Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 21 de abril de 2010

Ardiendo en el infierno

Él ya había dejado los hábitos cuando nos conocimos. No me refiero a que dejó de fumar o de tomar. Hablo de la sotana, del alzacuellos blanco. El muchacho había abandonado el monasterio una semana antes de cruzarse conmigo. Después de diez años en un monasterio en la montaña, donde enterraba con su pala a los pueblerinos de los alrededores, decidió afrontar sus creencias y abandonar la sacra abadía del bien y la misericordia.

Yo me lo imaginé saltando un paredón de piedras, escapando de noche para huir de esos muros que oprimían sus ganas de libertad, sus anhelos de sexo y pasión, sus ansias por devorar labios tan carnosos como los suyos.

En ese umbral del bien y del mal se encontró con una Jennísima virginal de tórridos besos y abrazos mullidos, en San Martín de Los Andes.

El Curita tenía ojos más celestes que el cielo eterno y una manos labradas por el pan nuestro de cada día que me hacían delirar hasta completar el rosario de jadeos. Me ocultó su pasado durante semanas, pero sus palabras estaban cargadas de benevolencias y clemencias que me hacían sospechar. Lo indagué hasta hacerlo confesar. Su foto del carné de conducir con la sotana me convenció del todo.
Amaba mi relación con este prófugo celestial. Pero mi religión se fue interponiendo en el medio. Cada vez que nos besábamos en su auto y la estampita de la virgen me observaba, sólo me daban ganas de masturbarlo hasta hacerlo acabar sobre ella. ¿Qué clase de cristiana piensa eso? Ese hombre sacaba mi Satanás interior. Siempre fui un ser bondadoso y de sentimientos generosos, un poco osada en mi escritura, pero podría bañarme en agua bendita sin quemarme viva.

¡Cuántas herejías se me ocurrían! Quería que nos envolviéramos en el santo sudario y frotarnos hasta hacerlo arder. Que me recitara los santos evangelios al oído de la forma más pecaminosa posible, que me enterrara la cruz invertida hasta hacerme ver la cara de Cristo. ¡Esa no era yo!

Podría haber ido a misa y tomar la santa cena para redimirme, pero volvería a sus brazos y sólo querría decirle “Bendecime con la punta de tu chota”. Nooooooo, nooo, Dios no lo permitiese.

Le dije al final: "Padrecito Roberto, no puedo seguir con esto. Quiero ir al cielo cuando muera. Te amo. Perdoname."

Y esta fue la historia de cuando Jennísima se enamoró de un Cura.

14 comentarios:

La Condesa dijo...

A rezar 1.000 padre nuestros y 300 ave maría. Pecadora.

El Papa dijo...

El daño está hecho. Ardirás en el infierno.

Shises, la original dijo...

Alabados sean tus dedos tipeadores y tu mente calenturienta. Deberías volver a él y fijarte si la estampita sigue intacta.

Gabulet dijo...

SACRILEGIOOOO!!!!!!!!!!

MOnaguillo dijo...

Chupate essta! Digo... x la hostia.

Anit! dijo...

UF! Hubo más de un par de imágenes fuertes en este escrito. UF! Alabada seas entre todas las mujeres, Jennisima!

Yo dijo...

Tranquiiilllaa! Si perdonaron a María Magdalena, yo que vos vuelvo a buscarlo para pedirle la extrema unción!

El viento a contramano dijo...

a la mierda,,, no haberme hecho cura y en San Martín de los Andes... jaja...

usté debió sacarse las ganas, afrontar sus deseos, y después veía... todos tendremos un período de penitencia, no? jaja :)

Oscuro dijo...

muy buena historia! conozco varios que dejaron los hábitos, en todos los casos el motivo fue una mujer
lo importante es que el padrecito roberto le haya visto la cara a dios, no?

Setzel Wilbury dijo...

Un troesmaaaaaa
SAludosss

Reina Del Oriente dijo...

Roberrrrrrrrrrrrtoooooooooooo

Es imposible esconderse de Cristo....no hay protection eye witness program que funcione! Este es el momento en que me alegra creer en la re-encarnacion. Pensa que podes agarrarlo en la segunda vuelta.

novoyaterapia dijo...

El día en que Jennísima se enamoró de un cura!
Me la acuerdo! La conté (sin revelar identidades...). Excelente! Solo Ud se cruza con gente que hacen que nos cuente estas historias geniales.
beso grande!

Silvanetta dijo...

Se me viene el recuerdo de La Extraña Dama, una historia de sacrilegio,conventos, amor oculto y satanismo...
pero al revés.

chica pastiche.- dijo...

pff, y qué tiene de malo ir al infierno?
el cielo es aburridísimo y demasiado celeste.

vaya a por ese cura, jenn.
no lo deje escapar.