Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Volviendo a la precariedad del género

Hace tiempo que no tomo este camino: la vieja receta de portarse como una señorita. Salir maquillada y bien vestidita, quedarme calladita, sonreír cuando me mira y esperar a que él dé el primer paso.
Conste que me parece una pelotudez atómica, pero lo voy a probar. Si funciona, ¡me cago en la independencia de la mujer con carácter y decisión!

Auspiciado por la Academia de Señoritas de la vieja ultranza de Doña Inés C.

martes, 17 de noviembre de 2009

Se da o no se da.

Cuando se da, se da.

Tengo una amiga que en la segunda salida con su chico se cagó encima, literalmente. Sin saber que él la iba a ir a visitar, se había comido dos chicles laxantes y a las dos horas después de estar caminando por las playas lejanas del faro cedió su constipación. Ni un bar, ni carpa ni médano a la vista. Un baño químico a lo lejos se divisaba en el horizonte como un oasis alucinatorio en el desierto. Ella intentó a zancadas poder llegar a tiempo al bañito, pero dos pasos antes de la puerta se le anticipó la tormenta fecal fluyendo por sus piernas mientras corría. Encerrada en el baño cagada hasta las rodillas él la consoló y la ayudó con su higiene del modo más rústico y romántico posible: le traía agua del mar con su propia remera, (decime si no es un héroe). Hoy están casados y tienen una hija.

Cuando no se da, no se da.

Estaba en un boliche y había un chico muy lindo bailando cerca de mí. Sin querer queriendo, dejándonos llevar por el vaivén del ritmo loco, quedamos enfrentados. Le dije: “vos estás bailando ahí y yo estoy bailando acá, técnicamente estamos bailando juntos, ¿no?” El muy miserable dio media vuelta y se fue.

Al final, es mejor cagarse encima que tratar de ser sociable.

martes, 10 de noviembre de 2009

Profilaxis

Mientras me hacía la tintura de pelo, porque los 28 años me destiñen las raíces pero no los mambos, miraba el guante de látex y ratoneé con un flaco de cinco penes.
Bah, ratonear no es la palabra, tampoco cachondear. Digamos que fantaseé con la suposición de que un adonis podría portar cinco pistolas. No sé si el lector se impresiona con la propuesta literaria de un pibe penta-peneano(1), pero el hecho es que este hombre podría usar un guante como preservativo. Ahí la conexión con la tintura, ¿ven cómo se va hilando el cuento?
Después pasé a otra idea, y jugué a encontrarle otras utilidades al guante. Por ejemplo: en caso de tener un encuentro con un caballero uni-fálico(2) podría usar cada dedo del guante como preservativo y así te rinde para cinco rounds. Evaluando que contamos con dos guantes, diez dedos y un pito, ya nos estamos ahorrando un motón de plata en profilaxis.
Lo importante es que nada se tire, todo se transforme y nunca viene mal educar sobre sexo seguro. Aunque en este caso, casi seguro que uno no tiene sexo, porque en cuanto saque el guante de latex el flaco se sube los lompas y salta por la ventana.

Estrenamos Wikijennisima:
penta-peneano: que acarréa cinco penes.
Uni-fálico: que posee un pene.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Pastillas del amor

Cuando mis viejos se casaron pasaron su luna de miel en un crucero. Hete aquí que mi padre, un señor de mucho mundo, se adaptó rápidamente al vaivén marino, pero no así mi queridísima madre que andaba descompuesta gateando por la escotilla, trepándose a las barandas de la cubierta para recuperar la compostura bípeda.
Una buena dama americana, una de esas señoras jubiladas a los cuarenta años y acostumbrada a los cruceros, se apiadó de ella y le dio una pastillita: "Take it, it will make you feel better". Mi madre, que se hubiera pegado con el ancla en la cabeza para dejar de sentir ese mareo se la tomó...y palmó. Así fue como la primera noche de bodas, mamucha quedó inconsciente en su camarote y perdió su virginidad en la segunda noche de bodas, nos recalcó: "porque tu padre me respetó".
En esa época, los cruceros se movían mucho y los hombres eran muy caballeros.