Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Como dos animales


Qué lindas que son las mañanas a su lado. Despertar con él es como hacerlo con un gallo vigoroso de pecho emplumado y cresta prominente, siempre madrugador para hacerme empollar sus huevos.  Picoteando entre las sábanas me hace cacarear de lo lindo y yo me siento su bataraza, reina y señora del gallinero.

Salir a pasear con él es como hacerlo con un caballo de pura raza, con sus crinas al viento y su dentadura resplandeciente. Me alza en su lomo y yo lo monto  a pelo, sin montura ni nada, como hacemos las jinetas bien atrevidas. Me lleva  al trote hasta que se cansa y nos tiramos en una plaza a pastar.  Busca flores silvestres para decorarme el pelo, después  me besa en esos rincones para hacerme relinchar, y así me transformo de jineta en su yegua.

Cada cosa que hace es como estar con un animal distinto: es una liebre que corre para traerme atardeceres, una zarigüeya atenta a mis tristezas, un oso que me abraza, un león que me protege, un águila que vuela con mis ideas, una hormiga que me hormiguea, una serpiente que … también me hormiguea y yo muto con él, atravesando toda la familia de felinos, de aves, de vertebrados e invertebrados. Pero por más que mutemos los dos, siempre nos seguimos queriendo.   

miércoles, 23 de noviembre de 2011

De querer


Quiero ser un poco como él
cruel, mentiroso, desalmado

Quiero ser un poco menos como yo
intensa, sensible, entregada


Quiero ser un poco como él
poderoso, fuerte, seguro

Quiero ser un poco menos como yo
dudosa, temerosa,inestable

En realidad, no quiero ser como él
quiero ser como yo
y que él me quiera.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Amor Inflacionario


Bueno, este es mi plan: ayer saqué 500 dólares del banco. Sí, la AFIP consideró que puedo retirar divisas extranjeras y usarlas en mi país, pero  no sabe para qué. Les voy a contar.

Miro a las mujeres de 30 años para arriba, desesperadas por tener novio, asustadas porque sus óvulos se están convirtiendo en higos en almíbar, sintiendo el iceberg que se forma del lado gélido de la cama  y que nunca va a calentarse, y no quiero ser una de ellas.

Entonces, se me ocurrió confiarle a mi amiga mis 500 dólares y un pedido muy especial: “Buscá un chico lindo, no un modelo de Calvin Klein, tampoco uno feo como los que te gustan a vos, uno como los que me gustan a mí. Fijate que sea decente y pagale para que me seduzca y sea mi novio por cinco o seis meses. ¡Ah! y aclarale que yo no me tengo que enterar de nada.”

¿Este es plan?

Sí. Este buen pastor accederá, pues hoy los dólares cotizan altísimo. Mientras la inflación nos sucede, los 4.30 llegan a 7 que llegan a 9 pesos el dólar,  nos iremos conociendo, compartiremos montones de cosas porque él está forzado a estar conmigo. Pero sin darse cuenta, se irá enamorando de mí. Sin saberlo estará ganando más que un excelente interés cambiario, una mujer extraordinaria.

Cada vez que tenga dudas sobre la relación o se asuste por el compromiso, mirará sus dólares crecer más y más y se quedará a mi lado, pero no por la plata, sino porque me verá como su inversión…su inversión en la felicidad, conmigo como esposa, como amor.

Va a llegar un momento en que no podrá distinguir lo que en un momento comenzó como un negocio, porque difusamente se convirtió en pasión, lealtad, entrega absoluta y amor incondicional.

Si esto no es confiar en la economía del país, ¿qué es, señores? ¿Qué es?
 Por suerte tengo un plan para no caer en la desesperación.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Destino al por mayor y menor


- Buen día, permiso
- Sí, adelante.
- ¿Acá venden destinos?
- Así es. ¿En qué puedo ayudarle?
- Estoy buscando un destino fresquito, tipo solero, para el verano.
- ¿En algún color particular?
-  Un destino azul.
- ¿Azul? No, linda. Azul, ya no se usa. A usted le iría bien un destino naranja, que representa el entusiasmo, la felicidad, la atracción, la creatividad, la determinación, el éxito.
- Ay, sí. Ese destino me gusta. ¡Me encanta!
- Déjeme buscar en su talle. Ya vuelvo.
(Sube las escaleras, la escucho buscar. Baja.)
-Sabe que no me queda. Tengo en naranja oscuro pero no se lo recomiendo, sugiere engaño y desconfianza.
-No, no quiero ese color de destino.
- Otro que le quedaría genial es el amarillo claro que representa inteligencia, originalidad y alegría.  Pero me fijé y me queda amarillo pálido que representa precaución, deterioro, enfermedad y envidia o celos.
- Señora, me ofrece cosas lindas pero después no me las puede dar.
- Y bueno, nena. El destino es así. Uno no puede manejarlo.
- Pero me está ofreciendo  un destino de mierda, señora. ¿No tiene uno para  zafar el verano? Después veo resto del año.
-Sí. Tengo uno gris. Ya me fijé y tengo de su talla. Hermoso.
-¿Gris? ¿El mejor destino que tiene para darme?
- Sí, gris. ¡Pero alégrese! No es tan malo como parece.  El gris es estabilidad, que mal no le va a venir, por lo poco que la conozco. Además, inspira creatividad y simboliza el éxito. Y lo mejor de todo es que su uso en exceso no provoca contraindicaciones.
- ¿En serio? Bueno, entonces deme un destino gris. Bien gris.
-Aquí tiene. ¿Se lo envuelvo?
- Me lo llevo puesto. Muchas gracias. (y me fui contenta. No sé si el destino es muy buen vendedor o yo con tal de tener alguna certeza me compro cualquier buzón).

martes, 8 de noviembre de 2011

Cansada de ser tu tomate



En el acting de ser una mujer libre, sin mambos y sin ganas de tener compromisos, entro a tu vida como una semillita entra en el surco de la tierra de una huertita. Nos vemos cada tanto para que me riegues y yo crezco. Voy germinando un cariño hacia vos. Noto que cada tanto me ponés un abono especial y me imagino que es porque apostás a que este amor crezca de verdad.  Y sigo creciendo hasta que doy fruto y me doy cuenta de que me enamoré de mi huertero. Pero el señor huertero no solo cultiva tomates como yo, también cultiva todo tipo de frutas y las come a todas. Entonces me marchito.


Para la primavera, cerca el verano, el huertero se acerca a su huerta para revisar sus cultivos. Entonces trae la regadera y empieza a tirar gotitas, atento a ver qué plantitas reaccionan. Algunas están muertas de raíz, pero otras no, sólo andan con las hojas amarillentas y la fruta podrida pero con las raíces grandes y vigorosas como un baobab subterráneo. Claro que esa soy yo.

Con esas dos gotas de agua esta plantita no sabés cómo se recupera. Te da fruto al toque, tres kilos de tomates bien rojos, redonditos y firmes sin chistar.  Pero resulta que el huertero no quiere comerse ningún tomate,  ni piensa en hacerse una salsa pomarola, nada. Solo quiere alimentar su ego viéndome batir las hojas al viento.

Entonces tengo dos opciones: marchitarme de nuevo o curtirme al espantapájaros. Opto por lo segundo porque el tipo siempre está firme, no huye, se enfrenta a los cuervos para defenderme y sobre todo porque siempre está duro.