Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 2 de noviembre de 2010

Llorate algo, nena

En medio de una conferencia sobre cortes de cordero, me quebré en un llanto desproporcionado. No porque me diera tristeza su cruel matanza o la fría planificación de su desmembramiento (de hecho, amo su tierna carne asada con salsa de menta y papitas al horno). Era una angustia inabarcable que brotaba de la nada. Una granada explotándome en el pecho, sacando mis costillas hacia fuera y eyectando mis pulmones por detrás, dejando mi corazón maltrecho, penduleando de una arteria en medio de ese páramo.

Me levanté de la silla y huí antes de que aquellos carnívoros vinieran por mis achuras sentimentales.

Corrí hasta la esquina y seguí llorando a los gritos. Lloraba no solo desde el lagrimal. Me lloraban las pupilas, mis irises, por poco no lloraba mis propios glóbulos oculares. Una atenta señora se me acercó: “¿Estás bien? ¿Te robaron?”. “No. Gracias. Estoy bien. Es personal”, le contesté. “Pobrecita,” dijo y cruzó la calle.

Caminé un par de cuadras buscando asilo en lo de mi amiga y escuché a lo lejos: “¡Jennísima, Jennísima!”. Me di vuelta y con la manga ya colmada de mocos, intenté despejarme las lágrimas de la cara. Un Roberto de ojos claros me buscaba, había escapado de la conferencia y me había perseguido. “Te acompaño hasta donde vayas. Quiero asegurarme de que estés bien”, me dijo. ¿Qué podía pasarme? ¿Transformarme en un charco como uno de los gemelos fantáticos? Son cosas que podrían pasar, ¡obvio que sí! Mirá, yo estaba bien y de repente me puse mal. Cómo no podía cambiar de estado sólido a líquido así nomás. Él sacaría un gotero de su bolsillo para levantarme y ponerme en un vaso hasta que recuperara mi estado normal.

Fue la primera vez que me corrió un Roberto. No llovía, no había cámara lenta, ni sonaba “Eclipse total del amor”. Pensé qué sucedería si un Roberto se enamorara de mí. Si por una vez, Roberto no me rechazara, ni me abandonara, ni se olvidara de mi nombre. Si Roberto dejara de ser Roberto, ¿sería feliz o no tendría nada divertido que contar?

Al final, ¿es mejor tener un Roberto en casa que mil Robertos en un blog?

20 comentarios:

breins dijo...

Me hiciste reír mucho. Muy bueno lo de los gemelos fantásticosssssssssssssssssssssssssss

Sunshine dijo...

jajajaja Bien ahí nena!!!!!

eMe dijo...

Y, tener un Roberto en casa suena más tentador, sobre todo porque lo podés toquetear (y viceversa).

Genial cómo lo contaste, me encantó!!!

Los amigos del duende dijo...

Esa es una pregunta que solo ROBERTO CARLOS podria contestar!

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

Eme,creo que tenés razón. EStaré preparda para ser amada?????? eh????

Amigos del duende: Roberto Carlos quiere todo, no se si podré con un millon de robertos en casa. tengo 2 ambientes!!

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

Sunchine y Breins: gracias por solidarizarse.

Nina Regina dijo...

Ahhh, por qué, POR QUÉ nunca me corrió un Roberto??!?
qué injusta es la vida

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

NIna: me corre por primera vez a los 29 años!!!! Significa que hace 29 que lo estoy corriendo yo. ¿Sabés lo cansada que estoy? Eso si, las piernas las tengo bien duritas para el verano.

Shisus dijo...

"Si Roberto dejara de ser Roberto, ¿sería feliz o no tendría nada divertido que contar?"

Yo digo que podrías ser feliz y encontrar un Rodolfo o un Edgardo sobre el que contar...

Gabulet dijo...

Coincido totalmente con Shisus. 100%!

Muy buen planteo, Banfru.

laura dijo...

si esas son las opciones, diría que coincido con eme, tener uno en casa para despuntar el vicio, o los vicios, no se bien pq no te conozco

Pablo dijo...

Hay que probar de todo, pero definitivamente el sabor real no está en la virtualidad!

Beso

Pintor cansado... dijo...

Ya no se qué hacer... me voy a transformar en pañuelo descartable para, por lo menos, acariciar tus mejillas 1 vez... nada de mocos por favor, solo lágrimas... ni los mails contestás...

MateConDuraznos dijo...

Siempre tendrá algo divertido que contar Banfru, de eso no tengo dudas...
Y además tener un Roberto en casa es toda una experiencia eh! Da para más de un libro, mire lo que le digo.

Lola dijo...

Es mejor tener un Juan o un Diego, los Robertos a veces cansan.

Petardo Contreras dijo...

Depende su objetivo Marta
Ud sabe lo que quiere???
Ofrézcalo a la población roberteril en un posteo y vea los resultados que arroja.

Me animo a arriesgar
6 de cada 10 Robertos querrán su sexo.
1 de cada 10 su espiritu y escencia
1 de cada 10 su combo psíquico-físico
1 de cada 10 le gusta otro Roberto o se enamoro de si mismo

Petardo Contreras dijo...

Y ya se que falta un Roberto para que cierre pero se lo dejo para que lo medite...

Malco dijo...

Yo tenog un roberto en casa, pero no tengo ni un puto roberto en el blog.
me gustaria q me piropeen jajaja

te quejas de jenna!

Margarita dijo...

Más que lo de los Robertos me intriga ¿Qué hacías en una conferencia sobre cortes de cordero?

sofía dijo...

Seré feliz el día que un roberto me corra para asegurarse de que yo esté bien. Ohhhhh *suspiros*