Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Re- Jenname la pavita

Os entrego esta pavita, la mia, para que la re-jenneis con los ingredientes que más os gusten. Arrastradlos hasta hacerla reventar. ¡Empezad el año bien pipones!


¡Gracias a Fede, Leri y Lucas por la ayuda! Y a todos uds, por acompañarme en este año.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD!

A mis Jennos cristianos, esta noche dejen que el señor entre a sus casas y corazones. Pregúntenle el nombre antes, no hagan como yo, que dejo entrar a cualquiera.

A mis Jennos ateos, judios y rebeldes espirituales: bebed y comed de mi, pues soy su Mesías. No sé cómo no se dieron cuenta antes.

Los quiero con cada letra de mi teclado.

Paz y amor.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Con nombre y apellido

Recuerdo que estaba con el Roberto que me trajo papá Noel la navidad pasada, en la charla postcoitum y le pregunté: “¿Cuál es tu apellido?”. “No tengo”, me respondió. “No se puede no tener apellido. ¿Te llamás Roberto solo?”. “Sí, no tengo”, insistió. “¿Naciste de una mandarina? ¿Nadie quiso ponerte apellido?”, re indagué. – PAUSA-

¿Acaso estaba siendo invasiva? ¿Demasiado inquisitiva? ¿Me transformaba en una chusma metida? ¿No podía preguntarle al hombre que me renombró los pezones, cómo es su apellido? El señor incursionó por mi canal de la pasión cual castor andino y ¿yo no puedo saber el nombre que identifica a sus antepasados? ¿Qué tenía de malo? Debía tener el peor de todos los apellidos del mundo. Debía sentirse avergonzado. ¿Qué ocultaba? ¿Con quién estaba compartiendo el lecho? ¿Será un Menen, un Kennedy, un Pitt, un Chupala, un Meo? ¿Jennisima de Meo? ¡¡Dios no lo permita, me muero!! -PLAY-

“Dale, Roberto, decímelo”, le supliqué. “O me voy”, lo extorsioné. “Andate”, me cagó. “No me quiero ir, necesito saber tu apellido”, le dije. “´¿Para qué querés saberlo?”, me preguntó. –PAUSA-

¿Cómo para qué? Para proyectar mi matrimonio, para ver si combina con mi nombre, con los nombres de nuestros hijos. No es lo mismo: Daisy Grant, que Daisy Cuchufo. Estoy acostumbrada a lo bueno, a lo prestigioso, un apellido inglés, difícil, único. A mí me dejan entrar a Inglaterra sin tener que mostrar el pasaporte, ¿entendés? –PLAY-

¿Te das cuenta que si me hubieras dicho García, Gonzalez o lo que fuera, estaríamos haciendo la 69 en vez de tener esta charla ridícula? ¿Sabés qué? No puedo intimar con alguien que no me puede decir el apellido. No puedo confiar. ¿Qué clase de relación es esta? "¡Me voy! ¡Dame un beso que me voy!"

Agarré mis prendas, me fui vistiendo enojada, bruscamente, esperando una reacción que no venía. Entonces empecé a hacerlo todo en cá ma ra len ta, pa ra que re ca pa ci ta r a.

Lle gué has ta la puer ta, la a b r í. T o d o m u y l e n t o. Pero el hijode33milputas, (su verdadero apellido) nunca me detuvo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Loteo la cama

Hermanos sudamericanos, no quiero que estemos enfrentados. No quiero verlos desahuciados, despojados, ni desalojados. Sin tierra, sin techo, sin sommier. Por qué estar enemistados si podemos estar juntos, en orgías.

Cortemos con la insania de buscar tierras en desuso. Alto a la cacería que nos hace tragar polvo y balas. Les ofrezco esta parcelita abandonada:

Características:

Terrenito de 1,90 x 1,80. Superficie mullidita, rellenada con resortes de acero. Ideal para construir nidito de amor o para cultivar el culeo colectivo. Vista a tv y ventana a pulmón de edificio. Baldío cubierto con sábana de 150 hilos egipcios. Propiedad fértil y con gran potencial para cucharear.

Interesados comentar aquí o al mail presentado en mi perfil.

Como lo escribiese un tiempo atrás la socióloga Moria Galeano,¡todos a las camas abiertas de América latina!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La feliz II

Al llegar al hostel, un correcto recepcionista llamado Lalo me dio unos papeles para completar y me dijo: "Tengo una habitación de 6. ¿Te molesta compartirla con un chico?, es un porn star".

¡Quéeee! ¿¿Un porn starn??? ¿Morí y estoy en el cielo?

"No. No me molesta", le contesté tímida, avergonzada por los pecaminosos y abrasivos pensamientos que me asaltaron y el hilo de baba que me goteaba del colmillo. "No te preocupes que duerme todo el día. Vive de noche", agregó Lalo como sacándole importancia a lo que me decìa. Cuando llegué a la habitación, efectivamente había alguien durmiendo. Supuse que era el PORN STAR. Dormìa boca abajo, lo cual no me dio pista alguna sobre sus atributos. Dejé mi bolso y me fui a la playa.

A la tarde, cuando el viento ya me estaba haciendo tragar mis propios rulos y un volquete de arena, volví al hostel, donde me esperaría mi porn star ensayando su show. Porque seguro que esta gente necesita practicar su coreografía y alguien que le aceite le espalda.

Abrí la puerta, sigilosa para no despertarlo, y ahì estaba: parado, en canzoncillos negros. "Hola, soy Jordi", me dijo. "Hola, Jennísima", me presenté. Convengamos que su nombre era porno. Tenía dos letras en común con pija, la J y la I, ojo al piojo. Pero su cuerpo no era de porn star. No tenìa músculos y su bulto no me habìa asombrado ni un poco. "¿Dormìs de dìa y trabajàs de noche?", le pregunté para sacarle más información. "Sí. Pero no me jode que prendas la luz ni que hagas ruido. Duermo como un tronco", me respondió. Un tronco enorme era lo que esperaba ver entre tus piernas, querido, algo descomunal que erecto quedara como una tabla de surf. Pero no. Mientras se ponía la remera, me dijo: "Lo que pasa es que soy jugador profesional de poker" y su remera decía POKER STAR.

¡¡POKER STAR, no PORN STAR!! Cómo iba a confundirme así, ¡cómo! Poker con Porno. ¡Nada que ver! Todas mis fantasías desbaratadas como un barrenador en la rompiente en la escollera.

¿Y ahora qué hago con este FULL house de ratones? Me decís. Qué hago con este delirio sexual que solo puede calmarse con un tubo refrigerante o media docena de churros de Manolos.

Salí a correr por la costa, como una demente, hasta agotarme y quedar fulminada. Les juro que si era un porn star, me convertía en su esclava y no volvía más. ¡Les juro que no volvía!

martes, 30 de noviembre de 2010

La Feliz

Me voy sola 5 días a MDQ y llevo un bolso gigantesco para que entren todas mis ilusiones. Siempre llevo tres pilchas locas y un placard de deseos románticos. Les soy sincera, no comprendo bien cómo es que todavía tengo tantas esperanzas. Después de reiterados fiascos, debería hacerme la idea de que sólo voy a leer, escribir, comer churros y quizás me vuelva antes para no terminar como Alfonsina en el fondo del mar. No debo esperar nada. Olvidarme de conocer a un ken surfista que me haga el amor mientras barrenamos, para acabar en la orilla envueltos en algas. Tampoco pensar en un guardavidas ardiente que me rescate y me coma la almeja.

Una vez conocí a un Roberto en París. Era argentino pero estaba estudiando desde hacía varios años. Si hay un lugar lindo donde conocer a un garçon para enamorarse, es en la ciudad de las luces. El franchute me paseó por todos los puentes parisinos y me llevó a la torre Eiffel en noche de luna llena. Durante esos cuatro días me pasó a buscar después del trabajo y vivíamos en una croissant mágica. Nunca pasó nada, ni un beso, pero las burbujas se sentían.

Cuando volví a Baires lo acribillé con mails eróticos, diciéndole cuánto fantaseaba con su torre Eiffel dentro de mi arco del Triunfo. Cómo me gustaría recorrerle su Champs de Elisé con mi lengua y de las ganas de que se metiera de lleno en mi jardín de Tulleries.

Pasaron los meses y el franchute volvió a nuestros pagos. Sin estar segura si fue él quien me invitó a Mar del Plata o si mi autoinvité, un viernes salí del laburo corriendo a Retiro para tomarme un micro a la Feliz.

En el trayecto fuimos comunicándonos y en cada mensaje de texto me iba revelando información trascendental. “Vamos a quedarnos en el depto con unos amigos”, “no te puedo ir a buscar a la est. Tomate un taxi y venite”.

Cuando llegué al depto, había 5 minitas en topless, 3 pibes refumados y colchones en el piso cubriendo los 25 mts. cuadrados. Romantiquísimo el panorama. “Okey, relajá Jenn, va a estar todo bien. Respirá hondo”, me dije. El Franchute me recibió con un beso en el cachete. ¡En el cachete del culo dame el beso, franchute malparido! Viajé seis horas para desayunarme con este campamento hippie y ¡me das un beso en el cachete! Falta que me invites a una orgía y te devuelvo a Francia de una patada, ¡puto!

El fin de semana se desarrolló tal como nunca me lo hubiera imaginado. Todos dados vueltas, el pibe desaparecía por horas y yo me leí “La Sra. Dallaway” de Virginia Wolf enterito. Para colmo me indispuse y me manché el pantalón. Tuve que caminar contra la pared hasta llegar a un barcito. Para compensar la amargura me pedí unas rabas. Cuando pedí la cuenta me dijeron que solo aceptaban efectivo y yo no tenía un mango. Les dejé mi cédula, fui al cajero que está al lado del Casino, saqué la plata y mientras volvía para rescatar mi cédula, ¡me volví a manchar el pantalón con sangre! La puta que lo parió a ese franchute del ojete, mis ovarios y los putos tampones que no toleran el caudal de una mujer rabiosa. Tal como dije al principio, siempre llevo poca ropa, así que no tenía más pantalones limpios. Me puse un buso atado a la cintura y me subí al micro.

¿Me decís por qué carajo voy a Mar del Plata con los malos recuerdos que me trae?

viernes, 26 de noviembre de 2010

La roncha

Hace un par de días me apareció una roncha en la espalda. Una normal, cualunque, como la tu madre o la de tu hermana. Una roncha que pica con demencia. Pero ojo, no hay que rascarla mucho porque en el placer de la refregada uno se lacera el lomo, y además de la roncha terminás teniendo una quemadura de cuarto grado.

Pasaron los días y seguía en mi espalda, más roja, grande e irritada.

Tuve que ir al doctor.

Jennnísima: Doctora, tengo una rocha en la espalda.

Doctora: A ver, dejáme ver (revisa, toca) ¿Vos cogés en el piso?

Jennísima: ¡¿Eeeeeehh?! ¿Cómo? Mmm, (¿los doctores pueden preguntar eso? Y empecé a hacer memoria. Realicé un inventario de locaciones garchables en mi mente. Mmmmm, mesa, sillón, cama…¿piso? contra el placard, ¿piso?) Alguna vez lo hice.

Doctora: Esto es alérgico, te frotaste sobre algo, está justo sobre un punto de apoyo de la columna. Muy normal en quienes practican el coito contra el piso.

Yo seguía sin hablar, casi espantada con el modo discursivo de la doctora. Si le respondía que sí podía quedar muy canchera... o muy roñosa. ¿Qué iba a pensar? "¡Al menos pasale un lampazo, flaca! O dale una barridita antes de revolcarte con un pibe". Ni que el piso de mi casa fuera el de Constitución, ¡che!

Doctora: Pasate esta cremita y fijate en donde apoyás la espaldita.

Jennísima (todavía sin recordar si lo hice o no en el piso) Gracias, Doctora.

Y me fui con mi pomada ronchal jurando que la próxima vez Roberto va abajo o que al menos barra, el muy vago.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Todo resuelto

Ella había escuchado sobre lo difícil de mantener una relación. Lo decían su mamá, hermanas, amigas, diarios, revistas, hasta el noticiero. Sobre el desafío de encontrar el equilibrio entre dos personas que se sienten imantadas, por ser polos opuestos.

Por eso empezó terapia de pareja, para que cuando la tuviera, ya lo hubiera resuelto todo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ring raje en la cama

No soy mujer de una sola noche. A lo sumo mujer de las mil y UNA noches, señor. ¡Que quede en claro!

Aunque a veces, bueh.... mmmm... se pone oscuro, una cosa lleva a la otra y deja de ser claro.

¡Nunca pensé que pudiera pasarme esto! Es como la inseguridad, siempre le pasa a otro, hasta que un día te toca, te encañonan y te dejan vacía.

Caí como una quinceañera. Me condimentaste para un solo plato. ¿Cuánto te costé? ¡Dos birras y unas papitas!, te salí una ganga. ¿Te das cuenta por qué hay que salir a comer sushi con buen vino? Por lo menos compensás, no fuiste la única a la que se cogieron de parada.

Acepto que la noche no fue como para que ganemos el Oscar a la mejor película porno, pero la primera vez siempre es cine shampoo. ¡No me dejes toda la responsabilidad a mí! Encima creo que me lesioné. No solo espero una señal tuya post coitum, sino que ando con un olor a ratisalil tremendo. En el laburo me preguntan, "¿qué te pasó que rengueas y apestás?". “Quise sorprenderlo a Roberto con un garche olímpico y me cagué el abeductor.”, ¿querés que diga eso?

¡Dale, aparecé!

Podría hacerte conocer las siete maravillas del mundo con solo separar las rodillas. Pero no me das chance. ¡Estaba tímida!

Bueno..., ¿sabés algo? No importa. No vuelvas. Igual, seguiré apostando al amor que surge del sexo en la primera ocasión.

Que pase el que sigueeeeeeeeeeeee…

martes, 16 de noviembre de 2010

Super Jennísima al rescate

Ayer recibí una carta del consorcio que pedía voluntarios para evacuar el edificio en caso de emergencia.

Y si hay algo de lo que nadie se puede quejar, es de mi voluntarismo. Voluntad para tirar al techo, tengo. Potes gigantes, kilos enlatados, en cajas de zapatos, en el botiquín, debajo de la cama, colgada de las perchas, donde mires, tengo voluntad.

Se necesitaban dos encargados por piso. Sentí en mi espalda desplegarse una capa rosa con una jota bordada en dorado con piedras preciosas. El viento en mi cara y una luz del cielo me dieron las señales: ¡yo seré esa voluntaria!

No nos olvidemos que además, tengo el certificado de rescatista de la cruz roja. Soy perfecta para ese cargo. Nací para ser la “Evacuadora oficial”.

Mi edificio tiene diez pisos y en cada uno hay trece departamentos. Estamos hablando de una población importante, casi la misma cantidad de habitantes de Aguas Verdes, partido de la Costa. Pero el detalle es que en mi piso, yo soy la única que vive ahí. El resto son oficinas. Es decir, si un domingo explota el calefón por culpa del tipo del quinto y estallan los pisos provocando un derrumbe de la cúpula, ¿quién me evacúa a mí? Son esos momentos en que una debe envalentonarse y rescatarse a una misma.

Así que hoy bien temprano fui y le dije al encargado: “Don Carlos, yo me propongo para hacer los simulacros de rescate”. “Muy bien, linda. Ya te anoto.”, me contestó ronco. Vi que tomó nota, abrí la puerta y me fui volando a la oficina con mi capa rosa.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Hola 60´s

Anoche comprendí esa histeria desenfrenada de las fans sesentosas de los Beatles en carne propia. Esas ganas de arrancarte la ropa y los pelos, llorar y gritar: “I love youuuuu, Paul”.

Cuando empezó a sonar “Close your eyes” todo se volvió blanco y negro. Me sentí en el show de Ed Sullivan viendo a los fav four, pero estaba en River viendo a Paulcito con sus tiradores, tocando el bajo con la zurda.

En cada tema me daban ganas de llamar a alguien y decirle: “Escuchalo a Paul”. Una imperiosa necesidad de compartir esas canciones que escuché toda la vida.

Mi casa siempre fue un santuario bitlero, desde que nací. Mientras dormía, mi viejo y sus amigos guitarreaban el álbum blanco, Sargent Peppers, Let it be y hasta versionaban los temas. ¡Convirtieron Twist and Shouts en reggae! La hora en el reloj de la cocina de mi mamá te la dan John, Paul, George y Ringo, tuvimos un yellow submarine colgado de una sopapita en la ventana del comedor por años. Uno de mis perros se llama Lennon, mi tortuga se llamaba Harrison (que también descansa en paz). Hoy en mi cocina tengo los carteles de Penny Lane y Abbey Road en las puertas de la alacena. Tengo llaveros, remeras, libros, fotos, almanaques, pins, bolsos y ¡hasta fui a Liverpool!, donde me enamoré de un Roberto en el Magical Mistery Tour, sólo porque se parecía a Ringo en Let it be. ¡Cómo no me voy a emocionar!

Una pena que lo tenía tan lejos, que lo veía como un puntito, pero al menos lo vi. Lo escuché mientras me cantaba al oído y me miraba a través de esa pantalla gigante. Me dedicó Black Bird y Hey Jude en silencio, para que el resto de la gilada no se enojara. Cada vez que levantaba la guitarra en el aire, me señalaba. Yo lo sé. Él lo sabe. Eso nos basta.

Paul, antes de seguir de gira, venite a casa que te hago unas milanesitas, que yo se que te gustan, y hacemos un lindo English tea con la familia. Caete al mediodía. No hace falta que traigas nada. ¡Te esperamos!

martes, 9 de noviembre de 2010

La alacena del amor

Dicen que el ingrediente secreto de un buen plato es el amor. Ahora, me pregunto cuál es el ingrediente secreto para el amor.

Tengo una primita que una vez hizo con mucho esfuerzo una chocotorta. Nos llamó a todos para merendar con el entusiasmo de un ganador de loto: “¡veeeengan todos a comer la chocotorrrrta que hiceeee!”. En el primer mordisco noté un sabor raro, como salado. Al segundo mordisco constaté que definitivamente había un ingrediente errado en esa receta. “¿Qué le pusiste a la chocotorta, Angie?”, le pregunté. “Dos paquetes de chocolinas que mojé en el almíbar de los duraznos y dulce de leche,” me dictó la receta cual Maru Botana mirando a cámara. “¿Qué duraznos en almíbar encontraste?”, le cuestioné. “La lata abierta que estaba en la heladera”, me canchereó como si no pudiera diferenciar una lata de duraznos de una lata de palmitos. De hecho, al abrir la heladera me di cuenta que ¡fue ella quien no diferenció una lata de duraznos de una de palmitos! “¡Le pusiste el jugo de los palmitos a la torta, Angieeeeee!, le grité.

Tuvimos que tirar la chocotorta a la basura en-te-ri-ta. Fue horrible.

Por lo general, pienso que Roberto es mi lata de la confusión. La abro con tremendas ganas de comerme un durazno y termino comiéndome garbanzos (que, encima, ¡me llena de gases!). ¿Será que no me tomo el tiempo para leer las etiquetas?, ¿que me abalanzo con mi abrelatas sin percatarme de la realidad, cual hiena famélica, a punto de morir desnutrida?

Voy a tener que revisar a los Robertos que tengo en la alacena y leer bien las etiquetas, chequear la fecha de vencimiento y cambiar de actitud, porque si no voy a seguir comiendo atún, en vez de caviar.

Una lectora que también se confundió de ingrediente, me mandó este dibujinho. ¡Gracias Luma!

jueves, 4 de noviembre de 2010

Estafada y estampillada

Quise hacerme rica con las estampillas, pero al final me vendieron un buzón. Hace catorce años que me metí, con el pie izquierdo, en el mundo de la filatelia. Sí, en ese glamoroso y canchero mundo que sólo me daría alegrías y riquezas. “Antártica y Falklands” era mi especialidad. Pero no fue una elección a conciencia, fue ambiciosa y especulativa. Era una colección tan rara que me daría grandes dividendos a corto plazo.

¿De dónde nació esta idea? La heredé de mis bisabuelos lituanos. (Los sigo sorprendiendo con mis orígenes, ¿no? Primero ingleses, sumé españoles y ahora te caigo con lituanos. Soy un crisol de razas). Esta gente, subsumida en la pobreza, el frio y el vodka berreta que hacían en su bañadera, decidió fugarse de sus tierras congeladas, cansados de esperar una Perestroika que llegaría 100 años más tarde. Como su dinero no valía fuera de su puebletusko, gastaron todo en estampillas. Se vinieron a Argentina con su álbum de filatelia dentro del estuche de la balalaika. Lo vendieron y se compraron una librería. La gran librería Kaplanski que nutrió a dos generaciones de Banfrulaskis.

Tenía 15 años cuando entré a la casa de filatelia Marle, en el corazón de la paqueta galería Oliver de Lomas de Zamora. Seducida por una plancha de estampillas de Elvis, me inicié como filatelista. Las primeras estampillas valían 15 pesos, una suma que fue en ascenso hasta pagar 100 o 200 dólares la plancha.

Empecé a sospechar del negocio tarde. Cuando ya había invertido todos mis ahorros y mis amigas me preguntaban “¿a quién se lo vendés después eso?” ¡Qué sé yo! Nunca lo había pensado, enajenada proyectando mi fortuna.

El destino quiso que fuera a la feria del libro para descubrir el stand “Amigos de la filatelia”. ¡Yo soy amiga! ¡Yo soy amiga! grité en silencio saltando de gozo y alborozo. Entré buscando respuestas y le conté mis sospechas a la señora filatelista. Creo que casi se le escapa un “cómo te cagaron, nena” y me invitó al centro de la filatelia argentina para averiguar más.

No tengo palabras para describir al centro, que de entrada me dio la bienvenida con un cartel en la puerta que decía “Hola amiguitos de la filatelia” y caritas felices dibujadas en fibrón. Era una ambiente envuelto en estantes vencidos con cajas obesas de estampillas, paredes celestes, una mesa larga y seres hipnotizados con dedos pinzas y ojos lupas. Eran clones del Doctor Lambetain con un hobby que los apasionaba. Ninguno de ellos parecía ser rico. No había Mercedes Benz en la puerta. No tenían Rolex, ni siquiera todos los dientes.

¡Si hubieran estado en mí! ¡Qué desilusión! (Me sentí peor que cuando Roberto me dijo que se iba a casar con ese gato barato). Con la estafa bajo el brazo, abandoné mis sueños de estar coleccionando algo preciado, único y peculiar. Ya no me haría rica. Ahora me pregunto ¿a quién carajo le meto estas estampillas? ¿Me mandan sus direcciones por favor?

martes, 2 de noviembre de 2010

Llorate algo, nena

En medio de una conferencia sobre cortes de cordero, me quebré en un llanto desproporcionado. No porque me diera tristeza su cruel matanza o la fría planificación de su desmembramiento (de hecho, amo su tierna carne asada con salsa de menta y papitas al horno). Era una angustia inabarcable que brotaba de la nada. Una granada explotándome en el pecho, sacando mis costillas hacia fuera y eyectando mis pulmones por detrás, dejando mi corazón maltrecho, penduleando de una arteria en medio de ese páramo.

Me levanté de la silla y huí antes de que aquellos carnívoros vinieran por mis achuras sentimentales.

Corrí hasta la esquina y seguí llorando a los gritos. Lloraba no solo desde el lagrimal. Me lloraban las pupilas, mis irises, por poco no lloraba mis propios glóbulos oculares. Una atenta señora se me acercó: “¿Estás bien? ¿Te robaron?”. “No. Gracias. Estoy bien. Es personal”, le contesté. “Pobrecita,” dijo y cruzó la calle.

Caminé un par de cuadras buscando asilo en lo de mi amiga y escuché a lo lejos: “¡Jennísima, Jennísima!”. Me di vuelta y con la manga ya colmada de mocos, intenté despejarme las lágrimas de la cara. Un Roberto de ojos claros me buscaba, había escapado de la conferencia y me había perseguido. “Te acompaño hasta donde vayas. Quiero asegurarme de que estés bien”, me dijo. ¿Qué podía pasarme? ¿Transformarme en un charco como uno de los gemelos fantáticos? Son cosas que podrían pasar, ¡obvio que sí! Mirá, yo estaba bien y de repente me puse mal. Cómo no podía cambiar de estado sólido a líquido así nomás. Él sacaría un gotero de su bolsillo para levantarme y ponerme en un vaso hasta que recuperara mi estado normal.

Fue la primera vez que me corrió un Roberto. No llovía, no había cámara lenta, ni sonaba “Eclipse total del amor”. Pensé qué sucedería si un Roberto se enamorara de mí. Si por una vez, Roberto no me rechazara, ni me abandonara, ni se olvidara de mi nombre. Si Roberto dejara de ser Roberto, ¿sería feliz o no tendría nada divertido que contar?

Al final, ¿es mejor tener un Roberto en casa que mil Robertos en un blog?

viernes, 29 de octubre de 2010

Resultados del Censo de Robertos

Robertos y la Marta que se entusiasmó y que también participó: gracias por contestar y permitirle al INSEX (Instituto Nacional de Sexo Escueto y Xeguro) contar con estas cifras tan pertinentes y necesarias para mejorar las relaciones humanas y carnales.

Estos son los resultados:

Si digo que todos los Robertos son unos picaflores, miento. Pero el 36,8 % sí lo es, quedó constatado. Amé que el 21,1%, me sea tan fiel. Se merecen lo que me pidan. Al resto, voy a esmerarme para que quieran venir todo el tiempo. Ya vere cómo.


Antes que nada, que suerte que tengo un solo papá. Es un alivio. Podría haberme enterado que tengo muchos y mi vieja iba a tener que dar explicaciones. Por el otro lado, me siento un poco defraudada: ¿el 70% es "un lector nada más"? Claro, después cuando tuvieron que escribir una frase de conquista, me piropearon hasta el duodeno. Al menos algunos fueron honestos y se reconocen como candidatos a Robertos. Ya se quién es ese que dice que lo deseché y me intriga saber con nombre y apellido cuáles son los dos que me dejaron y me visitan. ¡Den la cara! ¡Vuelvan, juro que cambié!


Claramente, soy el hazmereir. Está bien, lo acepto.
Me sonrojé por los que me desean. Me hacen feliz, un besito para todos en la tararira.


Jennísima no miente cuando habla de Roberto, debería haber un 100% de "Sí, siempre". Pero claro, se hacen los desentendidos. ¡Hacéte cargo Roberto. Cuando escribo sobre vos, estoy diciendo la pura realidad!

Otra vez gracias por censarse. En 10 años nos volvemos a encontrar (si no es que terminé como esclava sin internet en la cocina de un Roberto que se hizo el liberal, feminista y ecologista para conquistarme y me hizo 5 críos que son un calco del padre).

miércoles, 27 de octubre de 2010

Censate, Roberto

Acá, un poco más abajo, ahí. Sí,ahí.

Perdón a las Martas, no las censo, no porque no las quiera, es que la población de Robertos es una incógnita que alguien debe relevar.

martes, 26 de octubre de 2010

Banelquizame, corazón

Ayer me quedé encerrada en el cajero con dos Robertos desconocidos. Uno estaba in-far-tan-te, el otro no. Uno era un billete de 1000 euros y el otro una moneda de 0,5 australes.

Entré al cajero a las apuradas. Introduje la tarjeta, saqué la plata y cuando intenté salir, confundí el “Tire” con el “Empuje”. Ni que fuera Sansón, solo dí un tironcito y la puerta que estaba sutilmente entrecerrada encastró con determinación y así quedó como sellada.

¡Qué bueno, no! Ahora mi cerebro no solo confunde la derecha con la izquierda, sino que además tiene un nuevo desfasaje neuronal con el TIRE- EMPUJE. ¡Genial! En cualquier momento confundo el NO con SI y me declaro vedette.

En fin. Busqué el picaporte y no estaba, se había roto. Tampoco había un lector de tarjeta del lado interno que destrabara la puerta. Empecé a sacudirla, haciendo vibrar todos los vidrios del banco, aplicando la ley “más fuerza que maña”, pero no funcionó. Uno de los dos chicos que estaban conmigo en el cajero haciendo lo suyo, se me acercó y me dijo: “tenés que empujar”. Me di vuelta con un “ya lo sé, imbécil” en la punta de la lengua, cuando descubrí su belleza: rubio como el oro y ojos como esmeraldas. Cincelado por Miguel Ángel y barnizado por Van Gogh. Me tragué esas palabras y balbucée: “si, ya probé. Estamos encerrados. Vamos a tener que pedir ayuda a la gente que pase.” Se lo dije con una sensual sonrisa. Quería que él pensara “que mina copada y dulce. Cómo me casaría con ella”.

“Ché boludo, mirá qué mierda. No podemos salir”, le dijo a su amigo, olvidándose de mí, de mi sonrisa y de mi encanto de flor silvestre. Los interrumpí con un “vamos a tener que pasarle nuestra tarjeta a alguien de afuera para que nos abra. ¿Hacemos un casting de peatones? ¿Alguien que dé confianza?”. Más simpática no podía ser, ¡se los juro! “No es necesario pasarle la tarjeta a nadie. Se puede abrir con cualquiera”, me respondió con cierta ausencia de simpatía y un pedanterismo extra large.

Mientras esperábamos a que pasara alguien, el amigo se quedó hablando por teléfono en un rincón y nosotros nos miramos. “¿Querés pasarme la tarjeta?”, le propuse mientras me inclinaba, apoyándome sobre el tablero. “Dale, te puedo hacer un par de extracciones hasta que nos saquen de acá.” “Mi clave es 6969”, le dije. “Apostaba a que era 7777”, me contestó. “Mirá que te vacio la cuenta”, me apuró. “Dejáme en rojo, si te animás. Tengo más en la cuenta corriente”, le respondí atrevida.

De repente sonó esa alarma que se activa al abrirse la puerta. Una señora había pasado su tarjeta para liberarnos. Los tres salimos a la vereda. Me quedé mirándolo, esperando a que me diera un guiño, me pidiera el teléfono, se arrodillara, algo. Pero se fue, sin saludarme y con mi tarjeta de débito.

Roberto, cuando nos divorciemos, me voy a quedar con la mitad de tu fortuna y un poquito más. A ver si te gusta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La verdad de la mina - Fueron las minitas

“Cuando una mujer ama, puede hacer temblar la tierra. ¿Me entiende, oficial?” y cuelgan el teléfono.

El oficial Uribe Pesqueira indaga el caso de la mina San José. Sospecha que lo que se cree que fue una falla geológica por exceso de excavaciones, no es más que una artimaña de un corazón despechado.

Mientras el oficial merodea la bocamina buscando pistas, se agacha, toca la tierra y dice: “Esta tierra huele a perfume de mujer. Estos 33 tipos se comieron 70 días bajo tierra por culpa de una guerra de corpiños. Para ver quién tiene el aro más grande.”

Volviendo a la comisaría de Copiapó…
“Oiga señor carabinero, no sé por qué me tiene acá usté po, si ió no puse ni una bomba, no soy naa una delincuente ió“, dijo Marta, esposa de Yonny, el minero enfermero. “¡Vaya y pregúntele a esa rota lo que andaba haciendo mientras ió cuidaba mis cabros! ¡Es cosa de verle la cara no más!”

En el otro cuarto de la comisaría…
“¿Y qué tanta wea dice esa vieja arrugá? Si hubiese sido ió la que explotó la mina ¡La hubiera metío a ella con silla de ruedas y too pa’entro! Pa que se vaya derechito al patio de los callaos y deje de hablar tanta tontera. ¿Cómo se le ocurre a usté que ió voy a querer hacerle daño a mi perforista Yonny?”, dijo Susana, que no dejaba de estrujar contra su pecho una foto de ella y el Yonny, del día del rescate.

Volviendo al cuarto de Marta…
“Fíjese señor carabinero, que esa guatona flaite, hizo toda este enredo pa puro hacerse famosa y quedarse con el Yonny ¡Ni diginidad tiene la muy picante! Ella puso la bomba, se fue a llorar a la mina pa’salir en la tele y todo el rollo y ahora Chile entero cree que ella es la legal del Yonny. A mí el Yonni no me iba a dejar nunca po, pero el manso show que se mandó esa rota cambió too po.”

En la otra sala, Susana…
“Qué vieja más sacoweas, si el Yonny ya ni la tocaba de lo seca que estaba. En cambio a mi me tiene toa perforadita. ¿Le cuento la firme? lo que pasa es que él la iba a dejar, por eso ella se adelantó y lo quiso enterrar ahí dentro pa’ que no salga más. ¿No vio que el Yonny cuando salió se vino conmigo y no con la gila esa?”

El oficial Pesqueira pasa de una sala a la otra, tomando anotaciones, garabateando dibujitos de mujeres feas y gordas.

Entre las idas y venidas, le avisan que hay otras dos investigaciones paralelas y que la suya pendía de un hilo. Si no lograba conseguir más pistas, su caso se cancelaría.

Leer caso del "Sospechoso cool"
Leer caso "Feinman, el malo"

Dedicado a mi chileno perforista redactor. Gracias.

lunes, 18 de octubre de 2010

La verdad de la mina

33 Robertos en una mina, es cuestión de esperar 9 meses para saber quién es el padre.

Ahora que están todos sanos y salvo, es momento de ponernos a indagar las causas del derrumbe.

En una producción sin precedentes: tres bloggeros intentarán resolver el misterio. Tres posturas, tres ideologías, tres culpables. Breins, Alma de Budín y Jennísima, se meterán de profundo en el caso que mantuvo claustrofóbico al mundo.

Colocáte el casco, encedé la linternita, leéte los blogs y sacá tus propias conclusiones.

El miércoles vamos a entrar a la mina, ponete un forro y acompañanos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Somos un changuito

Mirar changuitos ajenos es apasionante. Saca mi psicóloga interior y hasta mi ser más detectivesco.

Chango uno: mujer, 35 años, morena. Chango: 2 almohadas, 1 caja de preservativos de 12 unidades, cepillo de dientes con pasta dentífrica y nueces. Esta mina si no coge en los próximos días es porque se agarró fiebre tifoidea y se siente muy mal.

Chango dos: hombre, 28 años, caucásico. Chango: 7 potes de yogurt light, 2 sachet de leche descremada, 1 bolsa con paquetes de barrita de cereal, 3 botellas de Gatorade, papel higiénico triple hoja y perfumado. Este tipo es fanático de su cuerpo y tiene el culo delicado. ¿Gay? Puede que sí. Creemos que no es quien cogerá con el chango número uno.

Chango tres: mujer, 50 años, caucásica. Chango: 4 paquetes de arroz, 2 paquetes de polenta, 8 paquetes de harina y 5 de yerba. Esta señora tiene al menos cuatro hijos varones que comen que dan calambre y hace un pan que es un manjar.

Chango cuatro: mujer, 25 años, morena. Chango: 1 caja de 20 tampones súper, otra caja de tampones medios, 1 paquete de protectores diarios, 1 de toallitas femeninas y una tabla de chocolate. Esta chica está indispuesta y es una canilla.

¿Qué tiene tu chango?

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre

A los 11 años actué de rama que flotaba en el mar y chocaba contra una de las naos de Colón. Mi frase ante la embestida era: “ay, pero ¿qué tremenda mole es esta?”. Así eran los actos de mi escuela el 12 de octubre. No me pregunten cómo me acuerdo. Simplemente, que hoy mientras atravesaba la Av. Corrientes esta ramita se chocó contra la marcha en defensa de los pueblos originarios, y así nomás se acordó de todo y se dejó llevar por la corriente avenida abajo.

Las primeras cuadras no pude evitar llorar. Haber actuado de rama, no implica que una sea de palo. Es imposible seguir siendo indiferente a esta historia enmudecida. Me escabullí entre sikus y charangos tratando de confundirme entre las nuevas generaciones de hombres y mujeres originarios, que a su paso volvían el asfalto en tierra, levantando polvo para despertar a la Pachamama de la ciudad que duerme debajo del alquitrán.

Aplaudí, canté y silbé bajito acompañando sus carnavalitos. Me dejé peinar por sus banderas y le abrí camino a sus cornos. Fue mi modo de honrar su existencia y reivindicar su historia y su lucha. La verdad es que este fue el mejor acto del 12 de octubre de mi vida.

Para no hacerme la solemne, debo confesar que entre la multitud busqué al Ranquel Nahuel Cruz que me tomara como cautiva y me hiciera su india blanca, pero la emotividad le ganó a mis calentura originaria. ¡Qué la vamo hacer, todo no se puede!

lunes, 11 de octubre de 2010

Entre COTO y el MOMA

Hay objetos sumamente simbólicos: el martillo y la hoz, la esvástica, la cruz y en particular los preservativos. La primera vez que me rompieron el corazón, cada vez que iba al quiosco o al supermercado y veía una caja de forros, me ponía a llorar. No sé si era porque extrañaba tener sexo o por la metáfora de ver un forro y acordarme de ese forro.

Por suerte, somos capaces de resignificar ciertos objetos y cambiar esas reacciones. Hoy, mientras hacia la cola del supermercado, noté que la góndola de los preservativos está justo al lado del de las bombitas de luz. Pensé en el Curador de supermercados y lo admiré. Por lo general, los productos están organizados por lógica de consumo y recetas. Si comprás fideos, tenés a pasitos la salsa y el quesito. Pues bien, cerquita de los forros deberían estar el alcohol, el chocolate y el desodorante. Pero este Curador, harto del consumismo, fue a la metáfora: la luz, la energía, la conexión, los watts, el enrosque, el cortocircuito, claro mensaje de un sexo puro.

Si lo pensamos desde la funcionalidad, es un error haberlos ubicado contiguos. Todos solemos hacer el amor con la luz apagada o tenue, ¡qué necesidad tenemos de mirarnos! A mi Roberto me hace unas caras que preferiría no haber visto nunca. Pero este señor Curador siguió su instinto poético y me dejó su mensaje que supe leer entrelíneas. A él le agradezco, porque me hizo ver la luz: lo que el sexo es.

Ir a Coto fue como haber ido al museo de arte moderno. Incluso me traje un souvenir, ¿adivinen qué compré?


lunes, 4 de octubre de 2010

A Segura nunca la dejan

Hay historias que me desquician: las de esas mujeres que con una sonrisita te cuentan cómo maltratan a sus Robertos. ¿Sabés por qué hacen eso? Porque están seguras de sí mismas. Claro, yo jamás lo trataría mal, por insegura, por temor a que me abandone, a que se suba a un taxi mientras vamos caminando y me deje hablando sola.

Pero en realidad lo que me pone mal, mal, es que ellos estén enamorados de esas minas. Minas que no necesitan hacer casting para “Mujeres asesinas”, porque nacieron para el papel. Minas que joden, roen, percuden y dinamitan el noble ser de Roberto y lo transforman en el espectro temeroso que más tarde lo llevará a evitar el compromiso.

¿Cómo mierda se te ocurre tirarle una olla con salsa portuguesa y peceto encima a tu novio? Sos familiar mío y te amo con toda mi sangre y factor RH. Pero, ¿entendés el valor de tener a un hombre que te ama? Sólo en defensa de tu propia vida y honra estaría permitido. Pero porque llegó tarde a tu cenita, no se lo incinera.

También está la chica que llama a su Roberto desde Longchamps, cuándo él está jugando con sus amigos en Villa Adelina y le dice: “Gordo, venime a buscar. El remise está re caro y si voy en tren me van a violar. Dale, que esta colita es solo para vos. Te espero. Pero apurate, ¿eh?”

¿Estoy revelando mi soledad y desesperación por no ser correspondida? ¡NO! Pongo en duda conductas que ¡no entiendo!

“Lo único que sería capaz de tirarte es otra cosa, Roberto. Aunque también tiene que ver con carne. Pero jamás algo hirviendo, salvo mi cuerpo”.

Cuido detalles para respetarte y no parecer cargosa, celosa y conchuda. Parece que lo que funciona es todo lo contrario.

Ser segura es valiosísimo. Ellos se dan cuenta. Les parece sexy. Huelen la seguridad como una parilla o un puesto de chori. El conchudismo y la seguridad van de la mano, y Roberto las abraza y si es muy boludo les pone una alianza.

domingo, 3 de octubre de 2010

Piso Diez

Hace unos meses subía por el ascensor cantando “yo extraño mi ciudad”. Soy una genial imitadora de Nacha Guevara. Reproduzco sus vibraciones y silencios a la perfección (si supiera de mi existencia seguro me mandaría a matar). Embebida en mi sinfonía y en la magia de la acústica ascensoril, no noté que había llegado a mi piso. Las puertas se abrieron y yo estaba en medio del canto lírico, descollando una nota altísima cuando me sorprendió su presencia. Él estaba esperando con las manos en los bolsillos para poder entrar.

Callé al instante. Sonrojé. Caminé. Adentré a mi departamenté y desmayé. Era un hombre que merecía más de un desvanecimiento. Nunca lo volví a ver, pero te aseguró que lo amé.

No hay día, ni noche en que no desee, por un centésimo de segundo, que al abrirse la puerta del ascensor haya alguien que me enmudezca. Alguien que, de cortarse los cables y yo caiga diez pisos en caída libre, me haga querer bailar reggeton. Alguien que, de cerrarse la puerta y me machuque los dedos hasta mutilarlos, me haga sonreír y decir: "choque los cinco".

No sé, estoy pensando seriamente en hacerme ascensorista.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Sagrada concepción

Me sorprende que la gente decida procrearse. Así como si la cosa fuera fácil de mantener, alimentar, educar, vestir, etc. A gatas puedo mantenerme a mí solita. Si quedase embarazada sería porque no me alcanza la guita ni pa´ un forro.

Anduve pensando en mi capacidad reproductiva y en mis óvulos (que en cualquier momento van a empezar a escasear). ¿Me enfrentaré a la idea de congelarlos? ¿Qué onda? “Roberto, haceme un gin tonic. Cuidado cuando saques la cubetera que al lado están mi óvulos.” ¿Será esa mi conversación en los próximos años?

Cuando tenga hijos, voy a elegir al más despierto para que vaya al colegio. A los otros los educaré en casa. El que hable antes o muestre algún signo de ventaja por sobre sus hermanitos, será el que reciba educación formalizada. “Vos andá al jardín, tus hermanitos se quedan en casa con mamá, ¿sabés? Van a aprender hacer una huertita, coser, algo de albañilería. Papi y Mami apostaron su sueldo en vos, así que estudiá mucho, ¿si, mi amor?”. El pequeño Johnatan hará todo lo posible por hacerme feliz. Cargará la culpa hasta que caerá en los vicios de los colegios privados y se cagará en todos y en todo. “¡Roberto, hablá con tu hijo! Encarrilalo, necesita una figura paterna más presente. ¡No estás nunca! ”.

No soy de esas que se hace el test de embarazo con cierto hilito de ganas de que de positivo. Ni siquiera gasto veinte pesos en el test posta, esos moderno en donde no te meas la mano para apuntar en el envase. Compro el de cinco pesos, que es un pedacito de boleto de papel reactor que mojás en un cacharrito de plástico.

Pero sí, confieso que he imaginado “los mejores” modos para decirle a Roberto que estoy embarazada:

Facebook. Subir una foto del Evastest postivo y taggear “Roberto”.
Facebook. Escribir en el muro de Roberto: Vas a ser papá. Nadie ponga “Me gusta”, porque es una cagada, ¿ok?
SMS. Toy mbarazda d vos : (
Twitter. @Roberto estoy embarazada #forropinchado
Nick del Messenger. Baby on board!

En fin, el tema da para reflexionar mucho. Supongo que con Roberto nos debemos una charla sincera y veremos si vale la pena prolongar esa cadena genética que ya viene tan defectuosa.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Trabajos honestos

“Necesitamos que destruyas 2.000.000 de dólares”. Esa fue la consigna en mi segundo día de trabajo. En el primero me pidieron que hiciera un inventario de merchandising, algo mucho más lógico.

Recién iniciada en el hábito de salir a trabajar, me enfrenté a la posibilidad de convertirme en un ser corrupto, ladrón y prófugo. Me sentaron sola en una habitación blindada en el sótano de un banco, con dos millones de dólares en cheques de viajeros sin firmar. Era como tener miles de cheques firmados en blanco a mi disposición. La empresa encargada de venderlos cerraba y necesitaban deshacerse de ellos. Mi deber era ponerlos uno por uno en una máquina trituradora de papel, luchando contra la tentación de guardarme alguno.

Gracias a mi ignorancia sobre el mundo del cheque de viajeros fui seleccionada para hacer el trabajo. Alguien con un poco más de luces hubiera encontrado la manera de sabotear el engranaje destructivo para quedarse con algo de esa fortuna. Alguien como Manuel. Cadete. Un año de antigüedad. Con ese poder sexual que tienen los piratas del asfalto, que segregan feromonas delictivas, mezcladas con adrenalina y Axe guacho lindo (una fragancia limitada que deberían relanzar en el mercado).

Entró a la salita para traerme un sándwich y una coca. Se sentó en el banquito de al lado. “¿Te ayudo?”, me preguntó. Seguí concentrada en mi deber. “Me voy a sacar la corbata porque se puede trabar en la máquina y me puede ahorcar, ¿sabés?”. Y se la sacó, la dobló y la guardó en el bolsillo. Me reí, le quedaba como un bulto enorme. Agarré el sándwich y lo devoré, él siguió triturando.

¿Alguna vez robaste?” me preguntó y me tocó la pierna. “No”, contesté tímida con la boca llena de migas. “¿No te tienta?” y subió más la mano por mi fémur. Tragué tres cuartos de pan francés sin morder y no me atoré de milagro. No sabía qué me tentaba más. Miraba su mano en mi pierna, sus ojos grises, la corbata abultada, los miles de dólares que nos rodeaban, sus uñas prolijas, sus dedos gordos. Tomé un sorbo de coca, algunas gotas cayeron sobre mi escote blanco.

Sí, me tienta. Pero, ¿sabés lo que vamos hacer? Vamos a desparramar estos millones hasta hacer un colchón de dólares. Me vas a tirar ahí, nos vamos a revolcar como dos cerdos en el lodo, me vas a atar las manos con esa corbata y me vas a rozar los billetes de cien por todo el cuerpo. Justo antes de que el aire se nos acabe, vas a robarme hasta el último centavo de virginidad. ¿ok?”.

Arrebatada y jadeando lo miré, esperando una respuesta. “Che, tengo que volver” respondió asustado. Se levantó y se fue.

Odio cuando Roberto no se copa con mi película. “¿No viste Bonnie and Clyde?, Roberto”.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ya puede besar a la novia.

En todo casamiento está la mesa de los solteros. Cuando llegué a la mía supe que aunque no me sacara el anillo ni atajara el ramo, de esa fiesta me iba con algo, seguro.

Eran 5 los solteros, o como se dice en marketing: “cinco prospects”.

Prospect number one:
Vive en el exterior. Polista. Cansado de vivir en hoteles, quiere volver a su pueblo para armar una familia (y enseguida me proyecté en las botas de María Vázquez). Es muy amigo del novio, por eso se tomó un avión exclusivamente para presenciar la unión matrimonial. Jamás se despegó de su vaso de J.B (primera coincidencia: J.B son mis iniciales). Arrancó la charla de la mesa rompiendo el hielo. Fanático de los Beatles (segunda coincidencia) Frase de levante fue: “Yo soy Paul y vos sos Linda, aunque mucho más linda”. Pero todos sabemos que si Roberto no larga el whisky durante seis horas, no hay forma de que no se deforme en un borracho depravado que sólo habla de caballos.

Prospect number two:
Productor televisivo. Medio reo y cheronca, amigo de Marley (comentario que no debería decir nunca. Nunca, ¿me entendés?). Frase de levante: “Tenemos el mismo corte de pelo” (me hizo sonreír, pero no logró mucho más. ¿Qué onda? ¿Alguno de los dos tenía el corte errado?). Cuando me vio charlar con prospect numer one, me tiró una botella de agua mineral por la cabeza (¡¡loco!!!). Antes de llegar a la segunda tanda del baile quebró, se cayó de la silla y quedó desmayado en el piso. Quise ayudarlo pero estaba charlando con prospect number three.

Prospect number three:
Ojazos azules. Frase de levante: “Sos divina. Me das paz” (quizás era el vestido hindú que tenía puesto o los estiletos de 15 cm que daban efecto levitación). Amé su interpretación de mi ser, punto a favor. ¿Quién te dice hoy que emanás paz? Un divino. Pero este muchacho cometió el infortunio de contar de modo muy irrisorio una saga de anécdotas suyas con prostitutas en cabarulos de alta y baja estirpe. ¡Eso no se cuenta en una mesa de casorio, Roberto! Estamos apostando al amor eterno, ¡no ves que tenemos el plato lleno de perdices con mil hojas de papas! Como era de esperarse, terminó la noche con la puta del pueblo (fiel a su instinto).

Prospect number four:
Primo del novio. Pendejo, ocho años más pendejo. Divino. Carismático. Mirada penetrante. Frase de levante: “Si no te beso me muero”. Frase de pendejó calentón, que en toda fiesta aplica…y mucho. Le dimos el ok y el beso pretendido.

Prospect number five(había quedado olvidado):
El lindo del pueblo. Parecía un candidato hasta que apareció la prima de la novia, una Rocío Guirao Diaz de 16 añitos, con cuerpo infartante, vestido minúsculo y blanco que le transparentaba la bombacha. Se entiende. Soy buena perdedora.

Tal como lo predije. No me llevé ni el ramo, ni el anillo. Pero me llevé la liga puesta por el prospect numer four y un rico pebete de jamón y queso.

¡Vivan los novios!

viernes, 10 de septiembre de 2010

Extrañitis

Estimadas Ideas:
Las extraño. Me cuesta lidiar con los cambios y desde que se fueron, no hago más que pensar en el vacío. No digo en un vacío a la parilla con papas al horno, sino en el vacío al estilo agujero negro de Hawkins.
Se portaron medio turras. ¡Háganse cargo, che! Se fueron de un día para el otro. No avisaron, ni me advirtieron. ¡Al final, son como Roberto! ¿Con qué lleno este hueco? ¿Con qué? ¿Con paté?

¿Lo están pasando bien al menos? ¿Están haciendo cosas nuevas, hiper creativas? ¿Ayudaron a otros creativos a ascender? ¿Les dieron premios? Seguro que sí. Yo estoy buscando laburo nuevo, ayer me llegó este mail, me interesa.


Empecé a ver a Tinelli y a leer la Paparazzi. Es para lo que me da el cerebro ahora. También estoy entendiendo la poesía de Belén Francese, esa que me parecía tonta, ahora me parece genial, es una Neruda para mi materia gris.

La verdad es que soy otra persona sin uds. No quiero caer en el reclamo, ni en esas obsesiones de llamarlas y colgar. Mandarles mails cual spam. No puedo odiarlas. Pero bueno, si un día quieren y pueden. Me gustaría verlas, como amigas al menos.
Siempre de uds, Jennísima (¡qué paradoja! Debería firmar Vaciísima).

martes, 7 de septiembre de 2010

Sola, sola, no estoy.

Uno de los temores de vivir sola es el de tener un accidente hogareño y que te descubran muerta tres días después por el olor a putrefacción.

Para evitar una muerte pelotuda hice el curso de primeros auxilios en la Cruz Roja, pero la verdad es que los riesgos ¡son incalculables!

Miércoles a la noche: revolviendo una sopa de municiones con Vitina (no juzguemos mi menú nocturno, por favor) se me trabó el cucharón por un gran grumo pegado en el fondo de la olla y se me vino toda la sopa encima, quemándome la mano y el antebrazo. Enseguida abrí la canilla y puse el brazo debajo del chorro frío, viendo las municiones y mi cena perderse por el drenaje de la pileta.

Me asusté y lloré mucho. Muchísimo. Los flashes mentales del cuello de Tevez me hicieron llorar aún más, pegando alaridos al grito de : “Miráaa sssi la sooop…..pa me qque..maba la caraaaaa, buaaahhhh.”¡Para peor!, de repente aparecieron cucarachas, entre las hornallas, sobre la sopa esparcida haciéndose el festival de la Vitina y el caldito. “¿No veeees? – me dije- Me vaaan a commeeer viva las cucaracharas tammm…bién, ¡buaaaahhhhhhh! Me vvvoy a mooorir… quemmada y comida por inn …sectos, buuuaaaahhhh.”

Sin consuelo seguí llorando, cual coro de viudas frente al féretro. Me imaginé la cara carcomida por esas mierdas con patas. Sin ojos, sin labios, sin cachetes y una cucarachita pasando entre mis dientes moviendo sus antenitas. También imaginé moscas y hormigas regodeándose en el hedor y gozando de los órganos extirpados por las cucarachas. No tardarían en aparecer termitas canadienses por debajo de ese piso divino de madera que tengo, para terminar de roer mis huesos. Y así moriría yo, como lo predijo algún horóscopo de internet: “Muerte de Géminis: quemada con sopa y comida por insectos”.

Por suerte llamó mi hermana y me dijo que fuese a comer a su casa. Así que agarré el Raid dorado, lo esfume por todos lados y huí, como huyen los perdedores, con un repasador mojado envolviéndome el brazo y llorando.

Para todos los pasajeros del subte B que vieron una chica llorando con un repasador goteando, esto fue lo que me pasó.

martes, 31 de agosto de 2010

La vida por un culo digno

Con tanto ocote televisado, a mi me da miedo que el hombre termine pensando que eso es un culo stándard. ¡No Roberto, eso no es un culo estándar!

Esas mujeres rebosan de tiempo para asistir al gimnasio, a pilates, a electrodos y modelar sus nalgas hasta la perfección.Y si se lo operan, lo consiguen por canje.

Si la Cirio trabajara 9 horas con el culo sentado en esta silla de cuerina barata, cuánto te apuesto que ella desearía tener mi traste.

Señoras y señores ¡Díganle no al culo en la televisión!

LI.M.A.FA.C.A.PE.NO.P

Liga de mujeres a favor de la celulitis ajena pero no propia

lunes, 30 de agosto de 2010

¡Desprendete nena!

Pasaron seis años, ¡seis! Lo veo venir y zácate, como si no hubiera pasado el tiempo. Estaba más fuerte que pasarse wasabi por los ojos. Hermoso como me lo acordaba. Todo lindo, todo: el modo en que tenía atado los cordones, el modo de agarrar el vaso, todo. Bello en su completitud, en su metonimia, en su metáfora, en su hipérbole, en todos los elementos retóricos.

¿Sabés con cuántas minas habrá estado después de mí? ¿800? ¿1000? Fui una burbuja más en su copa de champagne. Te aseguro que el resto de las burbujas habrán seguido con sus vidas, conocieron nuevos Robertos, se casaron y tuvieron burbujitas. Yo soy la enferma masoquista que se pasa el domingo siguiente cantando ese bolero que dice “Que necio es este amor que nunca muere….”. ¿Por qué? ¿Por qué no morís amor? Roberto vos no, no te mueras. Al amor le hablo. Morite de una vez, que te agarre alzheimer amor necio del orto. Así no me duele verte, ni me ilusiona rozarte.

Seis años soñando con que me lo iba a encontrar. Nos íbamos a ver y él me diría “Estás hermosa, decime por qué te dejé que no me acuerdo.” Yo le respondería “Por tonto, tonto.” El me abrazaría y me daría ese beso cual marinero que regresa de la primera guerra mundial.

Pero no pasó eso, me ignoró. ¡Peor! Me innnnoró sin g, que es más doloroso aún.

¿Cómo se extirpa el deseo, las ganas, los sueños, los recuerdos, la calentura? ¿Es necesario extirparlos?

martes, 24 de agosto de 2010

Alhajas de la familia

Mi padre se regocija diciendo que sus tres hijas son sus joyitas, pero en realidad hay una sola joya valiosa en mi casa y está bien escondida. Bahh, ahora está bien escondida, porque por varios años estuvo en una bolsa de carbón debajo de la parrilla. Mi tío dice que era un escondite estratégico, mi madre dice que fue un descuido "típico de tu Tío que no cuida nada".

Resulta que esta joya es un anillo de oro con tres rubíes alineados rodeados por seis diamantes fulgurantes. ¡Es un bruto anillo! Un anillo que si te lo ponés te quiebra la falange, falangina y falangeta al instante. Mi abuela, en un lapsus de nostalgia, se lo probó a sus 78 años y se desgarró el bícep. Te digo que es un anillo de la re concha de la lora, debe pesar lo que un pavo relleno en navidad.

¿De dónde vino este anillo?

De las prestigiosas damas de mi distinguida familia española (sí, además de whisky también tengo azafrán en mi sangre). Las mujeres de mi familia han sido desde el comienzo muy intrépidas, demasiado arriesgadas y ultra vanguardistas. Fueron las primeras en usar pantalón en Banfield y en usar bikini en la playa Bristol. Dicen que la Tía Eugenia fue una visionaria cuando le dijo al Tío Alejandro: “Vení, sacame una foto con el lobo marino de la rambla”. De ahí en más, todo aquel que veranea en la Felíz posa junto a los mamíferos de piedra, gracias a la Tía Eugenia.

Esas prestigiosas damas son mis tres bisabuelas. Las mismas que revolucionaron el Casino Hermitage de Mar del Plata cuando se jugaron 1000 pesetas en la ruleta, todo al 0 y ¡ganaron!

Claro, ganaron tanto, pero tanto que no sabían qué hacer. Si lo llevaban a la casa, sus maridos se harían cargo de la adecuada administración: comprarían hectáreas en La Pampa, un nuevo Ford T a color, cosas que hacían los Robertos de esa época. Entonces decidieron ir a la joyería de la esquina, que hoy ya no existe y se compraron las 3 tías, 3 anillos iguales. Uno de ellos es el que está en casa bien resguardado. De los otros dos no se sabe nada, quizás fueron dilapidados en otros veraneos errantes, con chupi, farrucas, vestidos y ruletas.

Mamá quiere convertir ese anillo en tres delicados anillitos para dejarnos de herencia. Pero yo me conformo con continuar con el espíritu de estas damas y cada vez que voy al casino le juego todo al 0. Algún día compraré mi propio anillo de rubíes, diamantes, esmeraldas y una perla negra en el centro. Es que mis antepasados habrán sido vanguardistas, pero yo soy la más ecléctica.

jueves, 19 de agosto de 2010

Esfuerzos y relajos

Cuán fácil es convertirse en una persona de mierda.

En serio, no cuesta nada. Puteás a alguien que no te hizo nada, a alguien que casi te hace algo y te sacás con ese hijo de Satanás que no te dejó bajar del subte. Llegás al trabajo, no hacés más que quejarte por tu jefe, por el café arsenizado, tus compañeros y el cliente que es un forro y siempre arruina tu trabajo. Escribís un post polémico sobre los pobres, te negás a comprar un regalo a una amiga porque es caro y listo, usted tiene a un ser de mierda en su interior.

Cuán difícil es convertirse en una persona de bien.

Catorce años de terapia, miles de cursos de autoayuda, un año de couching, cinco hectáreas de flores de bach, quinticientos globulitos homeopáticos, dos estantes de libros espirituales, clases de yoga, meditación, trabajo social, siglos de rezos y plegarias a Dios y nada. Ni un atisbo de paz interior, de compasión, de misericordia, de bondad automática.

Aunque dedicara todo mi tiempo en tratar de ser buena, con un solo segundo de maldad uno echa toda esa bondad por la borda.
Si pese a todo esfuerzo la maldad siempre florece, trataré, al menos, de ser una buena hija de puta.

viernes, 13 de agosto de 2010

Muchos en esta pecera

El amor duele tanto fuera como dentro del agua.

Tenía tres goldfish, clásicos pececitos naranja de pecera: Batata con chocolate, Gladys y Roberto. Convivían en una pecera rectangular de un solo ambiente, humilde, con algunas piedritas de colores fosforescentes, vista amplia a mi cocina y muy luminoso.

Con sinceridad, salvo a Batata con chocolate que se distinguía fácil por los colores que portaba, Gladys y Roberto eran imposibles de identificar, podían ser cualquiera de los dos.

Llegué una noche tarde a casa y los ignoré. Fui directo a mi habitación sin siquiera acariciarlos.

Si tan solo les hubiese echado un vistazo…

A la mañana siguiente esto fue lo que vi: Batata con chocolate estaba muerto en el piso sobre la baldosa blanca de mi cocina. Otro flotaba muerto, su cuerpecito escamoso estaba degollado y su cabeza me miraba con esos ojos saltones de pez muerto. El tercer pez seguía nadando con una cara de “No es lo que parece”.

¿No es lo que parece? ¿Qué parece?

Reconstrucción 1:
Roberto había peleado con Batata con Chocolate por el amor de Gladys. La pelea se les fue de las aletas y Roberto, con fuerza de Aquaman, sacó a Batata de la pecera quien murió en el acto. Gladys le había dejado bien claro a Roberto que ella nunca amaría a un asesino, entonces él la mató. Le mordió el cuello hasta degollarla.

Reconstrucción 2:
Batata amaba a Gladys, pero como era un amor no correspondido la mató. Si no sería de él, no sería de nadie. Sin embargo no pudo con la culpa y se suicidó. Roberto no se dio cuenta de nada, se había colgado viendo una mosca.

Reconstrucción 3:
Gladys hinchada de mantener a dos hijos de puta que la explotaban y la maltrataban, tomó coraje, lo rajó de una patada en el orto a Batata, degolló a Roberto y ahora disfruta la paz de una casa ordenada y sin olor a huevo.

Sea cual fuera la verdad. Cada vez que como sushi, me acuerdo de esto y no dejo de preguntarme ¿Qué paso? ¿Qué paso?

lunes, 9 de agosto de 2010

Clorofila

Admiro a mis tres plantas. A mis tres plantas de ventana. Tres plantas que han logrado sobrevivir a mis olvidos y mis descuidos. Plantas que crecen, florecen, se deshojan; Se riegan y se remueven la tierra. Todo lo hacen sin mi ayuda.

Si yo fuera una planta todavía estaría tratando de entender cómo mierda hacer fotosíntesis. Tendría ataques de ansiedad por verme florecer y me angustiaría severamente ver cómo las hojas me abandonan en otoño. Lo tomaría personal, como un rechazo. Me marchitaría los domingos por la tarde.

Pero eso sí, te aseguro que te perfumaría la habitación todas las mañanas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Vos, ¿tenés un pobre?

En mi casa cada uno tiene su pobre.

Ellos fueron apareciendo de a poco, tocando el timbre con sus carismas, sus caritas, sus pedidos, sus personalidades y nos fueron conquistando, hasta que los hicimos nuestros.

El pobre de mi mamá apareció hace 7 años y viene todos los sábados a la mañana pidiendo una monedita. Si le querés dar otra cosa, como un vaso de agua en enero, te dice que no; le regalás un pulovercito en junio y también te lo niega. En casa le decimos “el chico de la monedita”.

El pobre de mi papá, se llama Diego. Ser el pobre de mi papá no es fácil, porque él no da limosnas, él necesita que el otro se gane la ofrenda. Entonces Pá le hace lavar el auto o barrer la vereda. También los pone a prueba, un día lo escuché mientras le tomaba la tabla del siete. ¡Pobre Diego! Doblemente pobre, ni suerte con su dador de limosnas tiene.

Mi pobre se llama Malena. Cumple el mismo día que yo, eso me enterneció, me proyecté en ella y quise ayudarla. Cuando tocó timbre por primera vez tenía diez años, ahora tiene dieciocho y tres hijos. Yo soy de la que te da y te deja una enseñanza de vida. “Estudiá, Male. Vos decime qué necesitás y te lo compro. Haceme caso, no dejes la escuela, es lo único que te permite crecer en esta vida” o “No vayas a quedar embarazada” (en esta última fallé, debo admitirlo).

Hace un par de años me fui de casa y Male ya no pasa más. Pero ya tengo una nueva pobre, que además de indigente es no vidente. La semana pasada la salvé de que se caiga por la escalera de la línea D y desde entonces decidí que sería mi protegida.

Sea bueno como Jennísima, además de mantener un Roberto, consígase un pobre.

lunes, 2 de agosto de 2010

Operación Garompa

Ir al Golden puede ser muy peligroso.

Más allá de los riesgos que todos conocemos, tales como: la pérdida de noción de las dimensiones reales de una poronga promedio, el brote de la vagina loca, la pulsión por abandonar a Roberto y cuernearlo hasta que se termine el mundo con un tipo que se llama Kevin, que logra mantener una erección más tiempo que lo que dura el planchado definitivo, hay un peligro del que nadie habla. Un fantasma, que ninguna de las ocho amigas que fueron esa noche a festejar la despedida de soltera de Martita, pensó que podría pasar.

Mientras ellas se entretenían en la Abadía del stripper pijudo, sus teléfonos sonaban sin cesar en sus carteras. El coro de ringtones pasaba desapercibido entre los alaridos y aullidos. Esos celulares encerrados en la oscuridad gritaban “atendeme, atendeme”, pero ellas estaban hipnotizadas gritándole lo mismo a los Adonis bañados en testosterona y lubricantes.

Estelita buscó en su cartera la billetera con la idea de frotarle un billete de 20 al abdomen de Juan Carlos y sin querer sacó su celular. “¡¿Catorce llamadas perdidas?!, qué raro”, pensó. Se lo comentó a sus amigas y ellas revisaron los suyos. Todas tenían entre ocho y doce llamadas provenientes del mismo número: del padre de Estelita. ¡Entraron en pánico!

Estelita lo llamó de vuelta, pero ya era muy tarde.

Hacía cuatro horas que su familia trataba de contactarla. Un llamado anónimo los había extorsionado. Les habían dicho que la tenían secuestrada y les pidieron $100.000 pesos de rescate.

Cómo ella no respondía porque estaba cabalgando al mozo que le traía fernets, su padre accedió a pagar el rescate, dejándolo sin un peso y la bronca de haber sido engañado.

Así que muchachas, por el bien de la economía familiar, cuando vayan al Golden, no dejen el celular en sus carteras, pónganselo en la entrepierna en modo vibrador y que Papu llame cuantas veces quiera.

miércoles, 28 de julio de 2010

Excelente oportunidad

Señorita busca experiencia que la haga sentir viva. Con pasaporte al día y todas las vacunas dadas.
Rápida para alistarse, se peina al viento y con un poco de perfume parece limpita.
Sabe idiomas: inglés, español, francés, portugués, lenguaje de señas y el del amor.
Facilidad para adaptarse a nuevas culturas. Afinada en su cantar y fina en su andar.
De paladar amplio, con reservas para el pionono salado. Cálida y a la vez aventurera. Con vasta experiencia en el amor. De asombrosa elongación y gran resistencia.
Posee cámara de fotos propia y seguro médico a su nombre.
Disponibilidad para largar todo a la mierda a la primera oferta.
Partida garantizada.

¡Gracias Luma!

viernes, 23 de julio de 2010

Amor de antaño (Es largo, como te gusta).

El amor lo inventó la primera Jennísima de mi familia. Antes de ella no existía el amor en Inglaterra. Como en aquel entonces tampoco había blogs, hoy se los cuento yo acá, quince Jennifer después.

1823- Carlisle- Inglaterra

Jennifer I
- I want to get married, father! // ¡Quiero casarme padre!

Thomas III
- I won’t allow it! Go to your chamber. Put on your chastity belt and lock it. // ¡No lo permitiré! Vete a tu alcoba. Ponte tu cinturón de castidad y ciérralo.

Jennifer I
- Oh, father, I love Robert so much. Let me do it! // Oh, padre, amo tanto a Roberto. ¡Déjame hacerlo!

Thomas III
- But you are only fourteen years old, for god sake! //Pero tienes apenas catorce años! ¡Por el amor de dios!

Jennifer I
- I don’t care, I will marry him. I hate you! I hate you! // No me importa, me casaré con él. ¡Te odio! ¡Te odio!

Jennifer I era impulsiva, romántica, un corazón vehemente, características que lograron entrometerse en todos los genes descendientes.

Robert I, su primer y único Roberto desde los siete años, la esperaba a la madrugada con su carruaje detrás de la barbería de Mr. John. Juntos escaparían a Escocia para casarse. Los escoceses, brutos y borrachos como se los consideraba, defendían el amor sin restricciones. No se necesitaba el permiso de los padres para contraer matrimonio, sólo exigían ser mayor de trece años.

Jennifer I se levantó a las cuatro de la mañana, tomó ese velo de tul que había bordado con flores azules durante semanas, lo plegó hasta convertirlo en pañuelo y lo guardó debajo de su pollera, sujetándolo con un lazo de raso lila.

Escapó por la ventana y fue corriendo por la calle trasera. Robert estaba nervioso, había cortado unas flores silvestres e hizo de ellas un hermoso ramo nupcial. Cuando la vio, la tomó entre sus fuertes brazos ingleses y la besó, como a una botella de whisky en una noche de invierno.

Se subieron a la carroza y se dirigieron hacia Escocia. Fueron cuatro horas a galope. Atravesaron The Adrian Wall y llegaron a la capilla Gretna Green.


El pastor Douglas los aguardaba con su kilt escocés verde. Jennifer I estaba nerviosa, ya había desplegado su tul y se lo había puesto sobre la cabeza, era largo hasta el piso. Lo fijó con unas orquillas. ¡Estaba hermosa! Robert se colocó una flor en el ojal y le entregó el ramo. Esperaban su turno en medio de una habitación oscura y chiquita tomados de la mano.

De repente, se escucharon unos gritos desde afuera, viniendo desde la colina.

- “¡Jennifer! ¡Where is Jennifer?! Damn you Robert, I will kill you!” // ¡Jennifer! ¿Dónde está Jennifer? Maldición, Roberto, ¡voy a matarte!

Jennifer I
- Oh, god, it´s my father. He is here! // Oh, dios mío. Es mi padre. Él está aquí.

Mrs. Audrey, la asistente del pastor, los acompañó a otra habitación: a la recámara donde las parejas consumaban su amor luego de ser casadas. Antes de dejarlos encerrados les dijo: “Stay here. Don´t worry, everything is going to be all right. You can make hot and orgasmic noises. That will help.” // “Quédense aquí. No se preocupen, todo estará bien. Pueden hacer ruidos calientes y orgásmicos. Eso ayudará.”

Mr. Thomas III entró a la capilla con una escopeta. Estaba desquiciado, irradiaba la violencia de un Vikingo cocainómano. “Where the hell is my daughter?” / “¿Dónde diablos está mi hija?”, gritó.

Mrs. Audrey trató de calmarlo, le dijo: “Mr. Thomas III, It ´s too late. They are alredy consumating their love. Listen to them.” / “ Sr. Tomás III, es muy tarde. Ya están consumando su amor. Escúchelos.”

Ambos jadeaban y gritaban como si estuvieran en una orgía con William Wallace y media docena de su ejército.

Mr. Thomas III, desconsolado y decepcionado, abandonó la capilla y fue a buscar consuelo en el bar “Gretna Green Chapel Bar”.

Jennifer I y Robert salieron de la habitación como dos ratoncitos temerosos. Pasaron al salón del matrimonio, pusieron sus manos sobre un yunque y se juraron amor eterno. El pastor los declaró marido y mujer golpeando el yunque con un martillo al grito de “You may kiss the bride”/ “Ya puede besar a la novia”. Se besaron dulcemente y a la vez con cierta ansiedad. Volvieron a la habitación que los había refugiado un rato antes para consumar su amor con locura y pasión desenfrenada (luego de que Robert lograra romper la cerradura del cinturón de castidad).

Fueron muy felices, a pesar de que Robert se fue convirtiendo en Roberto con los años, pero Jennifer I siempre lo amó. Así somos las Jennísimas, queremos a los Robertos tal como son.

miércoles, 21 de julio de 2010

Fuiste, sopa

Quise ayudar y no me dejaron. Quise ser bondadosa, dadivosa y me desaprovecharon. Intenté ser altruista, desprendida y me derrocharon.

La ecuación frío más pobres durmiendo en la calle daba una oportunidad para ser generoso con el prójimo desposeído.

Saqué el alfiler y pinché la burbuja calentita en la que vivo. Me dispuse a unirme a la casta de solidarios que vaga por las noches repartiendo frazadas y un plato de comida.

Me visioné revolviendo una sopa humeante en una olla grande, poniendo diez calditos de gallina, repartiéndola en termos y un Dios mirándome desde la estratósfera orgulloso de mí.

Pero el pobre es pobre y no boludo. Es comprensible que te pida fideítos. “¿Caldo solo?”, se preguntaría el inválido monetario. “Tengo que ponerle municiones y Vitina”, pensé.

Salí del trabajo a las siete, pasé por un cotillón para comprar vasos térmicos y estaba cerrado. El subte estaba lento. Eran las ocho y me faltaban seis estaciones, siete cuadras caminadas y la cocción de cinco litros de sopa. Tenía que pasar por el súper para comprar los fideos. Ya estaba llegando muy tarde. Demasiado.

Llamé a la ONG y me dijeron que las tareas y zonas estaban repartidas, que mejor fuera otro día, más puntual. Pero en la semana me dio fiaca, hacía tanto frío que no daba.

Una pena, porque ese día yo re quería ayudar y no me dejaron. Claramente, no me dejaron. Parece que mi solidaridad es como los Robertos, aparece cuando le pinta.

jueves, 15 de julio de 2010

Me declaro inocente Sr. Juez

Hay padres que se preocupan si no comés, si no estudiás, si no tenés plata para llegar a fin de mes. Mi padre se preocupa por otras cosas.

Cuando chequeé el celular tenía tres llamadas perdidas y un sms de mi viejo: “¿Estás bien?, ¿Dónde andás? Llamame.”

Tuuuu, tuuuuu, tuuuuuu.

- Hola hija, ¡por fin me llamás!
- ¿Qué pasó Pá?
- ¿Dondé estás? Mejor mandame un sms con un número de teléfono donde te pueda llamar. No hables desde tu teléfono, por seguridad.
- ¿De qué me hablás? ¿Seguridad de qué?
- Saliste en el noticiero Jenn, te están buscando.
-¿Qué? ¿Quién me busca?
- ¡La policía, hija!
- ¿Por qué?
- ¡Saliste en el noticiero! Te tomaron las cámaras del Banco Francés poniendo una bomba casera en el cajero. La cámara te filmó a vos, Pedro ni salió, solo su sombra.
- ¿Qué? ¿Puse una bomba? ¿Yo? ¿Tas loco viejo?
- Ay hija, si no fuiste vos, esa mujer es tu doble.
- Pá, ¿me llamás porque pensaste que puse una bomba?
- Sí, en realidad quería ayudarte a escapar. Hablé con el Dr.Galimberti (abogado de la familia) y me dio indicaciones.
- No, Pá. No puse ninguna bomba, estuve en el trabajo todo el día.
- Yo no sé Jenn, quizás te vayan a buscar a vos por similitud. Sos un calco de la mina.
- Pá, además no soy del Banco Francés, soy del Citi.
- Escuchame, no corramos riesgos, andate a Retiro y sacá pasaje a Córdoba. En Calamuchita está el Tano, ya hablé con él, te va a estar esperando. Decile a Pedro que haga lo mismo, pero a otro lado.
- Pá, Pedro (mi amigo de toda la vida)¿qué tiene que ver? Está en su trabajo.
- Haceme caso hija, recién llamó tu abuela, también vio el noticiero. Estamos asustados.
- No, Pá. No va a pasar nada. Tengo testigos que pueden declarar que estuve acá laburando. Quéndese tranquilos.
- Vos sabés lo que hizo el Dr. Galimberti con tu madre. Hagámosle caso.
- El Dr. Galimberti nos va a hundir. Vamos a terminar todos presos por su culpa. A quién se le ocurre hacer un acto de defunción para zafar de una multa por velocidad. Es capaz de hacerme un acta de defunción a mí también. ¡Ese doctor se quiere quedar con la herencia viejo! ¡Nos quiere matar uno por uno!
- No hables así Jenn, yo no me quedo tranquilo. Andate a Calamuchita unos días.
- ¿Y qué le digo a mi jefe? ¿Me tomo unos días porque soy parecida a la mina que voló un cajero con una molotov?

En fín, me quedé en casa. Nunca saqué el pasaje, la policía jamás me vino a buscar y el Banco Francés me llamó a los dos días para ofrecerme una tarjeta de crédito.
Jennísima le dice NO las armas. Salvo a la pistola de Roberto, porque esa dispara pero no te mata.

viernes, 9 de julio de 2010

La reina del piquete

¿Qué se creen? ¿Que el blog de Jennísima se mantiene fuera de la política, que no es un blog militante? Sí, Jennísima, además de militar por una poronga digna y el amor de Roberto, también pone sus patas en el lodo de esta pútrida sociedad por una ideología. Se encolumna detrás de banderas partidarias que avivan la revolución. Hablamos de marchas, de esos movimientos populares que defienden su miseria sometiéndose a una ingrata peregrinación de súplicas y a la exposición del odio de sus pares.

Sí, Jennísima se une al pueblo y mientras uds. se distraen viendo culos y siliconas, les traigo realidad, ¡carajo!

Resulta que venía manejando por las calles de Lomas de Zamora, llegando a la esquina que corta con la peatonal Laprida, donde se levanta el estoico Banco de la Provincia, cuando de repente, como si hubiesen germinado del asfalto, aparecen unas 100 personas cortando la calle. Justito en frente de mis lunares. Fue en un instante, ni bien frené ante el rojo carmesí del semáforo mi camino se vio truncado por un piquete.

Con banderas, bombos, redoblantes, palos y caras cubiertas se interpusieron con causa justa, ¡porque siempre lo son! Uno no se hace manifestante porque está copado y pintó ir después del cafecito ¿eh?

Yo los apoyaba, pero dado el grosor de la masa, parecía que iba a tomar un buen tiempo el repudio contra el banco. No podía quedarme parada, ni abandonar el auto para irme caminando a casa. Así que identifiqué a su líder. Me bajé de mi vuaturé y fui a hablar con él. A negociar, como lo hacen los grandes líderes del mundo.

“¡Jefe!”, le dije. Él se bajó el pañuelo que le cubría la cara y me miró desorbitado. “Yo les hago el aguante. No les pido que abandonen su lucha, porque este país solo escucha cuando le metés el dedo en el culo o le cortás la calle, pero te pido si me corrés a la gente un toque, media callecita nomás, así podemos pasar. ¿Puede ser?”.

“¡Muchachos, cójanse a la piba!”, gritó. Y yo salí corriendo, tan fuerte como pude, pero me alcanzaron…

Nooo, no pasó eso. ¡Qué susto! ¿no?

Me dijo: “No hay drama. Ya te los corro, linda”. Dicho y hecho. El piquete se desplazó para que pudiéramos seguir nuestro camino motorizado. Y el público que miraba parado en la vereda con temor me aplaudió, los autos que estaban detrás de mí tocaron bocinazos, de los lindos, de los que se tocan cuando gana Argentina un partido. Yo era su Evita. Su luz. Su Moisés abriendo las aguas para el éxodo. ¡Me convertí en una Chiche Duhalde!

Y me fui contenta, orgullosa, porque cuando el pueblo se apoya y se trata con respeto y cariño, todos podemos llegar a un acuerdo… y a casa.
¡Roberto, venite que acá tenés dos gomas para quemar!

martes, 6 de julio de 2010

Nuevo record de giles

Una amiga quiso presentarme a un amigo de su novio. Ella le comentó sobre todas mis bondades y para darle un respaldo válido a sus dichos, fundamentó mi inteligencia y buen humor con mi blog. “Entrá a Jennisima, vas a cagarte de la risa”, le dijo. La descripción del susodicho se acomodaba a mis cajitas: cajita de profesión, de gustos musicales, de intereses culturales, entre otras. Así que un poco me entusiasmé, lo confieso.

Hay algo que yo ya venía sospechando hace tiempo: que Jennisima.blogspot no me hace justicia. Es decir, soy más que un blog, de hecho tengo un cuerpo, con órganos y muchos aspectos personales más. Es obvio que contar que ando enterrando soretes en el jardín, o cortando miembros no es la mejor tarjeta de presentación sobre mi estado mental. Pero tampoco seamos hipócritas, ¿a quién no se le tapó el baño? ¡De soluciones ocurrentes, han nacido grandes inventos, señores!

Pasaba el tiempo y del entusiasmo de mi amiga quedaban miguitas que se las comían los pajaritos. Finalmente terminé preguntándole si tenía novedades de aquel galán que tan bien me había descripto y calificado.

- Sí. Me dijo: “Tu amiga está de la cabeza”. Pero no te preocupes, no entendió nada. Es un boludo.

Será un boludo y todo, pero una se queda con ese gusto a hepatalgina y anticorrosivo por haber sido rechazada sin siquiera haber sido conocida. Solo se me ocurre decirte: “De la que zafaste, porque con giles como vos me hago una ensalada Waldorf”.

Niños, no todo lo que leen es verdadero, salvo Jennísima.

miércoles, 30 de junio de 2010

Mancomunadamente

“¿Querés que trabajemos mancomunadamente?”, me preguntó. Y yo me imaginé manca. Me miré los brazos y no los tenía. Tenía dos muñones y un nudo en cada manga de la camiseta.

“¿Querés que trabajemos mancomunadamente?”, me repitió. Y yo seguía impactada con mi ausencia imaginaria, por eso tardé en responderle.

“Como quieras. Una mano me podés dar”, le respondí jocosa. Pero la imagen ya estaba plasmada en mi mente.

¿Cómo sería mi vida si fuera manca de los dos brazos?

Roberto estaría chocho a pura mamada, aunque a veces se conformaría con una paja con el pie. Los de la pizzería se hubiesen llenado de guita de tanto delivery. Solo me vestiría con vestidos y no usaría bombacha. Abriría la canilla del videt con mis piecesillos. Seguiría siendo bloggera, pero escribiría con mis pies, obvio. Tendría un grupo en Facebook llamado “bloggeras de pie” y me haría fan de “Yo no pongo las manos en el fuego por nadie”. Jamás aplaudiría al grito de “¡un aplauso para el asador!”. Marcaría las teclas del teléfono, el botón del ascensor, la clave del cajero, el control remoto y tantas cosas más con mi lengua y para evitar contagiarme vinchucas raras usaría un preservativo lingual. Nadaría con un chaleco salvavidas. No podría saludar de lejos, ni pedirle la cuenta al mozo, tampoco parar el colectivo, ni taparme la boca al estornudar.Olvidate de hacer motoncito con los dedos. Me preocuparía más hacerme una prolongación lingual que las tetas. Bahh, no sé, porque podría hacerme los pezones de acero y en lugar de usar la lengua te toco el timbre con mis timbres.

Pensándolo bien, creo que voy a empezar a cuidarme más mis lindos bracitos.

martes, 22 de junio de 2010

Ese ex

Renegué del querer. Me estresé. Pensé en meterme en retretes efervescentes. Pensé en el tren del este, que me lleve, que me expele.

Recé. Recé trece veces en el mes. Pensé en ese ser. Me elevé en el zen.

- Crece el que cree. Debes tener fe.

Derrepente…

-¡Es ese, es ese! Sé que es él.

Remé, remé. Llegué. Me le entregué, le trepe el pene, le besé. Celebré el semen.

Tendré el bebe.

- ¿Qué? ¿Tres bebés? ¡Es excelente!

Esther me lee:
Te dejé. Entendeme. Ernest.

¡Reyes que se venguen de él! Desee que le segmenten el pene.

-¡Déjenme que le pegue! ¿Qué se cree este pelele?

Temblé. Temblé tres veces.

-¿Qué pretende?

Le execré. Me cegué de verde. Relevé leyes que me dejen entender qué es perder, qué es entremeterse en el deber del ceder. Me vengué en el entremés: le desmembré.

-Este es el pene de ese mequetefre.Jejjejejje.

jueves, 17 de junio de 2010

P.U.T.A

No voy a meterme con la profesión más antigua del mundo. Ni en la discusión sobre la legalidad de la misma. Voy a meterme en mis ganas de revolear la chancleta. O en la ganas de que se metan en mis ganas de meterme...en fin, ¿alguien que se quiera meter?

Tengo la estampita de la virgen Llorapenes en mi cartera y creo que deberíamos rezarle más. Es grande la legión de féminas desorientadas, que pese a estar orgullosas de su autosuficiencia recaen en la melancolía por tener un Roberto para decirle: “Roberto, hoy almorzamos en lo de mamá.”

Pero como esos momentos son tan efímeros como las raíces rubias en una morocha, nos encontramos con otra situación: por qué no aprovecho la soltería y me pongo un poco más livianita de prejuicios y me hago un poquito más puta. (Putita me suena más ofensivo que puta. Y putona me suena a reventada de crack).

Te lo planteo como si mi familia no leyese el blog.

Cuando me llegó la cuenta de teléfono pensé: qué onda si la próxima vez que un Roberto me invita a cenar y al cine, le digo que me dé esa plata y nos quedamos en casa que le cocino unos ricos moñitos con manteca. Con esa plata te pago las cuentas, ¿me hace muy puta o muy rata?

Abandono el tema acá porque corro el riesgo de derrapar. (Desde el fondo me gritan que ya derrapé). "¡Bueno señor, vaya y vote a Monseñor Bergoglio!"

Se los cuento así cortito como quien no quiere la cosa. Ya lo dice el slogan: el amor propio no tiene precio para todo el resto existe Mastercard.