

Allá fui. Antes de llegar al geriátrico, pasé por la casa de la quiniela y jugué unos numeritos. El Tío siempre fue burrero, jugador y cantante de tango. Ganó en “Grandes valores del tango”, cuando Silvia Suller era secretaria. Sentí que eso podía revitalizarlo, darle ganas de llegar a ver los resultados del día siguiente.

Entré al asilo con el mismo entusiasmo que le pongo un lunes a la mañana para ir a laburar. “Hola, buenas tardes”, le dije a las ancianas mientras buscaba la habitación de mi Tío. “¿Vos, la conocés?”, escuché que le decía una vieja a la otra. “No”, respondió la octogenaria. “Entonces, ¿para qué saluda?”, remató la simpática ancianita.

En fin, llegué a la habitación 284.

“¡Hoooola Tíiiiiiiiiiio!”, entré eufórica como si me hubiera aspirado un metro de tiza. Había que transmitirle vida al cuarto. ¡Esa pobre gente estaba en las últimas! Pero para mi sorpresa, el tío estaba viendo Tinelli, y una enfermera le decía al viejo de la cama contigua: “Oscar, no escupa la comida, ¡por favor!”.

“¿Quién sos?”, me preguntó. “Soy yo, Jennísima. Tu sobrina nieta. La nieta de Anita. ¿Cómo estás?” “¿No me ves?”, me contestó.

“Tío, te traje unos numeritos. Mirá si mañana somos millonarios”. Miró el cartón y refunfuñó un “¡Jugaste todos números bajos!”. “Bueeeeno, Tío. Jugué a los cumpleaños”. “No sirve. Quedátelo”, y me lo devolvió. Puta, che. ¿Vos no estabas moribundo?

“Tío, ¿sabés que me recibí? Ya soy licenciada”. “Licenciada en cachiporra, sos vos”, me dijo con su voz arrabalera. ¡Vaya uno a saber qué me quiso decir! Un amigo me dijo que eso significaba petera. Espero que no.

“Tío, ¿cuál es tu tango favorito?” Pero le importaba más ver a Jésica Cirio treparse al caño y me balbuceó: “No sé. Todos me gustan.”

“Tío, ¿te gusta Adriana Varela?”, y ofendidísimo me dijo: “Esa no canta tango, ladra.”

Ya desganada, sin ganas de ponerle más garra, una última pregunta se me vino a la cabeza:
“Tío, ¿estás seguro que te estás por morir?”

El viejo estaba más cerca del bandoneón que del arpa. No te digo que no dejaba de mirarle el culo a la enfermera que se agachaba a limpiar la comida que Oscar escupía al suelo.

¡Este tiene tango para rato!
Recuperate frate mío, te lo digo por tu bien. Te quiero mucho.

13 comentarios:

Quiero ser una mantenida dijo...

Los viejos se ponen re jodidos. No se en que momentos dejan de ponerle onda, cuando mi abuela estaba mal al final, no queria hacer nada, ni conversar, ni mirar tele, ni dibujar, ni nada de lo que le proponia.
Lo unico que puedo sacar en limpio es que no quiero llegar a vieja, no me cabe la ancianitud.

Anit! dijo...

Imagino que éste no será el tío para la tía Quequé porque le odio!
Yo tampoco quiero llegar a vieja... ¡Vengo de familia longeva!

Jes dijo...

Pienso en la enfermera... no termino de entender si son gerontefílicas o en realidad los odian y están buscando el momento de envenenarlos, porque no les deben pagar tan bien, pienso... Los geriátricos no dejan de causarme una contradictoria sensación: asco por el olor a pis y talco, y excesiva tentación pues algunos viejos son dignos de la calle Corrientes. El tío Bernardo, un grosso. Y diría que con cachiporra quiso decir ratí, porque lo fuiste a controlar mientras intentaba darse uno de sus últimos masajes intimos inspirado en Jesica Cirio y su culo.

Grandioso!

PetaloPow dijo...

Suerte que te dijo Licenciada en cachiporra y no Licenciada en pito de poli (ay me puse coloraá!)

F.G. Pole Dance dijo...

Que Dior le mantenga la salud y el humor!
Y ganó algun numero? Nunca supe jugar a la quiniela, soy un zafio (safio?)

G. dijo...

Definitivamente Jennísima, ser licenciada en cachiporra significa petear a lo grande en la jerga de barrio, hija mía!

Buena y larga vida al tío Bernie.

eterno sindrome pre menstrual dijo...

Te lo juro... te lo digo con una mano en el corazón
YO NO QUIERO LLEGAR A VIEJA

VOY A DAR MIEDO

Así nomás

jaja
beso
v

¡Jotapé! dijo...

Escuchame, si tu tío te dice petera ¿qué te dicen cuando pasás por una obra en construcción?

Muy fuerte che, los veteranos cuando se ponen impunes.

Divertido tu blog, un beso.

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

¡Pero si hay viejos lindos, che!

Concuerdo en no llegar a vieja chota, pero si nadie quiere llegar a ser anciano, no va a haber abuelos. ¿Quién nos va a llevar a la calesita? ¿quién nos va a comprar paraguitas? ¿Quién nos va a decir petera?

jotapé, cuando paso por la construcción, los dejo sin habla ;)

Alejandro dijo...

HOla Jenny!! Muy lndo tu blog

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

Quedaban un par de compases no más.
Q.E.P.D 5 de julio 2009

Las Prada dijo...

jajaj que copado tu blog jenny!
me rei un rato! un besote Celes!

breins dijo...

Genial. Muchas imágenes. Muy bueno.