Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Cosas que le pasan al Corazón
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Hortensias
¿Cuántos casos se necesitan para fundamentar una hipótesis?
Que alguien llame al instituto Gino Germani o a la Universidad de Oxford, ¡necesito
saber! Necesito saber si me deshago o no de la hermosa hortensia que decora mi
ventana.
¿Cuántas familias con hijas solteras y hortensias en sus
casas se habrán registrado en el último Censo para declarar irrefutablemente: “si
tenés una hortensia en tu casa te vas a quedar soltera”? ¿Eh, cuántas?
¿Qué puede hacerle una indefensa flor pomposa, que apenas
tolera el sol, a mi vida amorosa? ¿Acaso su aroma impregna en mí el perfume de
la desesperación y otros repelentes masculinos?
Si fuese la hortensia la culpable de la sombría soledad de
mi alcoba, de la cruenta actitud de Roberto, del ocaso de mi vigor sexual, de la
decadencia de mi excelsitud, del agobio de mi
esperanza y optimismo, si fuera su culpa… me subiría a lo más alto del Palacio Barolo y la
arrojaría.
Mientras me averiguan el tema, seguiré disfrutando de su
color, su pomposidad y regando las raíces de mi peor temor.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Soda cáustica
Antes de partir de viaje, el inodoro no fluía con
naturalidad. Sus aguas caían cual manantial, mas el poder del remolino
succionador no era lo suficientemente fuerte. Intenté cinco o seis veces darle con la sopapa para
despejar cualquier posible obstrucción, pero no mejoraba. Y como a veces se arregla
solo, o quizás vengan unos duendecillos plomeros por la noche a destaparlo, me fui a Aeroparque sin darle
real solución al problema.
Claro que jamás imaginaría que el lunes aterrizaría en casa con
mi novio alemán, el dios germano de los embutidos salchichonados.
Iojan, por suerte, vendría a la noche y me daba dos horas de
changüí para intentar destapar el inodoro. Pero para sumar males, la
pileta de la cocina ¡también estaba tapada! Era muy probable que los caños del edificio entero estuvieran
tapados y no fuera mi mierda la causa
del taponamiento. Después recordé que mi
vecino tenía una víbora pitón e imaginé que quizás se le
hubiese escapado y estuviera vagando por nuestras cañerías. No importaba lo que
fuera, debía ser corroído por el más lascivo ácido en el mercado.
Fui a la ferretería, compré 4 kilos de soda cáustica y al
carajo las cañerías de plástico. Que se desintegre todo el edificio, con tal
que mi alemán pudiera tener un garco digno sin sobresaltos al ver que su soruyo
no se va con la corriente.
Me puse los guantes, me tapé la cara e inicié el proceso del
destapamiento tóxico con profesionalismo. Dejé
trabajar al producto mientras me arreglaba, claro que yo meaba en el videt y
había defecado en la oficina.
Se hicieron las 21.30, sonó el timbre y entró él, con su
metro noventa de altura y casi 2 metros de intestino que en algún momento de la
noche o de la mañana necesitaría evacuar en mi inodoro en huelga.
Cenamos, luego hubo postre, cierto manoseo hasta que me
dijo: “may I go to the toilette?” Asistí timidamente con la mirada baja y recé. Escuché la puerta
cerrarse y deseé que no cagara, porque
el problema era que el sorete jamás se iría, no tenía por dónde con todas los
caños tapados. Tendríamos que sacarlo con la pala y enterrarlo en una maceta
(como alguna vez mi mamá me obligó).
Iojan tardaba... Tardaba. No sé qué hacía. Tiró la cadena y abrió la
puerta. No me dijo nada. Tampoco pidió un balde. Seguimos
besándonos. No me animaba a ir al baño, pero me carcomía la curiosidad. Hasta que
decidí interrumpir la pasión para verificar el trono maldito.
¿Saben cuál es la diferencia entre un Roberto europeo y un
Roberto tercermundista?
Que el Roberto local caga que da calambre, con frenada y olor rancio y el Roberto
europeo caga transparente, inodoro e insípido. No sé qué habrá hecho el alemán en
mi baño durante los diez minutos, pero en el inodoro no había nada.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Encendeme la estrellita
¡La magia navideña ha llegado a Jennísima!
Escribid tu deseo más profundo y orgásmico para el próximo año. Decid Abracadabra sobre tu mouse para que se convierta en la estrellita y haced click sobre el cuadrado rojo para empezar a escribir. El poder supremo de los mejores polvos que he acumulado de todos los Robertos del mundo caerá sobre tu deseo para hacerlo realidad.
¡Felices fiestas, paz, amor y cachondeo!
Los quiero desde el fondo de mis trompas de falopeo.
Jennísima
¡Gracias Piombi por la magia de tu polvo!
Escribid tu deseo más profundo y orgásmico para el próximo año. Decid Abracadabra sobre tu mouse para que se convierta en la estrellita y haced click sobre el cuadrado rojo para empezar a escribir. El poder supremo de los mejores polvos que he acumulado de todos los Robertos del mundo caerá sobre tu deseo para hacerlo realidad.
¡Felices fiestas, paz, amor y cachondeo!
Los quiero desde el fondo de mis trompas de falopeo.
Jennísima
¡Gracias Piombi por la magia de tu polvo!
lunes, 19 de diciembre de 2011
El hostel del amor
Lo bueno del Roberto extranjero es que ya sabés de antemano
que te va a dejar y vas a sufrir. Sabés
que te vas a enamorar perdidamente porque en tu imaginación se va a volver más y más perfecto. Claro, lo conociste dos días y solo tuvo tiempo de mostrar sus dotes más preciados.
Esta es la historia de Iojan, un metro noventa de alemán que
supo hacerme beber la espuma de su cerveza. Se preguntarán si también me hizo
comer de su salchicha de Baviera. Pero odio responder obviedades.
Luego de un aterrizaje turbulento en un avión de doble hélice
en una noche de tormenta, llegué al hostel con pocas ganas de socializar. Me
senté en un sillón con la mirada perdida en una pared decorada con excursiones
a 10 dólares. Él estaba en frente, donde
mis ojos apuntaban, pero jamás lo vi. Me preguntó de dónde era y así apareció
en mi vida. Sucedió la típica charla de hostel donde se reemplaza el “¿de qué
signo sos? por “¿hace mucho que estás viajando?”. La charla se puso interesante
cuando empezó a hablar de cómo los perros llevan a sus cachorros por el cuello, y tuvo el tupé de pasar su mano germana por mi nuca para tironearme del pelo, suave pero firme. Claro que ese mínimo
gesto, en donde él me agarraba como a un cachorrito despertó mi perra
interior. Con la timidez que me caracteriza, le pasé la mano por su nuca y le
tironeé yo del pelo, “¿is it like this?” le
pregunté.
Y bueno, acá termino la historia. Gracias por leerme. Besis.
Naaaaaaaaaaaa, qué va a terminar acá. La situación se estaba
encendiendo demasiado y yo no estaba en condiciones de responder a las
consecuencias. Los nervios de las turbulencias, el cansancio del viaje y el
depilado a medio terminar me imploraban una ducha. “Ahora vengo, voy a ducharme”,
le dije. En un minuto y medio ya estaba lista para la tercera guerra mundial. Metí toda mi ropa en el locker, cerré el candado y cuando iba a salir me di
cuenta que ¡había dejado la llave del candado dentro del bolso que había
guardado!
Iojan estaba esperándome con su embutido fresco y suculento
mientras yo trataba de hacerme la MC Giver tratando de abrir el candado con una
hebillita invisible. ¡Qué pérdida de tiempo! Fui a la administración para buscar dos
destornilladores para desarmar el locker que tenía no sé cuántos tornillos. Ante
mi tardanza, Iojan se apareció en mi habitación, agarró el destornillador que estaba apoyado en la cama y sin emitir palabra sacó 127 tornillos en 30
segundos. Yo miraba esos dedos trabajar, esas manos hacendosas que pronto estarían
desajustando mis arandelas y abriendo mi candado carnal. Cuando dejó caer el último tornillo al piso, trabé la puerta de la habitación sin importarme ninguno
de los 5 pasajeros que compartían mi cuarto mixto repleto de cuchetas. ¡El
festín argentoalemán que se dio en ese cuchitril!, fue un desparpajo de amor que fortaleció hasta al hartazgo las relaciones bilaterales de ambos países.
Por supuesto que fuimos interrumpidos por golpes que gritaban en distintos idiomas: “Abrid esta puerta maldita sea”, pero
nosotros seguimos atornillando y desatornillándonos.
A nuestro tiempo decidimos abrir la habitación y teta a
teta, cada uno a su cucheta.
Esto te pasa por no querer viajar conmigo. Te lo perdiste, Roberto.
Auf Wiedersehen!
domingo, 11 de diciembre de 2011
Dos potencias se saludan
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


