Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 30 de julio de 2009

Cómo dejarme.

Roberto, si me vas a dejar, dejame bien.
Dejame llorando. Dejame desvanecida, medio desmayada.
Tirame de un taxi en máxima velocidad, abandoname en una villa.
Cortame la cara con una gillete oxidada y dejame los dos ojos en compota.
Robame la billetera y obligame a prostituirme por un viaje en colectivo a Congreso.
Si me vas a dejar, sacame los zapatos, correme la medias y desgarrame la remera. Arrastrame de los pelos, acribillame con gargajos y arrancame las pestañas.
Reíte y gritame: "¡te dejo boluda!"
Si me vas a dejar, hacelo memorable, un gran espectáculo de Broadway, una clase magistral del desecho humano.
Pero Roberto, llamarme por teléfono un domingo y decirme: “perdoname, pero tus tiempos no me hacen sentir cómodo”, eso sí que no lo puedo aceptar.

viernes, 24 de julio de 2009

¿Y vos de dónde sos?

Confirmado: las mujeres son de venus, los hombres de marte. Jennísima es de saturno.

sábado, 18 de julio de 2009

Libros mutantes

Había una mujer que juzgaba a los otros por los libros que leían.
Ella andaba por la vida con un carrito, llevando sus diez libros favoritos. Los que consideraba que eran representativos de su pensar, actuar y sentir. Los había elegido de su biblioteca con cautela y exagerado raciocinio. Y así iba ella, jactanciosa con su literatura a cuestas, relojeando los libros ajenos, aprobando o repudiando.
Un día se encontró con un hombre de unos libros horribles (no sabría decir si era peor que encontrarse con una persona sin libros).
Este hombre se vio increpado por aquella soberbia y la hizo detener. Anteponiendo su carrito cultural, ella se escudó con sus tapas duras y escritores rusos (porque son lo más pesados). Pero él, agarró de a uno esos libros y les arrancó las hojas hasta vaciarlos. Luego hizo lo mismo con los suyos. Tomo todos los papeles, los mezcló y los puso aleatoriamente en distinta tapas. Los devolvió apilados en sus respectivos carritos y dijo: “ahora sí, me estaban rogando mezclarse con los míos. Miré qué felices están.”
Y ambos se marcharon con sus libros arrebatados y exaltados.
Ella llegó a su casa y guardó aquel engendro bibliográfico en un estante nuevo. Y al rato… arrancó las hojas de todos sus libros, manuales, enciclopedias y diarios para mezclarlas bajo nuevos títulos.
Ahora hay una mujer, que tiene muchísimos libros sin sentido. O mejor dicho, una mujer que le dio un nuevo sentido a sus libros.

viernes, 10 de julio de 2009

Hoy me desayuné con un nuevo grano.

Odilon Redon. The Egg 1885
Ojalá hubiera tenido una iluminación
y mi blog les hubiera cambiado la vida.
Pero no. Nada de Zaratrustas, Siddharthas, ni nada.
Mañana voy a desayunar con zucaritas.

martes, 7 de julio de 2009

Aliento, no faltó.

Cuando en la tormenta de besos no se puede identificar quién es el del mal aliento.
Siempre hay en el pasado, algún caso que ha marcado jurisprudencia y nos sensibiliza cuando nos acercamos a una situación similar.
El caso que me marcó: no sé si era el pucho más el fasso y el ferné, un ritual que él practicaba antes de vernos, lo que hacia que tuviera un aliento tan feo. Besarlo era como estar en una cámara de gas. Desde entonces un beso hediondo es un piano de cola que se me cae encima.

Era otra noche, con otro caballero. Nos besábamos arrebatadamente hasta que el piano empezó a sonar. Ese pastiche de salivas ya no me erotizaba y entre chupón y chupón no me animaba a respirar.

Pedí un intervalo y fui al baño. ¡Necesitaba oxígeno, estaba amniótica! Dentro de la sala de baño, hice el auto-test del aliento. Ese de exhalar a la mano y respirar al instante. Pero nunca, nunca me funcionó. Nunca huelo nada y no me la voy jugar, en mi propio blog, de hipócrita con el aliento a Sugus perenne. Entonces, apliqué un test más avanzado, el auto - chupón en el brazo. Mientras me besaba la parte interior del codo con entregada pasión y saliva, me encontré con la muy posible posibilidad de que era yo; que mis besos eran los rancios.
El piano se oyó caer. ¡Pum!
Entonces el intervalo se transformó en el final de la función y me marché con mis purulentos labios a comprar un nuevo aliento.

lunes, 6 de julio de 2009

La última curda, Tío

"Lastima, bandoneón,
mi corazón
tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron
me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva."


Hoy acá estamos un poco tristes, pero vos ¡divertite Tío!,
que en el cielo hay timba de ángeles
pebetas que te sacan a bailar hasta pulir las nubes
y todo tiene firulete.

Ya que estás ahí arriba, mirame de tanto en tanto y cantame cómo viene a la cosa
y si te enterás de un numerito, chiflámelo en el sueño que así le juego.

¿Querés que te tire la posta? Seguro que ya te estás chamuyando a otra recién llegada, y te invitaron los muchachos a cantarte algo. ¿Te viste con el Polaco? ¿Y con Gardel? Preguntale si era uruguayo o argentino.

¿Ya los viste a mis abuelos? A que Sidney te dio linda bienvenida. Te suplico que no te pelees con tus hermanos. Tomatelo con soda, Tío.

Imagino que habrás dejado de tartamudear. Jaa. ¿Recuperaste la pinta de cuando tenías 40? ¡Qué pintuza!

Te pido que no me contestes esta carta, porque me voy a pegar un julepe bárbaro. Hacelo con disimulo.

Te quiero mucho. Gracias por tuti, incluido lo de licenciada en cachiporra, jaja.