Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 14 de julio de 2011

Amor con candado

En Rusia, el casamiento tiene ciertos rituales o prácticas que nosotros no tenemos. Quizás debamos agradecer por esto. Dos de estas prácticas me llamaron la atención. No hablo de acciones vinculadas a la religión ortodoxa, sino a hechos que traspasan lo espiritual sin abandonar el terreno de lo simbólico.

El primero tiene que ver con el transporte. Los cuentos de hadas nos hablan de príncipes y princesas que se trasladan en bellas carrozas, decoradas con brillantes y rubíes, acarreados por blancos corceles del hipódromo colosal de Disney. Pero en la actualidad, lo que usan los novios rusos para ir de aquí a allá son Hummer limousinas, esas camionetas 4x4 pero en versión limousina bien largas y blancas. En sus vidrios polarizados, los recién casados mandan a troquelar sus nombres en stickers y los pegan. Por lo general, también agregan delicadas calcomanías de copas de champagne burbujeantes.

En el recorrido de la iglesia al salón de la fiesta se detienen en algún puente, donde descienden para poner juntos un candado en alguno de los barrotes. El simbolismo el clarísimo: el casamiento es un candado y cuanto más grande, más fuerte será el lazo. Aunque para mí, el tamaño del candado tiene distintos significados, que también varía según quién haya comprado el mismo.

Si lo compró la mujer, el tamaño del candado es indirectamente proporcional a la confianza que le tiene a Robertusky. Candado grande es igual a un Roberto pirata, borracho y putañero al que hay que atar al hierro para que no se tiente más. Si este Roberto hubiera comprando el candado, sería uno de esos chiquitos de diario íntimo, fácilmente violable y de corroer con el viento del primer otoño. Si el candado lo compra el hombre, el tamaño es directamente proporcional a la lealtad que le tiene a Olga. Candado grande, amor grande, lealtad grande… y seguramente Olga con tetas grandes.

Acá no necesitamos poner candados, porque Roberto sabe muy bien que si se porta mal nos quedamos con la casa, el auto y la mitad de su sueldo.

9 comentarios:

Ana dijo...

La última frase es realmente optimista, jaja. No siempre es tan así y en todo caso no parece disuadir a unos cuantos.
Besos

Cinty dijo...

Jajajaja Tal cual, acá tampoco se ponene candados, total, nos podemos quedar con todo!!


De todas maneras, por el Centro, hay una fuente llena de candados, el lunes que paso por ahí la fotografeo !



Besote

Vale dijo...

Es que acá los puentes no tienen rejitas tan pintorescas, puro cemento.
Igual está bueno que el candado sea sólo simbólico, recuerdo un chiste de Mafalda donde la mamá estaba encadenada a los electrodomésticos, pobre.

Familiarizada dijo...

Muy interesante. Me quedé pensando que tipo de candado eligiría yo.

Hugo dijo...

No hay candado que no se pueda romper.

Mejor que se pongan esas tobilleras y sepan siempre dónde está el otro.

La Hilarante dijo...

lo de los stikers me hizo acrodar a esos que se usan ahora que te avisan cuantas personas son en la familia...

que si entras a un telo con una marte que no es "cocinera" se arma.

Margarita dijo...

Matrimonio = Condena???
Que raros son los rusos....

Gatubella dijo...

VALE los viejos puentes sobre el RIACHUELO (LA NORIA, URIBURU) tiene rejas pintorescas .........

El candado ¿no será al revés? para proteger la virginidad de la mina ¡JAJAJAJAJA!

Alejo Z. dijo...

Bueno, da igual candado o contrato firmado-de-defunción-matrimonial, al final la llave o el borrador lo tiene el abogado. Ves, los abogados siempre ganan! jajaja
Un abrazo.