Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

viernes, 29 de octubre de 2010

Resultados del Censo de Robertos

Robertos y la Marta que se entusiasmó y que también participó: gracias por contestar y permitirle al INSEX (Instituto Nacional de Sexo Escueto y Xeguro) contar con estas cifras tan pertinentes y necesarias para mejorar las relaciones humanas y carnales.

Estos son los resultados:

Si digo que todos los Robertos son unos picaflores, miento. Pero el 36,8 % sí lo es, quedó constatado. Amé que el 21,1%, me sea tan fiel. Se merecen lo que me pidan. Al resto, voy a esmerarme para que quieran venir todo el tiempo. Ya vere cómo.


Antes que nada, que suerte que tengo un solo papá. Es un alivio. Podría haberme enterado que tengo muchos y mi vieja iba a tener que dar explicaciones. Por el otro lado, me siento un poco defraudada: ¿el 70% es "un lector nada más"? Claro, después cuando tuvieron que escribir una frase de conquista, me piropearon hasta el duodeno. Al menos algunos fueron honestos y se reconocen como candidatos a Robertos. Ya se quién es ese que dice que lo deseché y me intriga saber con nombre y apellido cuáles son los dos que me dejaron y me visitan. ¡Den la cara! ¡Vuelvan, juro que cambié!


Claramente, soy el hazmereir. Está bien, lo acepto.
Me sonrojé por los que me desean. Me hacen feliz, un besito para todos en la tararira.


Jennísima no miente cuando habla de Roberto, debería haber un 100% de "Sí, siempre". Pero claro, se hacen los desentendidos. ¡Hacéte cargo Roberto. Cuando escribo sobre vos, estoy diciendo la pura realidad!

Otra vez gracias por censarse. En 10 años nos volvemos a encontrar (si no es que terminé como esclava sin internet en la cocina de un Roberto que se hizo el liberal, feminista y ecologista para conquistarme y me hizo 5 críos que son un calco del padre).

miércoles, 27 de octubre de 2010

Censate, Roberto

Acá, un poco más abajo, ahí. Sí,ahí.

Perdón a las Martas, no las censo, no porque no las quiera, es que la población de Robertos es una incógnita que alguien debe relevar.

martes, 26 de octubre de 2010

Banelquizame, corazón

Ayer me quedé encerrada en el cajero con dos Robertos desconocidos. Uno estaba in-far-tan-te, el otro no. Uno era un billete de 1000 euros y el otro una moneda de 0,5 australes.

Entré al cajero a las apuradas. Introduje la tarjeta, saqué la plata y cuando intenté salir, confundí el “Tire” con el “Empuje”. Ni que fuera Sansón, solo dí un tironcito y la puerta que estaba sutilmente entrecerrada encastró con determinación y así quedó como sellada.

¡Qué bueno, no! Ahora mi cerebro no solo confunde la derecha con la izquierda, sino que además tiene un nuevo desfasaje neuronal con el TIRE- EMPUJE. ¡Genial! En cualquier momento confundo el NO con SI y me declaro vedette.

En fin. Busqué el picaporte y no estaba, se había roto. Tampoco había un lector de tarjeta del lado interno que destrabara la puerta. Empecé a sacudirla, haciendo vibrar todos los vidrios del banco, aplicando la ley “más fuerza que maña”, pero no funcionó. Uno de los dos chicos que estaban conmigo en el cajero haciendo lo suyo, se me acercó y me dijo: “tenés que empujar”. Me di vuelta con un “ya lo sé, imbécil” en la punta de la lengua, cuando descubrí su belleza: rubio como el oro y ojos como esmeraldas. Cincelado por Miguel Ángel y barnizado por Van Gogh. Me tragué esas palabras y balbucée: “si, ya probé. Estamos encerrados. Vamos a tener que pedir ayuda a la gente que pase.” Se lo dije con una sensual sonrisa. Quería que él pensara “que mina copada y dulce. Cómo me casaría con ella”.

“Ché boludo, mirá qué mierda. No podemos salir”, le dijo a su amigo, olvidándose de mí, de mi sonrisa y de mi encanto de flor silvestre. Los interrumpí con un “vamos a tener que pasarle nuestra tarjeta a alguien de afuera para que nos abra. ¿Hacemos un casting de peatones? ¿Alguien que dé confianza?”. Más simpática no podía ser, ¡se los juro! “No es necesario pasarle la tarjeta a nadie. Se puede abrir con cualquiera”, me respondió con cierta ausencia de simpatía y un pedanterismo extra large.

Mientras esperábamos a que pasara alguien, el amigo se quedó hablando por teléfono en un rincón y nosotros nos miramos. “¿Querés pasarme la tarjeta?”, le propuse mientras me inclinaba, apoyándome sobre el tablero. “Dale, te puedo hacer un par de extracciones hasta que nos saquen de acá.” “Mi clave es 6969”, le dije. “Apostaba a que era 7777”, me contestó. “Mirá que te vacio la cuenta”, me apuró. “Dejáme en rojo, si te animás. Tengo más en la cuenta corriente”, le respondí atrevida.

De repente sonó esa alarma que se activa al abrirse la puerta. Una señora había pasado su tarjeta para liberarnos. Los tres salimos a la vereda. Me quedé mirándolo, esperando a que me diera un guiño, me pidiera el teléfono, se arrodillara, algo. Pero se fue, sin saludarme y con mi tarjeta de débito.

Roberto, cuando nos divorciemos, me voy a quedar con la mitad de tu fortuna y un poquito más. A ver si te gusta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La verdad de la mina - Fueron las minitas

“Cuando una mujer ama, puede hacer temblar la tierra. ¿Me entiende, oficial?” y cuelgan el teléfono.

El oficial Uribe Pesqueira indaga el caso de la mina San José. Sospecha que lo que se cree que fue una falla geológica por exceso de excavaciones, no es más que una artimaña de un corazón despechado.

Mientras el oficial merodea la bocamina buscando pistas, se agacha, toca la tierra y dice: “Esta tierra huele a perfume de mujer. Estos 33 tipos se comieron 70 días bajo tierra por culpa de una guerra de corpiños. Para ver quién tiene el aro más grande.”

Volviendo a la comisaría de Copiapó…
“Oiga señor carabinero, no sé por qué me tiene acá usté po, si ió no puse ni una bomba, no soy naa una delincuente ió“, dijo Marta, esposa de Yonny, el minero enfermero. “¡Vaya y pregúntele a esa rota lo que andaba haciendo mientras ió cuidaba mis cabros! ¡Es cosa de verle la cara no más!”

En el otro cuarto de la comisaría…
“¿Y qué tanta wea dice esa vieja arrugá? Si hubiese sido ió la que explotó la mina ¡La hubiera metío a ella con silla de ruedas y too pa’entro! Pa que se vaya derechito al patio de los callaos y deje de hablar tanta tontera. ¿Cómo se le ocurre a usté que ió voy a querer hacerle daño a mi perforista Yonny?”, dijo Susana, que no dejaba de estrujar contra su pecho una foto de ella y el Yonny, del día del rescate.

Volviendo al cuarto de Marta…
“Fíjese señor carabinero, que esa guatona flaite, hizo toda este enredo pa puro hacerse famosa y quedarse con el Yonny ¡Ni diginidad tiene la muy picante! Ella puso la bomba, se fue a llorar a la mina pa’salir en la tele y todo el rollo y ahora Chile entero cree que ella es la legal del Yonny. A mí el Yonni no me iba a dejar nunca po, pero el manso show que se mandó esa rota cambió too po.”

En la otra sala, Susana…
“Qué vieja más sacoweas, si el Yonny ya ni la tocaba de lo seca que estaba. En cambio a mi me tiene toa perforadita. ¿Le cuento la firme? lo que pasa es que él la iba a dejar, por eso ella se adelantó y lo quiso enterrar ahí dentro pa’ que no salga más. ¿No vio que el Yonny cuando salió se vino conmigo y no con la gila esa?”

El oficial Pesqueira pasa de una sala a la otra, tomando anotaciones, garabateando dibujitos de mujeres feas y gordas.

Entre las idas y venidas, le avisan que hay otras dos investigaciones paralelas y que la suya pendía de un hilo. Si no lograba conseguir más pistas, su caso se cancelaría.

Leer caso del "Sospechoso cool"
Leer caso "Feinman, el malo"

Dedicado a mi chileno perforista redactor. Gracias.

lunes, 18 de octubre de 2010

La verdad de la mina

33 Robertos en una mina, es cuestión de esperar 9 meses para saber quién es el padre.

Ahora que están todos sanos y salvo, es momento de ponernos a indagar las causas del derrumbe.

En una producción sin precedentes: tres bloggeros intentarán resolver el misterio. Tres posturas, tres ideologías, tres culpables. Breins, Alma de Budín y Jennísima, se meterán de profundo en el caso que mantuvo claustrofóbico al mundo.

Colocáte el casco, encedé la linternita, leéte los blogs y sacá tus propias conclusiones.

El miércoles vamos a entrar a la mina, ponete un forro y acompañanos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Somos un changuito

Mirar changuitos ajenos es apasionante. Saca mi psicóloga interior y hasta mi ser más detectivesco.

Chango uno: mujer, 35 años, morena. Chango: 2 almohadas, 1 caja de preservativos de 12 unidades, cepillo de dientes con pasta dentífrica y nueces. Esta mina si no coge en los próximos días es porque se agarró fiebre tifoidea y se siente muy mal.

Chango dos: hombre, 28 años, caucásico. Chango: 7 potes de yogurt light, 2 sachet de leche descremada, 1 bolsa con paquetes de barrita de cereal, 3 botellas de Gatorade, papel higiénico triple hoja y perfumado. Este tipo es fanático de su cuerpo y tiene el culo delicado. ¿Gay? Puede que sí. Creemos que no es quien cogerá con el chango número uno.

Chango tres: mujer, 50 años, caucásica. Chango: 4 paquetes de arroz, 2 paquetes de polenta, 8 paquetes de harina y 5 de yerba. Esta señora tiene al menos cuatro hijos varones que comen que dan calambre y hace un pan que es un manjar.

Chango cuatro: mujer, 25 años, morena. Chango: 1 caja de 20 tampones súper, otra caja de tampones medios, 1 paquete de protectores diarios, 1 de toallitas femeninas y una tabla de chocolate. Esta chica está indispuesta y es una canilla.

¿Qué tiene tu chango?

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre

A los 11 años actué de rama que flotaba en el mar y chocaba contra una de las naos de Colón. Mi frase ante la embestida era: “ay, pero ¿qué tremenda mole es esta?”. Así eran los actos de mi escuela el 12 de octubre. No me pregunten cómo me acuerdo. Simplemente, que hoy mientras atravesaba la Av. Corrientes esta ramita se chocó contra la marcha en defensa de los pueblos originarios, y así nomás se acordó de todo y se dejó llevar por la corriente avenida abajo.

Las primeras cuadras no pude evitar llorar. Haber actuado de rama, no implica que una sea de palo. Es imposible seguir siendo indiferente a esta historia enmudecida. Me escabullí entre sikus y charangos tratando de confundirme entre las nuevas generaciones de hombres y mujeres originarios, que a su paso volvían el asfalto en tierra, levantando polvo para despertar a la Pachamama de la ciudad que duerme debajo del alquitrán.

Aplaudí, canté y silbé bajito acompañando sus carnavalitos. Me dejé peinar por sus banderas y le abrí camino a sus cornos. Fue mi modo de honrar su existencia y reivindicar su historia y su lucha. La verdad es que este fue el mejor acto del 12 de octubre de mi vida.

Para no hacerme la solemne, debo confesar que entre la multitud busqué al Ranquel Nahuel Cruz que me tomara como cautiva y me hiciera su india blanca, pero la emotividad le ganó a mis calentura originaria. ¡Qué la vamo hacer, todo no se puede!

lunes, 11 de octubre de 2010

Entre COTO y el MOMA

Hay objetos sumamente simbólicos: el martillo y la hoz, la esvástica, la cruz y en particular los preservativos. La primera vez que me rompieron el corazón, cada vez que iba al quiosco o al supermercado y veía una caja de forros, me ponía a llorar. No sé si era porque extrañaba tener sexo o por la metáfora de ver un forro y acordarme de ese forro.

Por suerte, somos capaces de resignificar ciertos objetos y cambiar esas reacciones. Hoy, mientras hacia la cola del supermercado, noté que la góndola de los preservativos está justo al lado del de las bombitas de luz. Pensé en el Curador de supermercados y lo admiré. Por lo general, los productos están organizados por lógica de consumo y recetas. Si comprás fideos, tenés a pasitos la salsa y el quesito. Pues bien, cerquita de los forros deberían estar el alcohol, el chocolate y el desodorante. Pero este Curador, harto del consumismo, fue a la metáfora: la luz, la energía, la conexión, los watts, el enrosque, el cortocircuito, claro mensaje de un sexo puro.

Si lo pensamos desde la funcionalidad, es un error haberlos ubicado contiguos. Todos solemos hacer el amor con la luz apagada o tenue, ¡qué necesidad tenemos de mirarnos! A mi Roberto me hace unas caras que preferiría no haber visto nunca. Pero este señor Curador siguió su instinto poético y me dejó su mensaje que supe leer entrelíneas. A él le agradezco, porque me hizo ver la luz: lo que el sexo es.

Ir a Coto fue como haber ido al museo de arte moderno. Incluso me traje un souvenir, ¿adivinen qué compré?


lunes, 4 de octubre de 2010

A Segura nunca la dejan

Hay historias que me desquician: las de esas mujeres que con una sonrisita te cuentan cómo maltratan a sus Robertos. ¿Sabés por qué hacen eso? Porque están seguras de sí mismas. Claro, yo jamás lo trataría mal, por insegura, por temor a que me abandone, a que se suba a un taxi mientras vamos caminando y me deje hablando sola.

Pero en realidad lo que me pone mal, mal, es que ellos estén enamorados de esas minas. Minas que no necesitan hacer casting para “Mujeres asesinas”, porque nacieron para el papel. Minas que joden, roen, percuden y dinamitan el noble ser de Roberto y lo transforman en el espectro temeroso que más tarde lo llevará a evitar el compromiso.

¿Cómo mierda se te ocurre tirarle una olla con salsa portuguesa y peceto encima a tu novio? Sos familiar mío y te amo con toda mi sangre y factor RH. Pero, ¿entendés el valor de tener a un hombre que te ama? Sólo en defensa de tu propia vida y honra estaría permitido. Pero porque llegó tarde a tu cenita, no se lo incinera.

También está la chica que llama a su Roberto desde Longchamps, cuándo él está jugando con sus amigos en Villa Adelina y le dice: “Gordo, venime a buscar. El remise está re caro y si voy en tren me van a violar. Dale, que esta colita es solo para vos. Te espero. Pero apurate, ¿eh?”

¿Estoy revelando mi soledad y desesperación por no ser correspondida? ¡NO! Pongo en duda conductas que ¡no entiendo!

“Lo único que sería capaz de tirarte es otra cosa, Roberto. Aunque también tiene que ver con carne. Pero jamás algo hirviendo, salvo mi cuerpo”.

Cuido detalles para respetarte y no parecer cargosa, celosa y conchuda. Parece que lo que funciona es todo lo contrario.

Ser segura es valiosísimo. Ellos se dan cuenta. Les parece sexy. Huelen la seguridad como una parilla o un puesto de chori. El conchudismo y la seguridad van de la mano, y Roberto las abraza y si es muy boludo les pone una alianza.

domingo, 3 de octubre de 2010

Piso Diez

Hace unos meses subía por el ascensor cantando “yo extraño mi ciudad”. Soy una genial imitadora de Nacha Guevara. Reproduzco sus vibraciones y silencios a la perfección (si supiera de mi existencia seguro me mandaría a matar). Embebida en mi sinfonía y en la magia de la acústica ascensoril, no noté que había llegado a mi piso. Las puertas se abrieron y yo estaba en medio del canto lírico, descollando una nota altísima cuando me sorprendió su presencia. Él estaba esperando con las manos en los bolsillos para poder entrar.

Callé al instante. Sonrojé. Caminé. Adentré a mi departamenté y desmayé. Era un hombre que merecía más de un desvanecimiento. Nunca lo volví a ver, pero te aseguró que lo amé.

No hay día, ni noche en que no desee, por un centésimo de segundo, que al abrirse la puerta del ascensor haya alguien que me enmudezca. Alguien que, de cortarse los cables y yo caiga diez pisos en caída libre, me haga querer bailar reggeton. Alguien que, de cerrarse la puerta y me machuque los dedos hasta mutilarlos, me haga sonreír y decir: "choque los cinco".

No sé, estoy pensando seriamente en hacerme ascensorista.