Lo bueno del Roberto extranjero es que ya sabés de antemano
que te va a dejar y vas a sufrir. Sabés
que te vas a enamorar perdidamente porque en tu imaginación se va a volver más y más perfecto. Claro, lo conociste dos días y solo tuvo tiempo de mostrar sus dotes más preciados.
Esta es la historia de Iojan, un metro noventa de alemán que
supo hacerme beber la espuma de su cerveza. Se preguntarán si también me hizo
comer de su salchicha de Baviera. Pero odio responder obviedades.
Luego de un aterrizaje turbulento en un avión de doble hélice
en una noche de tormenta, llegué al hostel con pocas ganas de socializar. Me
senté en un sillón con la mirada perdida en una pared decorada con excursiones
a 10 dólares. Él estaba en frente, donde
mis ojos apuntaban, pero jamás lo vi. Me preguntó de dónde era y así apareció
en mi vida. Sucedió la típica charla de hostel donde se reemplaza el “¿de qué
signo sos? por “¿hace mucho que estás viajando?”. La charla se puso interesante
cuando empezó a hablar de cómo los perros llevan a sus cachorros por el cuello, y tuvo el tupé de pasar su mano germana por mi nuca para tironearme del pelo, suave pero firme. Claro que ese mínimo
gesto, en donde él me agarraba como a un cachorrito despertó mi perra
interior. Con la timidez que me caracteriza, le pasé la mano por su nuca y le
tironeé yo del pelo, “¿is it like this?” le
pregunté.
Y bueno, acá termino la historia. Gracias por leerme. Besis.
Naaaaaaaaaaaa, qué va a terminar acá. La situación se estaba
encendiendo demasiado y yo no estaba en condiciones de responder a las
consecuencias. Los nervios de las turbulencias, el cansancio del viaje y el
depilado a medio terminar me imploraban una ducha. “Ahora vengo, voy a ducharme”,
le dije. En un minuto y medio ya estaba lista para la tercera guerra mundial. Metí toda mi ropa en el locker, cerré el candado y cuando iba a salir me di
cuenta que ¡había dejado la llave del candado dentro del bolso que había
guardado!
Iojan estaba esperándome con su embutido fresco y suculento
mientras yo trataba de hacerme la MC Giver tratando de abrir el candado con una
hebillita invisible. ¡Qué pérdida de tiempo! Fui a la administración para buscar dos
destornilladores para desarmar el locker que tenía no sé cuántos tornillos. Ante
mi tardanza, Iojan se apareció en mi habitación, agarró el destornillador que estaba apoyado en la cama y sin emitir palabra sacó 127 tornillos en 30
segundos. Yo miraba esos dedos trabajar, esas manos hacendosas que pronto estarían
desajustando mis arandelas y abriendo mi candado carnal. Cuando dejó caer el último tornillo al piso, trabé la puerta de la habitación sin importarme ninguno
de los 5 pasajeros que compartían mi cuarto mixto repleto de cuchetas. ¡El
festín argentoalemán que se dio en ese cuchitril!, fue un desparpajo de amor que fortaleció hasta al hartazgo las relaciones bilaterales de ambos países.
Por supuesto que fuimos interrumpidos por golpes que gritaban en distintos idiomas: “Abrid esta puerta maldita sea”, pero
nosotros seguimos atornillando y desatornillándonos.
A nuestro tiempo decidimos abrir la habitación y teta a
teta, cada uno a su cucheta.
Esto te pasa por no querer viajar conmigo. Te lo perdiste, Roberto.
Auf Wiedersehen!

10 comentarios:
Que grositud!!!! los Robertos extranjeros tienen lo suyo!!!
¿Cuántos Robertos has dejado por el Mundo Banfrula?
Sos un ejemplo a seguir
jajjaaa los robertos extanjeros, me tienen mal, nena!!!!
;)
besis (jajajaa odio besis!)
muax
atchung! baby...
da spoke germanike?
niet?
solisti facti?
bueno, porlo menos tuvieron la decencia de cerrar la puerta y no despertar a los otros cinco pasajeros con los gritos a las tras de la mañana...
Grande Banfrula, siempre haciendo quedar bien a la carne argenta.
Por dior! El Roberto extranjero es lo más!! Quiero la dirección de ese Hostel!!
Genia Jennifer!!
candado carnal
infinitas erecciones
Teta a teta cada cual a su cucheta es una gran frase.
chicos, les deseo en esta fiesta que no les falte mostaza picante para la salchicha
¡chucrut!
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