Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

domingo, 30 de octubre de 2011

Carne


La primera vez que chateamos me preguntó si conocía una buena carnicería por el barrio. Me alegró saber que no era vegetariano. No tengo nada contra ellos, pero me parece sensual la imagen de un hombre haciendo un asado con su cuerpo sucio de carbón, acomodando las brasas ardientes con sus manos curtidas de tanta paja y trabajo duro. Imaginarme a Roberto comiendo el huesito de la tira de asado con las manos, como un zulú salvaje desgarrando la carne de un ciervo recién atacado por leones, es un festín para mis neuronas calentonas.
"No conozco ninguna carnicería cerca, creo que no hay", le contesté. "Deberíamos poner una, nos llenaríamos de plata", agregué, mostrándole muy sutilmente lo rápida que soy con los negocios, mi avidez por generar proyectos y mis ganas de concretar planes a futuro juntos, si es que el chat prosperase hacia una relación.
"Me gustaría conocerte", me escribió. "Dale", respondí frescamente. Pero como estoy harta de las citas clásicas y de esas rutinas maquetadas, quise innovar, sabiendo que correría un riesgo: el de asustar a Roberto con mi originalidad. "Tengo que ir al súper hoy, ¿te parece si nos vemos ahí?", le propuse. (Sí, lo sé, fui muy poco romántica, casi una boicoteadora del amor, una asesina de momentos íntimos).  El muy guapo me respondió: "Perfecto, en la góndola de las carnes".

Mirá que he criticado a Roberto una infinidad de veces, pero es cuando hace estas cosas que me enamora hasta Plutón y más allá de la vía Láctea. Así que para nuestra primera cita fuimos directo a los bifes.

lunes, 24 de octubre de 2011

Ecuación simple pero compuesta

Por cada vez que un Roberto me dice que no está preparado para estar una relación, me gusta pensar que en Sudáfrica un chico se cura de Sida, un investigador descubre una vacuna para el cáncer y que un ingeniero encuentra un nuevo recurso de energía renovable.

Pero no, lo único que pasa es que lloro y siento que se acaba el mundo.

sábado, 22 de octubre de 2011

El mapamundi de mis zonas erógenas -Final


Mientras íbamos hacia el noroeste, tal como ordenó un marinero, el viaje se puso turbulento. Violentas tormentas y gigantes olas en lo zona de mis costillas hicieron que la nao quedara bastante maltrecha.  Los malditos planos trazados por piratas pasados de whisky, nos llevaron primero por la axila antes de llegar al seno del placer. Las cosquillas espásticas en el recorrido de esa cavidad hicieron quebrar el mástil mayor, las velas se deshilacharon y entró mucha agua. Para cuando llegamos a la costa acantilada de esa teta en erupción, no había un marinero con las fuerzas suficientes para escalarla y remover el terreno buscando el maldito tesoro.

La decisión del capitán fue la menos esperada. Había que cancelar la expedición y cambiar de carabela. Esa vieja barcaza no podía seguir navegando por ese cuerpo tan voraz. Se necesitaría un barco más potente, feroz, indestructible: un buque con mezcla de submarino y de avión Hércules. Que pudiera sumergirse hasta el centro de la tierra, enviar misiles teledirigidos hasta el otro lado del mundo, sobrevolar con sutileza las tierras haciendo suspirar hasta las piedras, escalar hasta altas cumbres, perforar la aridez y arrasar las resistencias naturales.

Ese mapa que lo llevaría al éxito de mis zonas erógenas había quedado arruinado, borroso, manchado, no le serviría aunque estuviera parado encima del punto g.  El capitán del barco se puso sus más elegantes prendas, se ató al ancla y se tiró al mar. No había encontrado el orgasmo de ese cuerpo, pero moriría en la profundidad de esa piel que amó.

martes, 18 de octubre de 2011

El mapamundi de mis zonas erógenas- Parte II


Subidos a la nao colonizadora, nos preparamos para partir e iniciar la búsqueda del Golden G point. Mandé a un marinero al tope del mástil, al carajo literalmente. Desde allí tendría mejor visión de mis mares y mis tierras.
Señaló el sur y allí nos dirigimos. Cruzamos los trópicos de mi cuerpo bajando las latitudes mas no  la temperatura hasta que encallamos en los dedos de mis pies. Uno a uno los fuimos recorriendo, como se navegan los fiordos nórdicos,  acariciamos las yemas de cada dedo, sus puntas, subimos por el empeine como si fuera la cresta de una ola y la barrenamos con la lengua hasta el talón, pasando antes por ese huesito redondo del tobillo con gentileza y dulzura. Aunque las reacciones fueron placenteras, eran más cosquillas que otra cosa. Mi punto g no están en mis pies.
El marinero del carajo, esta vez  señaló hacia el norte. A todo vapor subimos contracorriente, navegando por los gemelos de mis pantorrillas hasta descubrir  un punto detrás de mis rodillas. Un pequeño valle fértil de sensaciones, como las costas del Nilo. Nos quedamos un rato allí, bajamos anclas y en un pequeño bote recorrimos en círculos esa piel suave que me daba pequeñas vibraciones mágicas. Pero allí tampoco encontré el Golden G point.
El amo del mástil gritó: "¡vayamos al noroeste! Allí lo encontraremos."

viernes, 14 de octubre de 2011

El mapamundi de mis zonas erógenas - Parte I



¿Dónde está el punto g?

Si yo no lo puedo encontrar, cómo voy a esperar que el otro lo encuentre. Los sexólogos te explican, hacen gestos con sus dedos, te muestran peluches, pero la mía no es un peluche, es un laberinto de posibles punto g. Un laberinto encantado, de esos donde crecen nuevas libustrinas y otras desaparecen y es imposible no perderse, porque todo muta.

Hay veces que lo encuentro y grito: ¡Ge, ge, ge, acá estás! Pero cuando voy a buscarlo de nuevo, donde pensé que lo había dejado, ya no está. Me encuentro con el punto j, que aunque suene a ge se escribe je y no es lo mismo.

Entonces tuve una idea: hacer un mapa de mi cuerpo como los viejos piratas e iniciar un viaje en barco recorriéndolo todo hasta encontrar el Golden punto G. ¡Bienvenidos a la aventura!



viernes, 7 de octubre de 2011

Curvas para mi hombre


Me miré al espejo y me vi flaca. Mi hombre necesita adrenalina, necesita subirse a su porsche y andar por las curvas de mi cuerpo sintiendo la muerte en cada esquina, el temor a desbarrancar por el precipicio de mis cantos, mis caderas y mi busto.

Pero.... claramente mi busto es una planicie con dos badenes que no necesitan señalización para dar advertencia alguna y  no pasaré por el quirófano, lo siento Roberto. Pero con el resto de las curvas algo podemos hacer, por ejemplo engordar.

Me metí en la compu y gugleé "Dieta para engordar rápido". Sinceramente si hiciera todo lo que decía, pasaría tanto tiempo comiendo y digiriendo que no tendría tiempo libre para garchar, y el único fin de engordar es el de darle una pista a Roberto para que meta quinta y termine volcando en mi autopista hacia al sur.

Lo que decidí fue empezar con la mitad de la dieta, comer todo lo posible pero dándole el tiempo suficiente a mis enzimas digestivas para alivianar mi estómago y a mis músculos para absorver la glucosa y estar diez puntos para arrancar el Dakar sexual  con el monster truck de Roberto.

 Ruuuum, ruuuummmm. Ahora sí, con estas curvas, más vale que no tengas frenos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Te moldeo en vano


Te moldeo para mi
aunque te niegas a tomar forma
siempre     L      I     B     R     E,   /sin ataduras/
te rebelas a mis manos

Te INVADO  sin darme cuenta
te excavo como queriendo encontrar   a
                                                              g
                                                                  u
                                                                       a


Quizás deba ----------------------------->  irme
volveré cuando aprenda a ser tan    L     I      B    R    E  
 como  V       S
               O

miércoles, 5 de octubre de 2011

Listita

Cosas que temo olvidarme y/o me tienen preocupada:

1-
2-
3-
4-

Maldición, sabía que iba a olvidarme.