Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 31 de agosto de 2010

La vida por un culo digno

Con tanto ocote televisado, a mi me da miedo que el hombre termine pensando que eso es un culo stándard. ¡No Roberto, eso no es un culo estándar!

Esas mujeres rebosan de tiempo para asistir al gimnasio, a pilates, a electrodos y modelar sus nalgas hasta la perfección.Y si se lo operan, lo consiguen por canje.

Si la Cirio trabajara 9 horas con el culo sentado en esta silla de cuerina barata, cuánto te apuesto que ella desearía tener mi traste.

Señoras y señores ¡Díganle no al culo en la televisión!

LI.M.A.FA.C.A.PE.NO.P

Liga de mujeres a favor de la celulitis ajena pero no propia

lunes, 30 de agosto de 2010

¡Desprendete nena!

Pasaron seis años, ¡seis! Lo veo venir y zácate, como si no hubiera pasado el tiempo. Estaba más fuerte que pasarse wasabi por los ojos. Hermoso como me lo acordaba. Todo lindo, todo: el modo en que tenía atado los cordones, el modo de agarrar el vaso, todo. Bello en su completitud, en su metonimia, en su metáfora, en su hipérbole, en todos los elementos retóricos.

¿Sabés con cuántas minas habrá estado después de mí? ¿800? ¿1000? Fui una burbuja más en su copa de champagne. Te aseguro que el resto de las burbujas habrán seguido con sus vidas, conocieron nuevos Robertos, se casaron y tuvieron burbujitas. Yo soy la enferma masoquista que se pasa el domingo siguiente cantando ese bolero que dice “Que necio es este amor que nunca muere….”. ¿Por qué? ¿Por qué no morís amor? Roberto vos no, no te mueras. Al amor le hablo. Morite de una vez, que te agarre alzheimer amor necio del orto. Así no me duele verte, ni me ilusiona rozarte.

Seis años soñando con que me lo iba a encontrar. Nos íbamos a ver y él me diría “Estás hermosa, decime por qué te dejé que no me acuerdo.” Yo le respondería “Por tonto, tonto.” El me abrazaría y me daría ese beso cual marinero que regresa de la primera guerra mundial.

Pero no pasó eso, me ignoró. ¡Peor! Me innnnoró sin g, que es más doloroso aún.

¿Cómo se extirpa el deseo, las ganas, los sueños, los recuerdos, la calentura? ¿Es necesario extirparlos?

martes, 24 de agosto de 2010

Alhajas de la familia

Mi padre se regocija diciendo que sus tres hijas son sus joyitas, pero en realidad hay una sola joya valiosa en mi casa y está bien escondida. Bahh, ahora está bien escondida, porque por varios años estuvo en una bolsa de carbón debajo de la parrilla. Mi tío dice que era un escondite estratégico, mi madre dice que fue un descuido "típico de tu Tío que no cuida nada".

Resulta que esta joya es un anillo de oro con tres rubíes alineados rodeados por seis diamantes fulgurantes. ¡Es un bruto anillo! Un anillo que si te lo ponés te quiebra la falange, falangina y falangeta al instante. Mi abuela, en un lapsus de nostalgia, se lo probó a sus 78 años y se desgarró el bícep. Te digo que es un anillo de la re concha de la lora, debe pesar lo que un pavo relleno en navidad.

¿De dónde vino este anillo?

De las prestigiosas damas de mi distinguida familia española (sí, además de whisky también tengo azafrán en mi sangre). Las mujeres de mi familia han sido desde el comienzo muy intrépidas, demasiado arriesgadas y ultra vanguardistas. Fueron las primeras en usar pantalón en Banfield y en usar bikini en la playa Bristol. Dicen que la Tía Eugenia fue una visionaria cuando le dijo al Tío Alejandro: “Vení, sacame una foto con el lobo marino de la rambla”. De ahí en más, todo aquel que veranea en la Felíz posa junto a los mamíferos de piedra, gracias a la Tía Eugenia.

Esas prestigiosas damas son mis tres bisabuelas. Las mismas que revolucionaron el Casino Hermitage de Mar del Plata cuando se jugaron 1000 pesetas en la ruleta, todo al 0 y ¡ganaron!

Claro, ganaron tanto, pero tanto que no sabían qué hacer. Si lo llevaban a la casa, sus maridos se harían cargo de la adecuada administración: comprarían hectáreas en La Pampa, un nuevo Ford T a color, cosas que hacían los Robertos de esa época. Entonces decidieron ir a la joyería de la esquina, que hoy ya no existe y se compraron las 3 tías, 3 anillos iguales. Uno de ellos es el que está en casa bien resguardado. De los otros dos no se sabe nada, quizás fueron dilapidados en otros veraneos errantes, con chupi, farrucas, vestidos y ruletas.

Mamá quiere convertir ese anillo en tres delicados anillitos para dejarnos de herencia. Pero yo me conformo con continuar con el espíritu de estas damas y cada vez que voy al casino le juego todo al 0. Algún día compraré mi propio anillo de rubíes, diamantes, esmeraldas y una perla negra en el centro. Es que mis antepasados habrán sido vanguardistas, pero yo soy la más ecléctica.

jueves, 19 de agosto de 2010

Esfuerzos y relajos

Cuán fácil es convertirse en una persona de mierda.

En serio, no cuesta nada. Puteás a alguien que no te hizo nada, a alguien que casi te hace algo y te sacás con ese hijo de Satanás que no te dejó bajar del subte. Llegás al trabajo, no hacés más que quejarte por tu jefe, por el café arsenizado, tus compañeros y el cliente que es un forro y siempre arruina tu trabajo. Escribís un post polémico sobre los pobres, te negás a comprar un regalo a una amiga porque es caro y listo, usted tiene a un ser de mierda en su interior.

Cuán difícil es convertirse en una persona de bien.

Catorce años de terapia, miles de cursos de autoayuda, un año de couching, cinco hectáreas de flores de bach, quinticientos globulitos homeopáticos, dos estantes de libros espirituales, clases de yoga, meditación, trabajo social, siglos de rezos y plegarias a Dios y nada. Ni un atisbo de paz interior, de compasión, de misericordia, de bondad automática.

Aunque dedicara todo mi tiempo en tratar de ser buena, con un solo segundo de maldad uno echa toda esa bondad por la borda.
Si pese a todo esfuerzo la maldad siempre florece, trataré, al menos, de ser una buena hija de puta.

viernes, 13 de agosto de 2010

Muchos en esta pecera

El amor duele tanto fuera como dentro del agua.

Tenía tres goldfish, clásicos pececitos naranja de pecera: Batata con chocolate, Gladys y Roberto. Convivían en una pecera rectangular de un solo ambiente, humilde, con algunas piedritas de colores fosforescentes, vista amplia a mi cocina y muy luminoso.

Con sinceridad, salvo a Batata con chocolate que se distinguía fácil por los colores que portaba, Gladys y Roberto eran imposibles de identificar, podían ser cualquiera de los dos.

Llegué una noche tarde a casa y los ignoré. Fui directo a mi habitación sin siquiera acariciarlos.

Si tan solo les hubiese echado un vistazo…

A la mañana siguiente esto fue lo que vi: Batata con chocolate estaba muerto en el piso sobre la baldosa blanca de mi cocina. Otro flotaba muerto, su cuerpecito escamoso estaba degollado y su cabeza me miraba con esos ojos saltones de pez muerto. El tercer pez seguía nadando con una cara de “No es lo que parece”.

¿No es lo que parece? ¿Qué parece?

Reconstrucción 1:
Roberto había peleado con Batata con Chocolate por el amor de Gladys. La pelea se les fue de las aletas y Roberto, con fuerza de Aquaman, sacó a Batata de la pecera quien murió en el acto. Gladys le había dejado bien claro a Roberto que ella nunca amaría a un asesino, entonces él la mató. Le mordió el cuello hasta degollarla.

Reconstrucción 2:
Batata amaba a Gladys, pero como era un amor no correspondido la mató. Si no sería de él, no sería de nadie. Sin embargo no pudo con la culpa y se suicidó. Roberto no se dio cuenta de nada, se había colgado viendo una mosca.

Reconstrucción 3:
Gladys hinchada de mantener a dos hijos de puta que la explotaban y la maltrataban, tomó coraje, lo rajó de una patada en el orto a Batata, degolló a Roberto y ahora disfruta la paz de una casa ordenada y sin olor a huevo.

Sea cual fuera la verdad. Cada vez que como sushi, me acuerdo de esto y no dejo de preguntarme ¿Qué paso? ¿Qué paso?

lunes, 9 de agosto de 2010

Clorofila

Admiro a mis tres plantas. A mis tres plantas de ventana. Tres plantas que han logrado sobrevivir a mis olvidos y mis descuidos. Plantas que crecen, florecen, se deshojan; Se riegan y se remueven la tierra. Todo lo hacen sin mi ayuda.

Si yo fuera una planta todavía estaría tratando de entender cómo mierda hacer fotosíntesis. Tendría ataques de ansiedad por verme florecer y me angustiaría severamente ver cómo las hojas me abandonan en otoño. Lo tomaría personal, como un rechazo. Me marchitaría los domingos por la tarde.

Pero eso sí, te aseguro que te perfumaría la habitación todas las mañanas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Vos, ¿tenés un pobre?

En mi casa cada uno tiene su pobre.

Ellos fueron apareciendo de a poco, tocando el timbre con sus carismas, sus caritas, sus pedidos, sus personalidades y nos fueron conquistando, hasta que los hicimos nuestros.

El pobre de mi mamá apareció hace 7 años y viene todos los sábados a la mañana pidiendo una monedita. Si le querés dar otra cosa, como un vaso de agua en enero, te dice que no; le regalás un pulovercito en junio y también te lo niega. En casa le decimos “el chico de la monedita”.

El pobre de mi papá, se llama Diego. Ser el pobre de mi papá no es fácil, porque él no da limosnas, él necesita que el otro se gane la ofrenda. Entonces Pá le hace lavar el auto o barrer la vereda. También los pone a prueba, un día lo escuché mientras le tomaba la tabla del siete. ¡Pobre Diego! Doblemente pobre, ni suerte con su dador de limosnas tiene.

Mi pobre se llama Malena. Cumple el mismo día que yo, eso me enterneció, me proyecté en ella y quise ayudarla. Cuando tocó timbre por primera vez tenía diez años, ahora tiene dieciocho y tres hijos. Yo soy de la que te da y te deja una enseñanza de vida. “Estudiá, Male. Vos decime qué necesitás y te lo compro. Haceme caso, no dejes la escuela, es lo único que te permite crecer en esta vida” o “No vayas a quedar embarazada” (en esta última fallé, debo admitirlo).

Hace un par de años me fui de casa y Male ya no pasa más. Pero ya tengo una nueva pobre, que además de indigente es no vidente. La semana pasada la salvé de que se caiga por la escalera de la línea D y desde entonces decidí que sería mi protegida.

Sea bueno como Jennísima, además de mantener un Roberto, consígase un pobre.

lunes, 2 de agosto de 2010

Operación Garompa

Ir al Golden puede ser muy peligroso.

Más allá de los riesgos que todos conocemos, tales como: la pérdida de noción de las dimensiones reales de una poronga promedio, el brote de la vagina loca, la pulsión por abandonar a Roberto y cuernearlo hasta que se termine el mundo con un tipo que se llama Kevin, que logra mantener una erección más tiempo que lo que dura el planchado definitivo, hay un peligro del que nadie habla. Un fantasma, que ninguna de las ocho amigas que fueron esa noche a festejar la despedida de soltera de Martita, pensó que podría pasar.

Mientras ellas se entretenían en la Abadía del stripper pijudo, sus teléfonos sonaban sin cesar en sus carteras. El coro de ringtones pasaba desapercibido entre los alaridos y aullidos. Esos celulares encerrados en la oscuridad gritaban “atendeme, atendeme”, pero ellas estaban hipnotizadas gritándole lo mismo a los Adonis bañados en testosterona y lubricantes.

Estelita buscó en su cartera la billetera con la idea de frotarle un billete de 20 al abdomen de Juan Carlos y sin querer sacó su celular. “¡¿Catorce llamadas perdidas?!, qué raro”, pensó. Se lo comentó a sus amigas y ellas revisaron los suyos. Todas tenían entre ocho y doce llamadas provenientes del mismo número: del padre de Estelita. ¡Entraron en pánico!

Estelita lo llamó de vuelta, pero ya era muy tarde.

Hacía cuatro horas que su familia trataba de contactarla. Un llamado anónimo los había extorsionado. Les habían dicho que la tenían secuestrada y les pidieron $100.000 pesos de rescate.

Cómo ella no respondía porque estaba cabalgando al mozo que le traía fernets, su padre accedió a pagar el rescate, dejándolo sin un peso y la bronca de haber sido engañado.

Así que muchachas, por el bien de la economía familiar, cuando vayan al Golden, no dejen el celular en sus carteras, pónganselo en la entrepierna en modo vibrador y que Papu llame cuantas veces quiera.