Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 28 de julio de 2010

Excelente oportunidad

Señorita busca experiencia que la haga sentir viva. Con pasaporte al día y todas las vacunas dadas.
Rápida para alistarse, se peina al viento y con un poco de perfume parece limpita.
Sabe idiomas: inglés, español, francés, portugués, lenguaje de señas y el del amor.
Facilidad para adaptarse a nuevas culturas. Afinada en su cantar y fina en su andar.
De paladar amplio, con reservas para el pionono salado. Cálida y a la vez aventurera. Con vasta experiencia en el amor. De asombrosa elongación y gran resistencia.
Posee cámara de fotos propia y seguro médico a su nombre.
Disponibilidad para largar todo a la mierda a la primera oferta.
Partida garantizada.

¡Gracias Luma!

viernes, 23 de julio de 2010

Amor de antaño (Es largo, como te gusta).

El amor lo inventó la primera Jennísima de mi familia. Antes de ella no existía el amor en Inglaterra. Como en aquel entonces tampoco había blogs, hoy se los cuento yo acá, quince Jennifer después.

1823- Carlisle- Inglaterra

Jennifer I
- I want to get married, father! // ¡Quiero casarme padre!

Thomas III
- I won’t allow it! Go to your chamber. Put on your chastity belt and lock it. // ¡No lo permitiré! Vete a tu alcoba. Ponte tu cinturón de castidad y ciérralo.

Jennifer I
- Oh, father, I love Robert so much. Let me do it! // Oh, padre, amo tanto a Roberto. ¡Déjame hacerlo!

Thomas III
- But you are only fourteen years old, for god sake! //Pero tienes apenas catorce años! ¡Por el amor de dios!

Jennifer I
- I don’t care, I will marry him. I hate you! I hate you! // No me importa, me casaré con él. ¡Te odio! ¡Te odio!

Jennifer I era impulsiva, romántica, un corazón vehemente, características que lograron entrometerse en todos los genes descendientes.

Robert I, su primer y único Roberto desde los siete años, la esperaba a la madrugada con su carruaje detrás de la barbería de Mr. John. Juntos escaparían a Escocia para casarse. Los escoceses, brutos y borrachos como se los consideraba, defendían el amor sin restricciones. No se necesitaba el permiso de los padres para contraer matrimonio, sólo exigían ser mayor de trece años.

Jennifer I se levantó a las cuatro de la mañana, tomó ese velo de tul que había bordado con flores azules durante semanas, lo plegó hasta convertirlo en pañuelo y lo guardó debajo de su pollera, sujetándolo con un lazo de raso lila.

Escapó por la ventana y fue corriendo por la calle trasera. Robert estaba nervioso, había cortado unas flores silvestres e hizo de ellas un hermoso ramo nupcial. Cuando la vio, la tomó entre sus fuertes brazos ingleses y la besó, como a una botella de whisky en una noche de invierno.

Se subieron a la carroza y se dirigieron hacia Escocia. Fueron cuatro horas a galope. Atravesaron The Adrian Wall y llegaron a la capilla Gretna Green.


El pastor Douglas los aguardaba con su kilt escocés verde. Jennifer I estaba nerviosa, ya había desplegado su tul y se lo había puesto sobre la cabeza, era largo hasta el piso. Lo fijó con unas orquillas. ¡Estaba hermosa! Robert se colocó una flor en el ojal y le entregó el ramo. Esperaban su turno en medio de una habitación oscura y chiquita tomados de la mano.

De repente, se escucharon unos gritos desde afuera, viniendo desde la colina.

- “¡Jennifer! ¡Where is Jennifer?! Damn you Robert, I will kill you!” // ¡Jennifer! ¿Dónde está Jennifer? Maldición, Roberto, ¡voy a matarte!

Jennifer I
- Oh, god, it´s my father. He is here! // Oh, dios mío. Es mi padre. Él está aquí.

Mrs. Audrey, la asistente del pastor, los acompañó a otra habitación: a la recámara donde las parejas consumaban su amor luego de ser casadas. Antes de dejarlos encerrados les dijo: “Stay here. Don´t worry, everything is going to be all right. You can make hot and orgasmic noises. That will help.” // “Quédense aquí. No se preocupen, todo estará bien. Pueden hacer ruidos calientes y orgásmicos. Eso ayudará.”

Mr. Thomas III entró a la capilla con una escopeta. Estaba desquiciado, irradiaba la violencia de un Vikingo cocainómano. “Where the hell is my daughter?” / “¿Dónde diablos está mi hija?”, gritó.

Mrs. Audrey trató de calmarlo, le dijo: “Mr. Thomas III, It ´s too late. They are alredy consumating their love. Listen to them.” / “ Sr. Tomás III, es muy tarde. Ya están consumando su amor. Escúchelos.”

Ambos jadeaban y gritaban como si estuvieran en una orgía con William Wallace y media docena de su ejército.

Mr. Thomas III, desconsolado y decepcionado, abandonó la capilla y fue a buscar consuelo en el bar “Gretna Green Chapel Bar”.

Jennifer I y Robert salieron de la habitación como dos ratoncitos temerosos. Pasaron al salón del matrimonio, pusieron sus manos sobre un yunque y se juraron amor eterno. El pastor los declaró marido y mujer golpeando el yunque con un martillo al grito de “You may kiss the bride”/ “Ya puede besar a la novia”. Se besaron dulcemente y a la vez con cierta ansiedad. Volvieron a la habitación que los había refugiado un rato antes para consumar su amor con locura y pasión desenfrenada (luego de que Robert lograra romper la cerradura del cinturón de castidad).

Fueron muy felices, a pesar de que Robert se fue convirtiendo en Roberto con los años, pero Jennifer I siempre lo amó. Así somos las Jennísimas, queremos a los Robertos tal como son.

miércoles, 21 de julio de 2010

Fuiste, sopa

Quise ayudar y no me dejaron. Quise ser bondadosa, dadivosa y me desaprovecharon. Intenté ser altruista, desprendida y me derrocharon.

La ecuación frío más pobres durmiendo en la calle daba una oportunidad para ser generoso con el prójimo desposeído.

Saqué el alfiler y pinché la burbuja calentita en la que vivo. Me dispuse a unirme a la casta de solidarios que vaga por las noches repartiendo frazadas y un plato de comida.

Me visioné revolviendo una sopa humeante en una olla grande, poniendo diez calditos de gallina, repartiéndola en termos y un Dios mirándome desde la estratósfera orgulloso de mí.

Pero el pobre es pobre y no boludo. Es comprensible que te pida fideítos. “¿Caldo solo?”, se preguntaría el inválido monetario. “Tengo que ponerle municiones y Vitina”, pensé.

Salí del trabajo a las siete, pasé por un cotillón para comprar vasos térmicos y estaba cerrado. El subte estaba lento. Eran las ocho y me faltaban seis estaciones, siete cuadras caminadas y la cocción de cinco litros de sopa. Tenía que pasar por el súper para comprar los fideos. Ya estaba llegando muy tarde. Demasiado.

Llamé a la ONG y me dijeron que las tareas y zonas estaban repartidas, que mejor fuera otro día, más puntual. Pero en la semana me dio fiaca, hacía tanto frío que no daba.

Una pena, porque ese día yo re quería ayudar y no me dejaron. Claramente, no me dejaron. Parece que mi solidaridad es como los Robertos, aparece cuando le pinta.

jueves, 15 de julio de 2010

Me declaro inocente Sr. Juez

Hay padres que se preocupan si no comés, si no estudiás, si no tenés plata para llegar a fin de mes. Mi padre se preocupa por otras cosas.

Cuando chequeé el celular tenía tres llamadas perdidas y un sms de mi viejo: “¿Estás bien?, ¿Dónde andás? Llamame.”

Tuuuu, tuuuuu, tuuuuuu.

- Hola hija, ¡por fin me llamás!
- ¿Qué pasó Pá?
- ¿Dondé estás? Mejor mandame un sms con un número de teléfono donde te pueda llamar. No hables desde tu teléfono, por seguridad.
- ¿De qué me hablás? ¿Seguridad de qué?
- Saliste en el noticiero Jenn, te están buscando.
-¿Qué? ¿Quién me busca?
- ¡La policía, hija!
- ¿Por qué?
- ¡Saliste en el noticiero! Te tomaron las cámaras del Banco Francés poniendo una bomba casera en el cajero. La cámara te filmó a vos, Pedro ni salió, solo su sombra.
- ¿Qué? ¿Puse una bomba? ¿Yo? ¿Tas loco viejo?
- Ay hija, si no fuiste vos, esa mujer es tu doble.
- Pá, ¿me llamás porque pensaste que puse una bomba?
- Sí, en realidad quería ayudarte a escapar. Hablé con el Dr.Galimberti (abogado de la familia) y me dio indicaciones.
- No, Pá. No puse ninguna bomba, estuve en el trabajo todo el día.
- Yo no sé Jenn, quizás te vayan a buscar a vos por similitud. Sos un calco de la mina.
- Pá, además no soy del Banco Francés, soy del Citi.
- Escuchame, no corramos riesgos, andate a Retiro y sacá pasaje a Córdoba. En Calamuchita está el Tano, ya hablé con él, te va a estar esperando. Decile a Pedro que haga lo mismo, pero a otro lado.
- Pá, Pedro (mi amigo de toda la vida)¿qué tiene que ver? Está en su trabajo.
- Haceme caso hija, recién llamó tu abuela, también vio el noticiero. Estamos asustados.
- No, Pá. No va a pasar nada. Tengo testigos que pueden declarar que estuve acá laburando. Quéndese tranquilos.
- Vos sabés lo que hizo el Dr. Galimberti con tu madre. Hagámosle caso.
- El Dr. Galimberti nos va a hundir. Vamos a terminar todos presos por su culpa. A quién se le ocurre hacer un acto de defunción para zafar de una multa por velocidad. Es capaz de hacerme un acta de defunción a mí también. ¡Ese doctor se quiere quedar con la herencia viejo! ¡Nos quiere matar uno por uno!
- No hables así Jenn, yo no me quedo tranquilo. Andate a Calamuchita unos días.
- ¿Y qué le digo a mi jefe? ¿Me tomo unos días porque soy parecida a la mina que voló un cajero con una molotov?

En fín, me quedé en casa. Nunca saqué el pasaje, la policía jamás me vino a buscar y el Banco Francés me llamó a los dos días para ofrecerme una tarjeta de crédito.
Jennísima le dice NO las armas. Salvo a la pistola de Roberto, porque esa dispara pero no te mata.

viernes, 9 de julio de 2010

La reina del piquete

¿Qué se creen? ¿Que el blog de Jennísima se mantiene fuera de la política, que no es un blog militante? Sí, Jennísima, además de militar por una poronga digna y el amor de Roberto, también pone sus patas en el lodo de esta pútrida sociedad por una ideología. Se encolumna detrás de banderas partidarias que avivan la revolución. Hablamos de marchas, de esos movimientos populares que defienden su miseria sometiéndose a una ingrata peregrinación de súplicas y a la exposición del odio de sus pares.

Sí, Jennísima se une al pueblo y mientras uds. se distraen viendo culos y siliconas, les traigo realidad, ¡carajo!

Resulta que venía manejando por las calles de Lomas de Zamora, llegando a la esquina que corta con la peatonal Laprida, donde se levanta el estoico Banco de la Provincia, cuando de repente, como si hubiesen germinado del asfalto, aparecen unas 100 personas cortando la calle. Justito en frente de mis lunares. Fue en un instante, ni bien frené ante el rojo carmesí del semáforo mi camino se vio truncado por un piquete.

Con banderas, bombos, redoblantes, palos y caras cubiertas se interpusieron con causa justa, ¡porque siempre lo son! Uno no se hace manifestante porque está copado y pintó ir después del cafecito ¿eh?

Yo los apoyaba, pero dado el grosor de la masa, parecía que iba a tomar un buen tiempo el repudio contra el banco. No podía quedarme parada, ni abandonar el auto para irme caminando a casa. Así que identifiqué a su líder. Me bajé de mi vuaturé y fui a hablar con él. A negociar, como lo hacen los grandes líderes del mundo.

“¡Jefe!”, le dije. Él se bajó el pañuelo que le cubría la cara y me miró desorbitado. “Yo les hago el aguante. No les pido que abandonen su lucha, porque este país solo escucha cuando le metés el dedo en el culo o le cortás la calle, pero te pido si me corrés a la gente un toque, media callecita nomás, así podemos pasar. ¿Puede ser?”.

“¡Muchachos, cójanse a la piba!”, gritó. Y yo salí corriendo, tan fuerte como pude, pero me alcanzaron…

Nooo, no pasó eso. ¡Qué susto! ¿no?

Me dijo: “No hay drama. Ya te los corro, linda”. Dicho y hecho. El piquete se desplazó para que pudiéramos seguir nuestro camino motorizado. Y el público que miraba parado en la vereda con temor me aplaudió, los autos que estaban detrás de mí tocaron bocinazos, de los lindos, de los que se tocan cuando gana Argentina un partido. Yo era su Evita. Su luz. Su Moisés abriendo las aguas para el éxodo. ¡Me convertí en una Chiche Duhalde!

Y me fui contenta, orgullosa, porque cuando el pueblo se apoya y se trata con respeto y cariño, todos podemos llegar a un acuerdo… y a casa.
¡Roberto, venite que acá tenés dos gomas para quemar!

martes, 6 de julio de 2010

Nuevo record de giles

Una amiga quiso presentarme a un amigo de su novio. Ella le comentó sobre todas mis bondades y para darle un respaldo válido a sus dichos, fundamentó mi inteligencia y buen humor con mi blog. “Entrá a Jennisima, vas a cagarte de la risa”, le dijo. La descripción del susodicho se acomodaba a mis cajitas: cajita de profesión, de gustos musicales, de intereses culturales, entre otras. Así que un poco me entusiasmé, lo confieso.

Hay algo que yo ya venía sospechando hace tiempo: que Jennisima.blogspot no me hace justicia. Es decir, soy más que un blog, de hecho tengo un cuerpo, con órganos y muchos aspectos personales más. Es obvio que contar que ando enterrando soretes en el jardín, o cortando miembros no es la mejor tarjeta de presentación sobre mi estado mental. Pero tampoco seamos hipócritas, ¿a quién no se le tapó el baño? ¡De soluciones ocurrentes, han nacido grandes inventos, señores!

Pasaba el tiempo y del entusiasmo de mi amiga quedaban miguitas que se las comían los pajaritos. Finalmente terminé preguntándole si tenía novedades de aquel galán que tan bien me había descripto y calificado.

- Sí. Me dijo: “Tu amiga está de la cabeza”. Pero no te preocupes, no entendió nada. Es un boludo.

Será un boludo y todo, pero una se queda con ese gusto a hepatalgina y anticorrosivo por haber sido rechazada sin siquiera haber sido conocida. Solo se me ocurre decirte: “De la que zafaste, porque con giles como vos me hago una ensalada Waldorf”.

Niños, no todo lo que leen es verdadero, salvo Jennísima.