Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 29 de abril de 2010

Cómo se limpia un inodoro

Diez años atrás cuando terminé el colegio, mi madre, la misma que a los ocho años me hizo enterrar un sorete con una pala, tuvo otra brillante idea. Supongo que la habrá sacado del mismo libro didáctico escrito por micos del Congo belga endrogados.

Madre

“Le dije a Clementina (señora que se encargaba de la limpieza de mi hogar) que no viniese más. Quiero que te hagas cargo vos de los quehaceres. Te va a hacer bien, vas a aprender cómo mantener una casa.”

Fue así que cuando mi padre y madre iban a trabajar y mis dos hermanas al colegio, me calzaba el delantal y hacía las camas, cambiaba las sábanas, barría, lustraba, ponía la ropa en el lavarropas, etc. Lo hacía sin perder mi onda: baldeaba escuchando a Janis Joplin, plumereaba con Gershwin, franeleaba con Luis Salinas y me enfrentaba al trono con un vigoroso y alentador Led Zepelin.

Un día empezó la transformación: saludaba a las vecinas por su apodo y sabía que el esposo de Alicia hacía cinco años que no salía por la depresión y que Susana, la que vive a dos casas de la mía, se había acostado con el de la garita, por eso lo echaron. Lo mejor fue que el esposo, cuyo tamaño era atemorizante, se enteró y fue corriendo a voltear la garita de una patada con el tipo adentro. Fue exquisito el banquete de rumores. Ellas también chusmearían sobre mí.

Vencina

¿Podés creer que la señora de la casa rosa, la que es doctora, ¡obligó a su hija a ser su mucama!?

Vecina 2

No me digas. ¡Es tan linda esa nena! Simpática, con esos rulitos. La veo baldear con ganas. Le debe gustar.

Vecina

¿Qué le va a gustar? Se debe drogar, por eso la quieren en la casa. Un día esa gente se rebela y mata a toda la familia. Después nos sorprendemos en la tele.

Y bueno, dejé que hablaran y seguí limpiando. Hasta que el año terminó y mi madre dio por concluida mi formación en limpieza y administración hogareña y recontrató a Clementina, que volvió chocha a casa y yo la abracé mucho y nunca más dejé la ropa tirada.

miércoles, 21 de abril de 2010

Ardiendo en el infierno

Él ya había dejado los hábitos cuando nos conocimos. No me refiero a que dejó de fumar o de tomar. Hablo de la sotana, del alzacuellos blanco. El muchacho había abandonado el monasterio una semana antes de cruzarse conmigo. Después de diez años en un monasterio en la montaña, donde enterraba con su pala a los pueblerinos de los alrededores, decidió afrontar sus creencias y abandonar la sacra abadía del bien y la misericordia.

Yo me lo imaginé saltando un paredón de piedras, escapando de noche para huir de esos muros que oprimían sus ganas de libertad, sus anhelos de sexo y pasión, sus ansias por devorar labios tan carnosos como los suyos.

En ese umbral del bien y del mal se encontró con una Jennísima virginal de tórridos besos y abrazos mullidos, en San Martín de Los Andes.

El Curita tenía ojos más celestes que el cielo eterno y una manos labradas por el pan nuestro de cada día que me hacían delirar hasta completar el rosario de jadeos. Me ocultó su pasado durante semanas, pero sus palabras estaban cargadas de benevolencias y clemencias que me hacían sospechar. Lo indagué hasta hacerlo confesar. Su foto del carné de conducir con la sotana me convenció del todo.
Amaba mi relación con este prófugo celestial. Pero mi religión se fue interponiendo en el medio. Cada vez que nos besábamos en su auto y la estampita de la virgen me observaba, sólo me daban ganas de masturbarlo hasta hacerlo acabar sobre ella. ¿Qué clase de cristiana piensa eso? Ese hombre sacaba mi Satanás interior. Siempre fui un ser bondadoso y de sentimientos generosos, un poco osada en mi escritura, pero podría bañarme en agua bendita sin quemarme viva.

¡Cuántas herejías se me ocurrían! Quería que nos envolviéramos en el santo sudario y frotarnos hasta hacerlo arder. Que me recitara los santos evangelios al oído de la forma más pecaminosa posible, que me enterrara la cruz invertida hasta hacerme ver la cara de Cristo. ¡Esa no era yo!

Podría haber ido a misa y tomar la santa cena para redimirme, pero volvería a sus brazos y sólo querría decirle “Bendecime con la punta de tu chota”. Nooooooo, nooo, Dios no lo permitiese.

Le dije al final: "Padrecito Roberto, no puedo seguir con esto. Quiero ir al cielo cuando muera. Te amo. Perdoname."

Y esta fue la historia de cuando Jennísima se enamoró de un Cura.

lunes, 12 de abril de 2010

Haceme la gauchada

Una se piensa que es gauchita, pero no. Una visita a la Rural te refriega el verdadero gauchismo de nuestros tiempos. Lejos del hombre renegao de la sociedad, matrero y prófugo, que robaba vacas y tomaba mates que una chinita fulera de dos trenzas le cebaba, el paisaje era otro. Sin un ombú ni un palenque donde ir a rascarse, vi glamour. Vi mujeres de jeans blancos, de ancas moldeadas por pilates, con botas altas, camisitas en color pastel y gorros de cowboys. Vi Robertos envestidos por un tradicionalismo soberbio: en bombachas, cuenta ganado, alpargatas, cinturón ancho de cuero, pañuelos y boinas de cotelé.

Sentada en una estrada del predio central, con un choripan anclado entre los dientes, me inspiró el olor a bosta y la chota descomunal de un caballo de nuestra pampa.
Acá desempolvo mi guitarra y con este espíritu campestre que me invade les regalo este puema.

Fíjense qué intelectual, que respeté a rajatabla la estructura del poema gauchesco original.

¡Se va la primera!

Qué lindo este paisaje
Meta darle al rebenque
Nada de andar enclenque
Mucha risa y chimichurri
Gente fumándose un churri
Alrededor del palenque

Cómo galopa el potrillo
Cuando le dan con las espuelas
Esta yegua grita: Traelas
Que anda falta de montada
Y vos con ganas de cebada
No me vuá dejar ni las muelas

Jineteale che, gauchito
esa china ´ta que trina
tiene roja la cachina
da zancadas y relincha
vos mostrale tu pichincha
que es buena medicina

¡La última y bien adentro!

Me entra como un chiflete
Sobra tronco y falta fuego
Acá la flor yo la entrego
Pero antes pido retruco
Pa´ probarle el osobuco
ponga esmero en el juego.

martes, 6 de abril de 2010

Carta documento

Por medio de la presente lo intimo Sr. Walt Disney Company y a su colección de escritores embusteros, por el plazo de 24h. procedan a dar cumplimiento efectivos a mis reclamos mediante los cuales solicité el reestablecimiento y reparación de mi capacidad de raciocinio para discernir entre realidad y ficción ya que presenta interrupciones constantes desde el día en que vi por primera vez La Bella durmiente, Cenicienta y Blanca Nieves hasta la fecha.

Asimismo, dejo asentado por medio de la presente que las películas que uds. prestan han constituido un consumo cultural primordial a lo largo de mi infancia y pre-adolescencia emitiendo mensajes subliminales y otros claramente expresos que han manifestado ciertas mentiras como realidades absolutas, construyendo mitos que me han confundido a lo largo de la adultez obstaculizando mi proceder al entablar una relación con un caballero de tipo común. Las mismas han alimentado ilusiones de carácter demente y esquizofrénicas, generando esperanzas que no han de cumplirse nunca porque no concuerdan con las conductas ordinales del sexo masculino.

Nótese que el susodicho nunca jamás, ni de pifie coincidirá con el perfil de príncipe encantado elaborado en los discursos walterdisneirianos.

Los hago responsables por todos los daños y perjuicios que sus relatos farsantes ocasionaron o me pudieran ocasionaren mi futuro para no conseguir un hombre decente. En caso de silencio o negativa procederé a efectuar las denuncias y/o reclamos administrativos y/o judiciales que pudieran corresponder. Reservo derechos legales".