Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 26 de julio de 2011

Caserito

Cuando Roberto te diga: “Marta, ¿te jode que te filme mientras hacemos la del perrito?”. Vos decile: “Roberto, hagamos que tenemos una filmadora invisible y tratame como tu perra”.

Ya sabemos lo que pasa con los videos caseritos: nos hacemos una panzada en internet y opinamos en manada de lo corta y finita que tenés la chota, o de lo agraciado que fuiste por el creador supremo y de lo fingido que fue mi orgasmo.
No estoy en contra de la incursión en la porno casera, pero son tiempos difíciles entre tanto ladrón de celular, hackeo de cuentas y de wi-fi que me quedo en un tibia zona de duda. Ojo, que me han agarrado oleadas de exhibicionismo, pero siempre muy cuidada por las luces. Todo muy artístico.
También me da un poco de miedo la doble personalidad de Roberto. Tiene sus arranques de proxeneta, un toque de inseguridad en la pareja y una cuota de celos suficiente como para que un día le agarre la loca y le mande el video a Rial y listo: Jennisima en MegaPorn.com.
Si sucediera, las opciones son tres. La primera: te encerrás en una caja de zapatos con agujeritos hasta que nadie se acuerde de vos, cosa poco probable. Dos: te bancás a todos los pajeros que te reconocen en la calle y te invitan a grabar la parte 2 y 3. Tres: lo aceptás, te convertís en una estrella famosa y terminás trabajando con Suar o Tinelli.
Sin importar tu destino, Roberto siempre queda como un banana y vos como la morocha escarchada con milkshake.
Así que la próxima vez que el Spielberg que tenés en casa quiera poner la cámara, pensalo dos veces y después compartí el link, que acá vamos a ser benévolos con vos y no tanto con Roberto.

lunes, 25 de julio de 2011

No le pidas ideas al Olmo

Porque no te va a dar ni ideas, ni peras. A penas olmos. ¿Pero si el Olmo tampoco te diera olmos? (No sabemos qué mierda da el Olmo, claramente.)
¿Y sin un día, a la cirujana cardiovascular le empezara a dar impresión la sangre? ¿Y si el carnicero se hiciera vegetariano? y ¿La azafata tuviera miedo a volar? y ¿el colectivero le diera urticaria la chicharra de la bajada?
¿Y si yo nunca más tuviera una idea?
¿Qué se hace cuando estas cosas cambian, así, de repente?

pd: Ya sabemos qué pasa cuando Roberto no te quiere más....abrís un blog y llamás a todos los hombres por igual.

jueves, 21 de julio de 2011

Traeme agua

“Traeme agua, Susana. Me quedó la vida atragantada. Golpeame un poco la espalda, a ver si baja. Me la mandé de un bocado, ¿viste? casi sin masticar.”

Tengo que comer más despacio. Masticar cien veces antes de tragar, como dice el dicho. ¿O son cien cepilladas antes de irse a dormir? No sé, me confundo. ¿Todo tiene que ser de a cien? Con la mano en el corazón, con una cepillada me conformo. No te asustes Roberto, no te voy a pedir milagros.

A veces la vida es un asado, otras una ensaladita, puede convertirse en un guiso viejo, o un plato de ñoquis pasado que se te pega en el paladar, un chinchulín gomoso, un filet de merluza con espinas. A veces viene servida en fuente de plata y otras en plato de cotillón.

Susana, esta vez agarré el tenedor, pinché y me lo mandé a la boca sin siquiera mirar. Total, el menú de esta semana dejó mucho que desear. Espero que la semana que viene el cocinero se esmere un poco más.
¿Ustedes qué comieron?

lunes, 18 de julio de 2011

Maratón de baile

Cuando tenga novio voy bailar. Con él. Bailar lentos. Muchos. Temas viejos. Bien apretados. Acarameladísimos. Vamos a hablarnos al oído porque la música va a estar muy fuerte, para envolvernos en las melodías melosas. Voy a alquilar un salón de baile en un piso 15 para ver la ciudad mientras nos acompasamos en un solo vaivén. Solos los dos. Recuperando el tiempo perdido. Los valses nunca bailados. Vamos a estar elegantes. Él con zapatos negros y lustrados. Yo, con unos estiletos de estrás. A las horas, vamos a descalzarnos para seguir dando vueltas, adheriéndo nuestros cuerpos cada vez más. Voy a contratar unos chinos maseajeadores de pies para que nos atiendan a cada rato para que nunca nos cansemos de bailar. ¡Alabada la danza! Eterna. Infinita.
Vamos a tener que renunciar a nuestros trabajos. No se puede hacer las dos cosas al mismo tiempo. o bailás o trabajás. Yo ya trabajé mucho y me falta tanto baile. Ni bien me digas: "¿Querés ser mi novia?", yo te voy a decir "Sí, pará que pongo play y bailamos". Va a ser una maratón de amor bailado. Un adaggio que se vuelve andante, con notas presto allegre para retornar a un tierno adaggio, suave y gentil.
¡Cómo vamos a bailar, Roberto! No te das una idea. Más te vale que no seas pata de palo. ¡Andá practicando! Vamos a ser como Julio Bocca y la Casano. Pero todo esto, sólo cuando tenga novio.

jueves, 14 de julio de 2011

Amor con candado

En Rusia, el casamiento tiene ciertos rituales o prácticas que nosotros no tenemos. Quizás debamos agradecer por esto. Dos de estas prácticas me llamaron la atención. No hablo de acciones vinculadas a la religión ortodoxa, sino a hechos que traspasan lo espiritual sin abandonar el terreno de lo simbólico.

El primero tiene que ver con el transporte. Los cuentos de hadas nos hablan de príncipes y princesas que se trasladan en bellas carrozas, decoradas con brillantes y rubíes, acarreados por blancos corceles del hipódromo colosal de Disney. Pero en la actualidad, lo que usan los novios rusos para ir de aquí a allá son Hummer limousinas, esas camionetas 4x4 pero en versión limousina bien largas y blancas. En sus vidrios polarizados, los recién casados mandan a troquelar sus nombres en stickers y los pegan. Por lo general, también agregan delicadas calcomanías de copas de champagne burbujeantes.

En el recorrido de la iglesia al salón de la fiesta se detienen en algún puente, donde descienden para poner juntos un candado en alguno de los barrotes. El simbolismo el clarísimo: el casamiento es un candado y cuanto más grande, más fuerte será el lazo. Aunque para mí, el tamaño del candado tiene distintos significados, que también varía según quién haya comprado el mismo.

Si lo compró la mujer, el tamaño del candado es indirectamente proporcional a la confianza que le tiene a Robertusky. Candado grande es igual a un Roberto pirata, borracho y putañero al que hay que atar al hierro para que no se tiente más. Si este Roberto hubiera comprando el candado, sería uno de esos chiquitos de diario íntimo, fácilmente violable y de corroer con el viento del primer otoño. Si el candado lo compra el hombre, el tamaño es directamente proporcional a la lealtad que le tiene a Olga. Candado grande, amor grande, lealtad grande… y seguramente Olga con tetas grandes.

Acá no necesitamos poner candados, porque Roberto sabe muy bien que si se porta mal nos quedamos con la casa, el auto y la mitad de su sueldo.

martes, 12 de julio de 2011

Ñocorpi-less


Volví de mi viaje plena. He vuelto sabia, con màs savia que un palo borracho. He descubierto que todos los Robertos del mundo son iguales. Te desean, se arrodillan para mentirte de la forma más romántica y encantadora, te llevan a la playa para hacerte milanesa a caballo y despuès de que rompen las olas... tambièn desaparecen. Sin importar el país, en el lenguaje del amor Roberto se sigue llamando Roberto.
Pero coger en el exterior es distinto. Es un polvo que vale más. Como el euro,¿vio? es un 6 a 1. Se disfruta de otra forma. No es lo mismo curtirte a un Carlitos en Mardel, que a un Vladimir en Moscù. Igual fue difícil. En ruso todo se complica mucho màs. ¿Cómo decir: "Más rápido. Dale, ahí. Ponete el forro ya"? No hay mimo que se las ingenie para poder expresarlo. Además, cuando tenés las manos en otras partes, no las podés usar para hacer el gestito de ok. Así que me relajé y dejé que me lo hicieran a lo rusa: papita, zanahoria, arveja y mayonesa.
Cambiando de tema... en esta plenitud que les cuento, también gocé del nudismo público. Le di libertad condicional a mis senos. Me envalentoné e hice topless. Llegué a la conclusión de que las tetas son como los camellos de los Reyes magos. Hay que dejarles pasto y agua para que se pongan lindas. Así que cuando las desnudé, ¡estaban como locas! No sabían para dónde mirar. Tenía los pezones revolucionados, ni parpadeaban. Con un poco de sol y mar, ¡les juro que me crecieron! Un poco de pudor tuve, les soy sincera. Mi mayor temor era que alguien viniera mientras tomaba sol y me las agarrara. "¡Suelte señor!, estas tetas están tomando sol, ¿no se da cuenta?"

Y bueno... estoy contenta de haber vuelto. ¡Tengo tantas historias para compartirles! En la semana nos ponemos al tanto.