Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Hecho Realidad

¡Ja! ¿Qué se creían? ¿Qué esto era cháchara vacía? ¡Jamás!
Señores y señoras: Arte Douche Exhibition en vivo. ¡Están todos invitados, hasta 22h!



miércoles, 28 de septiembre de 2011

Manos a la obra

Me enamora el hombre que arregla cosas. Le veo las manos concentradas en esa aventura tetosteronil, engrasadas o embarradas, sucias o sangrantes y siento mi corazón rebotar cerca del orgasmo. Cómo me gusta verlo transpirar, secándose la frente con el antebrazo tenso de la fuerza que brota de sus antepasados cavernícolas. Me estimula escucharlo martillar, taladrar, empernar. Deliro cuando lo veo subido a la escalera, pelando un cable o ajustando las tuercas con una llave cruz. Qué me importa si está poniendo la llave en la arandelita del llavero, hasta eso me estremece. Si llegara a tener puesta esa linterna en la frente, un casco o ese cinturón que cuelga herramientas, me dan unas ganas irrefrenables de saltarle encima, arrancarle la remera sucia, rota y vieja para lijarle el pecho con mis tetas.
Es así. Cada una se hace los ratones con lo que puede.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Detrás de la sonrisa

Esconderse detrás de una sonrisa es imposible. Sabés por qué. Porque mido un metro setenta y mi sonrisa más amplia, unos veinticinco centímetros. Pero ponele que me haga bolita. Que me arrodille y me abrace las piernas con los brazos e intente caber detrás de ella, ¡los rulos!, los rulos me delatarían saltarines y altaneros. Ellos no pueden quedarse quietos ni acurrucados.
No puedo esconder los pies tampoco. Los necesito para llevar la sonrisa de acá para allá.
También necesitaría las manos para pintarme los labios y lavarme los dientes. Porque una sonrisa sin dientes brillosos y resplandecientes nadie quiere ver.
Supongo que mi sonrisa tendrá ganas de ir al baño, así que tampoco puedo esconder la pelvis. Cómo voy a saber a quién debo sonreír sino no tengo ojos para ver. Tengo que poder respirar, así que mi nariz y mis ojos también deberán salir de su escondite.
¿Te das cuenta por qué no puedo esconderme detrás de una sonrisa? Porque ella es tan parte de mí como el resto. No es un escudo, no es una mampara, ni un paredón. Es sólo una sonrisa.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¡Sembrame la semillita!

¡Feliz primavera para todos!

Arrastrá la semillita a la maceta y mirá lo que florece.





Gracias a Leri y a Fede por hacer germinar mis ideas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Diente por diente

Como si tuviera en exceso, debo sacarme las dos muelas de juicio que me quedan. ¿Qué va a ser de mi criterio y mi lógica cartesiana sin estas dos piezas dentales?

Por esas maniosas rutinas del dentista tuve que ir a sacarme una placa para ver la raíz y esas cosas que necesitan ver antes de extirpármelas. Si pudiera sacarle una placa a Roberto cada tanto, me simplificaría la vida, podría ver la raíz de los males de nuestra relación. Pero volviendo al tema, o mejor dicho, vayamos a la sala de espera.
Después de sacarme las placas, que no duró nada, me quedé esperando en la sala a que me las trajeran. Para matar el tiempo me puse a navegar en el celu. Escuché a una mujer gritar algo parecido a mi apellido, pero remató con un Karina. La única en la sala era yo. Nos miramos en silencio. Ella volvió a leer el nombre y se corrigió: Jennifer. Agarré el sobre pero me quedé un rato más respondiendo un mail. A los dos minutos sale otra mujer gritando algo parecido a mi apellido y remató con un Jennifer. Levanté la vista y la señora me entregó un sobre. "Pero si recién me dieron las placas", le expliqué a la señora con cara de confundida. "¿En serio? A ver, dámelo que ya vuelvo".
Salió una tercera persona gritando algo parecido a mi apellido y mi nombre. Se acercó para darme un sobre. "Discúlpeme señora, es la tercera vez que me entregan las placas. ¿Qué pasa?". De repente me sentí viviendo el día de la marmota, una y otra vez lo mismo. "Ya vengo", me respondió. Cinco minutos más tarde, aparece la primera señora: "Disculpanos. Este es tu sobre". Lo agarré y no sabía si irme o no. Si me hubiera ido al toque en la primera ocasión solo Dios sabe qué dientes me hubieran sacado. Cómo saber si esta vez no se habían confundido. Abrí el sobre y me puse a contar los dientes de la placa con el dedo y dentro de mi paladar hacía lo mismo con la lengua. Como tenía la misma cantidad y la paletas se veían lo bastante grandecitas, supuse que era mi boca. Así que me fui.
¿Mirá si me sacaban todos los dientes de adelante? Roberto chocho, porque le iba a poder dar los petes de su vida, el famoso pete felpa, pero sería el único beneficiado. ¡Siempre tan egoísta él!

viernes, 9 de septiembre de 2011

Arte Douche V

Para acompañar tu viernes musical, el Arte Douch te trae ¡rock capilar, baby!

"El cantante". Rulos sobre cerámica. Septiembre 2011

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Tomame

Si fuera un trago, sería uno de esos que te dejan resaca. Sería un trago que te convertiría en alcohólico, me querrías tomar en el desayuno con cereales, en el almuerzo como aperitivo y no podrías irte a dormir sin tomarme un sorbito antes.
Si fuera un trago, brindarías conmigo por el amor eterno.
Si fuera un trago tendría una aceituna verde con morrón, rebosaría el borde de la copa con azúcar. Tendría varias capas de colores, arriba rojo para que te imagines besando mis labios carmesíes, el centro transparente para que puedas ver al otro lado de la copa y una base amarilla anaranjada para que tenga sabor a beso en un atardecer.
Si fuera trago, estoy segura que me tomarías.

martes, 6 de septiembre de 2011

Mi última banana

En los últimos cinco años cierta fruta tropical fue la base de mis desayunos y de mis postres. Un poco por su valor nutritivo y otro poco por su practicidad, siempre andaba con una banana en el bolso. Caminar por las calles comiendo una no era sencillo. Si por naturaleza el hombre se inspira con el andar de una mujer por la calle, imagínense si encima tiene una banana en la boca. “No querés comerte essssta que también te va a gustar”, era una de las cosas que me gritaban, con alguna palabra de más o de menos, pero el mensaje era siempre el mismo: me ofrecían su fruto desenvainado, su banana de carne.

Pero una mañana, pasó lo inimaginable. En la tercera mordida, me dio una arcada. ¡Sí! Tal como leen, tuve que escupir la banana, sacármela de la boca como si estuviera envenenada. Desde entonces, nunca más pude volver a comer una banana. Intenté acercarme a ella desde otras recetas, en nuevos lugares, pero sin éxito. Ni siquiera en ensalada de fruta rebanadita. ¿Habrá sido el exceso lo que me dio el rechazo?

Cómo una fruta tan fiel, que me ha dado de comer hasta en los más recónditos espacios del mundo, tuvo que desaparecer de la noche a la mañana de mi pirámide alimenticia. ¡Qué tristeza!, ahora solo tendré que conformarme con la de Roberto.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Reservada

Como a una mesa de restaurante, me pusiste un cartelito de RESERVADA. Pero resulta que no llegás y mientras tanto nadie se sienta. Los mozos me tienen aislada, ni la panera me ponen. Espero. Llega gente que se sienta a mi alrededor, piden platos humeantes y descorchan vinos. Espero. Los menúes pasan de mano en mano, los manteles se recambian, las copas se rompen. Espero. La comida se enfría, la traen de vuelta y le llegan las felicitaciones al chef. Espero. Piden las cuentas, dejan propinas y se llevan el recibo. Espero.
La diferencia es que en un restaurante te mantienen la reserva hasta después de una hora y yo… hace 2 años que te espero, Roberto.