Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

viernes, 29 de abril de 2011

Cadena alimenticia

Desde chiquitos nos enseñaron la cadena alimenticia: las hienas se comen al león. El león se come al ciervo. El ciervo, el pasto con insectos. Esos insectos se comen a otros insectos más chiquitos, etc. U otra cadena: el tiburón se come a los bagres, que a su vez se comen a los cornalitos, que se comen el plancton, etc.

Resulta que como me estaba comiendo a un Roberto empecé a tomar anticonceptivos, que aparte de su razón obvia, generan grandes beneficios mejorando la piel, eliminando a los granitos y aumentando el tamaño del busto mágicamente. Pero no todo es oro en el mundo de la hormona controlada, también me trajo celulitis y arañitas en las piernas. Y como yo siempre tuve el mejor culo de todo el cono urbano bonaerense, no podía permitir esta decadencia abrupta y decidí abandonar los anticonceptivos y tomar pastillas anti-celulíticas naturales, que también mejoraban la circulación. Tenían centella asiática, yuyito gonzález y vitamina B. Pero resulta que la vitamina B genera acné. Entonces, con la cara brotada como una púber de 14 añitos y las tetitas de nuevo chiquitas (faltaba que me dejara de venir para volver a la niñez absoluta), dejé de tomar las pastillas anti-celulíticas y me recetaron antibiótico oral para combatir el acné. Pero el antibiótico, después de tomarlos quince días, atenta contra la flora vaginal, por ende me trajo hongos en la zona sensible que me hicieron rascar hasta dejarme el espíritu santo en carne viva. Entonces abandoné los antibióticos y empecé a usar óvulos vaginales para recuperar la flora. Porque al final de cuentas, pese a los granitos, la celulitis y las tetas chiquitas siempre habrá un Roberto dispuesto a devorarte, pero con hongos no hay sal ni pimiento que te haga apetecible.

miércoles, 27 de abril de 2011

El GPS del amor

Entre mis hermanas le regalamos a mis viejos un GPS. No es que se estuvieran volviendo gagás y se anduvieran perdiendo. Más que nada para ayudarlos a amoldarse a los avances tecnológicos. Para que también vayan evolucionando. Un fin de semana, en una de mis visitas a la casa que me vio nacer, pedí prestado el auto con GPS incluido. Quería probar la nueva maravilla del mundo automovilístico después de la invención del levantavidrios automático, que amo.

Oronda en mi Fiesta, escuché que la gallega del GPS me indicaba: “Martín a la derecha”. Automáticamente miré hacia la derecha buscando a Martín, sin siquiera cuestionarme lo que el GPS me había dicho. Desesperada, miré una muchedumbre de peatones tratando de ver a Martín. Pero no lo veo, vi gente ir y venir. ¿Pero quién carajo es Martín? ¿A quién estaba buscando? No se me venía a la mente ningún Martín. ¿Qué mierda me decía esta gallega?

Entre las tantas preguntas que me hice, ya me había pasado la cuadra sin poder ver a ese hombre, que debe haber sido despampanante como para que el GPS me lo marcara.

Bajé el volumen de la radio para estar atenta a las indicaciones de la gallega. Realmente me intrigaba el hecho de que el GPS me marcara chongos. Era de no creer. Pero qué se yo, quizás mi hermana le había cargado un programa nuevo. Y así como te marcan que hay villas cercas, zonas de peligro, piquetes y radares, tal vez fuera capaz de indicarme hombres de 30 a 40 años, solteros, ABC1, profesionales, buenos mozos, buen bulto y buen gusto, gran sentido del humor y encantadores. Si alguien inventó Facebook , cómo no van a inventar esto: el GPS del amor.

Seguí manejando en primera, expectante a las nuevas coordenadas. Presta a maniobras rápidas. Continué dos cuadras más en silencio, acarreando el suspenso y un signo de pregunta colgando del espejito retrovisor. M á s s i l e n c i o . L a n a d a m i s m a. Apagué la radio. Agarrotada al volante, clavándole las uñas que no me comí, miré a mi alrededor, a los conductores de otros autos, a sus pasajeros, a la calle, los peatones, las motos, las bicis. Seguí esperando su voz. Mis oídos dejaron de pestañear, tan abiertos como mis ojos.

Y finalmente se dignó a hablar y repitió lo que en realidad había dicho: “Mantenga la derecha.”

miércoles, 20 de abril de 2011

Acariciame la coneja

¡Y tendrás tu recompensa!


Acariciala como a mí me gusta:
-Poné el mouse sobre el pelaje
-Hacé click, mantené apretado, deslizá el mouse hacia abajo y soltá el click
-Repetí esa caricia hasta que se ponga bien roja y ¡Sorpresa!


Gracias Fede y Leri por la magia.

domingo, 10 de abril de 2011

Rehabilitación de pulgar

Roberto cayó con chiche nuevo: un arnés tántrico. Lo colgó de una viga que tiene en la casa y me llamó para probarlo. Cómo no iba a llamarme si soy lo más parecido a Nadia Comaneci que tiene en su círculo social y sindical. Allá fuí, previa elongación, por supuesto.

Revotamos de un lado a otro. Yo me lucí con algunas piruetas que aprendí viendo el DVD del Circo de Soleil. Pero Roberto, haciéndose un poquito el tarzán y otro poquito Superman, se descontroló y perdimos el equilibrio cayendo con todo el peso de la ley y de nuestros cuerpos sobre mi dedo gordo, que intentó salvarnos estoicamente y se esguinzó.

Sentí un dolor más grande que la última vez que Roberto me dejó por una prostituta barata, modelo de fiambres Paladini. Presentí la pérdida irreversible de mi okey, pero por suerte lo moví y fue cuestión de ponerle hielo e ir al traumatólogo, que luego me derivó al Kinesiólogo Gregorio. (No hay nada más sexy que un Roberto en ambo, joven, deportista y masajista). A él le entregué mi pulgar.

En cada sesión él me trata igual: me pone electricidad, láser, masajes y ejercicios. Para mí, cada encuentro es una razón para vestirme como Jéssica Rabbit. Me maquillo, me pongo bijuterie, resalto mis piernas con prendas minúsculas. Pero se nota que es muy profesional y sólo me pregunta por el dedo. Estoy esperando ansiosa al final de la rehabilitación, porque ni bien me tire una onda, yo le doy okey con el dedo recuperado y le pido que me esguince las rodillas.

miércoles, 6 de abril de 2011

Para leer de a dos

Me cansé de escribirle a la unidad, a los caramelos sueltos. Hoy quiero que me lean de la mano, abrazados, haciendo cucharita. Como sea que quieran, pero de a dos. Quiero que sus cuatro ojos se unan en la pantalla y reivindiquen el "compartir en pareja".
Bueno, ahora que están apachurrados y tengo su atención, continúo.

Ella cocinaba con el delantal puesto. Canturreba mientras lavaba las verduras. Él se apareció para agarrale la cintura por detrás. Arrastró sus manos por debajo del delantal hasta unir sus dedos encima del botón del jean. Prefirío bajarle el cierre, qué mejor manera de abrir el juego. Después desabotonó.
Ella siguió enjuagando las frutas. Jugaba a que no había nadie y se entregó al cosquilleo anónimo. Sentía las manos de él entrando a su huerta. Las rodillas le flaquearon, por eso se agarró con fuerza a la berenjena morada que tenía sobre la mesada. La apretujó, mientras sentía esos dedos gordos y rastrojeros removiendo el sur de sus finas hierbas.Ella trató de concentrarse para terminar de rebanar la berenjena sin perder un dedo, pero él, como un castor canadiense se escabullía por sus huecos. Ella entonces, tomó unos tomates que había hervido para sacarle la pielcita, pero en vez, los estrujó contra su pecho. ÉL enseguida liberó una de sus manos de la cosecha y la subió para ayudarla a hacer la salsa. Por detrás intentaba arremeter su cucharon en esa olla a presión. Los huevos ya estaban batidos y ellos salpimentados. Ella se dió vuelta y él la peló como a una cebolla, sin lagrimear. Se relamió. Ella le desvainó la chaucha y enmantecó la sarten.
A esta altura, ninguno sabía quién cocinaba y quién era el plato fuerte. Se metieron en el horno, hasta quemarse vivos.

lunes, 4 de abril de 2011

¿Apostando al 63 o al 69?

¿Será así? Mala suerte con Roberto, ¿buena suerte en el juego? Para comprobarlo, hoy a la matina recalculé mi camino hacia un bolichito de Quiniela. Me adentré en el mundo de las apuestas y la riqueza mágica.

- Buen día. ¿Cómo le va? Necesito reemplazar a Roberto por otro vicio como este (le dije al vendedor mientras abría mi monederito).

El Quinielero, entusiasmadísimo por tener una nueva víctima del amor, y ahora del juego, me explicó con paciencia las reglas y tácticas.

Enseguida me dispuse a elegir mi suerte, mirando el cartel gigante que tiene el significado de cada número.

Elegí:
15- niña bonita, o sea yo.
21- la mujer, por mi de nuevo
93- Enamorado, por Roberto
63- Casamiento, el hecho que me unirá a Roberto
96- Marido, en lo que se transformaría Roberto

La verdad, ahora que lo veo, noto que fue una selección muy pacata, conservadora y tradicionalista. Porque si miro con calma todas las opciones, debí haber elegido:

04- la cama, por el lecho de amor
34- la cabeza, por la chota de Roberto
75- besos, por los que nos daríamos
67- Mordida, porque Roberto siempre se hace el Drácula
69- Vicios, por lo que nace de la improvisación
77- piernas de mujer, por las mías enredándolo a Roberto
72- Sorpresa, ¡epa, miralo hoy a Roberto cómo se vino!

Fijate vos, cómo una puede revivir sus experiencias con Roberto a través de la Quiniela, sin tanto sufrir, che. Ya ta, para qué lo necesito. Mañana elijo esto y hasta hacerme millonaria no paro.