Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 19 de enero de 2010

No ingerir

Hay cosas que van a la boca y no hay que tragarlas. Bueno, me pasó que lo tragué.

Tenía cita con Roberto y me lavé los dientes. Pero a mí me gusta tener la boca bien mentolada. Entonces no me alcanzó con la cepillada y recurrí al pomito de noc10 que tengo en la cartera. Saqué un poquito con el dedo y me lo mandé a la lengua. Sinceramente no sé qué hice pero cuestión que me lo tragué de golpe, como una bolita de wasavi. Di tres pasos hasta la puerta y sentí un fuego que no venía del chakra pélvico, ¡venía de la garganta!

Un fuego del carajo que me calcinaba la campanita y todo el tracto inicial del esófago. Fui a buscar un vaso de agua y me hice una gárgara. Cuando lo escupí salió espuma. Otro buche, más espuma. Me dije: “empezá a tragar el agua flaca que esto pinta rabia por envenenamiento". A vaso lleno intenté mitigar esa llama, pero era cada vez peor, era un fuego que se alimentaba con agua, cual criter. Me asusté tanto que pensé que tenía que despedirme de la vida con una nota manuscrita con pasta dental. Miré la fecha de vencimiento del pomo: 1012, ¡claro! Una epifanía del final de mi vida y al lado decía “No ingerir”. ¿Qué significa no ingerir si es pasta de dientes? Es obvio que alguien se lo va a ingerir. Noté que había un 0810. Llamé. No atendían, estaba fuera del horario de servicio al cliente. ¡Pero mierdas! Me estoy muriendo y uds no ponen un puto pasante latinoamericano para que atienda el teléfono a las once de la noche. Sentía la úlcera perforante arrebatando mi cuello. Mi saliva laceraba mi esófago. Llamé a mamá: “Tomá leche”, me dijo. La gracia del Señor me había llevado al supermercado tres horas antes y tenía un sachet para amainar la quemazón. Vaso uno, adentro. Vaso dos, adentro.

Lo llamé: “Roberto, veníte que me pasó algo terrible. Me envenené con NOc10.” Para cuando llegó yo estaba googleando: “ingerí Noc10, qué hago.” Pero no encontraba nada. La página web de Colgate tampoco decía nada. Me había bajado medio sachet y aún me sentía un dragón en plena navidad china. “Googleemos envenenamiento”, le dije. Saltó una lista de productos y cómo actuar en cada caso. Buscamos productos parecidos al grado de toxicidad del Noc10, decía: tomar leche. Eso hice y a la hora me calmó. La cita recién comenzaba, sin embargo le dije:
"Roberto, me tomé tres cuarto de sachet, hoy no quiero más leche".

viernes, 15 de enero de 2010

El amor en otros formatos

Puedo engancharme, coparme, hacer como que te amo, pero ¿amo? En la vorágine de la inestabilidad emocional y con el repique del taladro mental con mecha número ocho de mandatos familiares y sociales, llegué a esta pregunta: ¿Tengo la capacidad de amar a una persona? Y mi respuesta es: si amo a mis perros, cómo no voy a poder vincularme sentimentalmente con otro ser humano menos peludo que mis perritos Lennon y Lord Byron.

A ellos los amo. Cuando los veo moviendo la colita, me regurgita una emoción irrefrenable por abrazarlos y olfatearlos cerca de la orejas. Aunque algún Roberto lector se esté entusiasmando, me adelanto: jamás pensé en imitar a la fulana que se unta la mermelada ya sabemos dónde para que su perrito haga ya sabemos qué.

Hasta el momento de estar tipeando esto, no he definido si me va o no la idea de galopar en pelotas un caballo a pelo. Esa podría ser mi experiencia sexual más cercana con un animal.

Uno también puede amar prendas. Roberto, estoy segura de que vos amás una remera, esa que parece trapito rejilla. No por eso vas a hacerle un agujero con una tijera para garchártela.

Si somos capaces de amar objetos y animales, cómo no vamos a ser capaces de amar a una persona.

martes, 12 de enero de 2010

Hablemos de otra cosa

No hablemos de Roberto que desapareció hace dos semanas. Igualmente, creo que es típico de una relación sana, esto de darse espacio. Si seguimos así, puede ser que sea mi pareja más larga.

Hablemos de otra cosa mejor. ¡El kilo de mandarina está 6 pesos! ¡Pero qué cara que está la fruta, Marta! Aunque más cara me va a salir la sesión de terapia si Roberto no aparece nunca más.

Hablemos de otra cosa ¡ya! Me vino. Sí, sí, me vino. Está bueno que te venga cuando salís con un chico nuevo que desaparece, porque después mambeás qué hago si quedo embarazada. “Hola Roberto, soy yo, la de rulitos y pequitas que te garchaste en el piso de pinotea recién lustrado con Pinolux aroma a bosque de Arayanes. Mirá, estoy esperando un hijo tuyo. Pero no te preocupes, todo bien. Si no te querés hacer cargo, tengo un amigo gay que me hace el aguante.”

Claramente no puedo hablar de otra cosa.

lunes, 4 de enero de 2010

Cuestión de tiempo

Tengo un mes para que me conozca y me deje.
Tengo 30 días de pasión y sexo desvergonzado antes de que me vea demasiado impulsiva e intensa.
Tengo 720 horas de besos y lengüetazos hasta que me pida que no coma más berenjenas al escabeche. Entonces voy a tener que elegir entre él y ese frasco irresistible. Y voy a optar por las berenjenas, porque así funcionan las adicciones.
Tengo 43200 segundos de miradas sugestivas y jadeos en el cuello para que se percate de que si no lo hacemos a mi modo, me agarra la fobia y necesito huir.

Ya lo dice la Legrand: "el tiempo es oro en polvo" y yo digo "El tiempo es un polvo que vale oro".

Pd: Se habrán dado cuenta qué me trajo Papá Noel en el arbolito: sí,¡un nuevo Roberto! Pero me olvidé de pedirle que dure, así que eso se lo voy a pedir a los Reyes Magos. ¡Bienvenido 2010!