Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

viernes, 24 de febrero de 2012

Las Malvinas

Mientras dos comisiones del Congreso planean un viaje a Tierra del Fuego para reclamar la soberanía sobre Las Malvinas, el príncipe William lustra la punta de su destructor hasta sacarle el brillo de su zapato, la reina se sirve su quinto gin tonic de la mañana, los 3000 y pico de malvineses agitan la bandera inglesa defendiendo la autodeterminación, la RAF le pasa el plumero a la flota pronta a despegar  y miles de espectadores van al cine para ver “La Dama de hierro”, yo hice mis investigaciones.

En 1765,  Byron fue el primero en llegar a Las Malvinas (hubo un francés antes pero no importa) y fundó Port Egmont en una minúscula islita al norte del archipiélago.  Ustedes se estarán arrancando la piel preguntándose quién es Byron, ¿quién? Un gran estratega en batallas territoriales, un feroz adversario de modales salvajes pero que cuando entra en confianza es una dulzura, un peluche que se echa panza arriba para que le acaricies la ingle.

Lectores míos, Byron es mi perro Beagle. De modo que mientras ingleses y argentinos debaten quiénes son los dueños del archipiélago, les comunico que ya fueron meadas siglos atrás por Byroncito y que por lo tanto son suyas. Pero como un perro no puede hacerse cargo de la administración de esas tierras, me corresponde por ser la hermana mayor de la dinastía de Banfrula adueñarme de las mismas.

Las Malvinas no son inglesas, ni argentinas. ¡Las Malvinas son de Jennísima!
Byron, el verdadero colonizador de Las Malvinas.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Comer del tupper


Abro la heladera, veo cuatro estantes. Tres totalmente despejados y uno sosteniendo lo poco que tengo para no declararme bajo el nivel de indigencia. En ese estante hay un tupper,  medio morrón, un limón y mi corazón en una bolsita ziplock,  (debería ponerlo en el freezer, si no en un par de días voy a tener que tirarlo a la basura).  En el tupper está mi salvación. No sé lo que hay en él, pero le tengo fe. Creo que ni el Gato Dumas desde el cielo sabría  qué cocinar con el resto de los ingredientes a la vista.

Abro el tupper y me encuentro que una linda sorpresa. Un Roberto que nunca me terminé de comer y que guardé quién sabe desde hace cuánto. Desde diciembre, quizás. ¿Estará en buen estado? ¿Cuánto tiempo aguanta un Roberto en la heladera  antes de echarse a perder? Me acerco para olerlo. Huele bien. Al menos no está rancio. Agarro un tenedor, lo pincho y lo doy vuelta. No tiene hongos y tiene un buen color. Todo indica que con un toquecito en el microondas, bien calentito me lo puedo terminar de comer de lo más bien. ¡Es más! Le puedo poner ese morroncito encima y un poco de limoncito y lo mejoro un 100%. ¡Qué tal!

Señora, si no tiene ganas de cocinar, revuelva bien la heladera que siempre hay un Roberto en un tupper para alimentarnos. ¡Bon appetit!

lunes, 13 de febrero de 2012

Felisidad con s de soltera

Un día te diste cuenta que eras soltera y que no podías pagarle a nadie para que esto dejara de ser así. Entonces te deprimiste y pensaste que lo único peor era estar indispuesta 15 meses seguidos con un ininterrumpible dolor de ovarios.
Pero de la nada, un día te despertaste y descubriste que ser soltera era lo mejor que te podía pasar porque podés decidir a cada instante lo que querés hacer y así llegaste a conocerte como nunca lo habías imaginado.
Desde ese momento, te desaparecieron todos los dolores de ovarios y de cabeza y solo tenés cánticos y alabanzas a los dioses de las 100.000 lamparitas para que todos los meses te venga, porque sino no sabrías quién carajo es el padre y ese sí que sería la peor catástrofe de la humanidad.
¡Feliz día, solteras!

A todos los Robertos solteros del mundo: si hoy festejamos bien esto de ser solteros, mañana estamos de festejo de nuevo ;)

jueves, 9 de febrero de 2012

Vida


Mientras veía todos los tubitos que le entraban al cuerpo pensaba en lo frágil que es la vida. Miraba el goteo de morfina, el suero y las otras bolsitas que colgaban asegurándome de que todo funcionara y fluyera bien. Con los párpados acalambrados para no pestañear y perder un segundo de vigilia  miraba cómo dormía y movía los dedos tocando su bajo invisible. Algo que siempre hace sin darse cuenta, es un reflejo automático.  Lo hace cuando maneja, sobre la mesa, cuando agarra su vaso de Fernet, en el apoyabrazos del cine y hasta cuando me agarra de la mano. No dejé de mirarlo ni un instante. Los ojos clavados en esa cama que se lo comía.  Lo miraba con alivio cuando se le escapa una sonrisa, vaya a saber qué viaje estaba teniendo. Lo miraba con angustia y desesperación cuando se le arrugaba la cara de dolor.  

Y de repente se despertó, miró a la enfermera y le dijo: “Muy buena esta papota que me enchufó, ¿me puede traer un Fernet con Coca, por favor?”,  y yo supe que volvió a ser el de siempre. No un viejo drogón, sino el mejor papá del mundo.

No sé bien qué es la vida, pero es poder escucharle el corazón latir y la voz cantar.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Tantas maneras de hacer amor


Encontré esta poesía que me escribió Roberto (Paniluro deMéxico). 

 Ella y yo hacíamos el amor diariamente. 
En otras palabras, 
Los lunes, los martes y los miércoles 
Hacíamos el amor invariablemente... 
Los jueves, los viernes, y los sábados, 
Hacíamos el amor igualmente... 
Por ultimo los domingos 


Hacíamos el amor religiosamente. 
Hacíamos el amor compulsivamente. 
Lo hacíamos deliberadamente. 
Lo hacíamos espontáneamente. 


Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, 
Por favor, por supuesto, por teléfono, 
De primera intención y en ultima instancia 
Por no dejar y por si acaso, 
Como primera medida y como ultimo recurso. 
Hicimos el amor por osmosis y por simbiosis: 
Y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente 


Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mi: 
Es decir, recíprocamente. 
Cuando ella quedaba a la mitad de un orgasmo 
Y yo con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla 
Entonces hacíamos el amor lastimosamente. 
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me 
Imaginaba que no iba a poder, y no podía, 
Y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, 
O bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de 
Los dos alcanzaba el orgasmo. 
Decíamos entonces 
Que habíamos hecho el amor aproximadamente. 
O bien a ella le daba por recordar las ardillas que el tío 
Esteban le trajo de Wisconsin 
Que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina 
Y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos 
Con sus sillas vienesas y sus macetas de rosas, 
Esperando la eclosión de las cuatro de la tarde... 
Así era como hacíamos el amor nostálgicamente 
Viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos. 


Muchas veces hicimos el amor contra natura, 
A favor de natura, 
Ignorando a natura. 
O de noche con la luz encendida, 
O de día con los ojos cerrados. 
O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia, 
O viceversa. 
Contentos, felices, dolientes, amargados, 
Con remordimientos y sin sentido. 
Con sueño y con frío, 
Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, 
Y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, 
Entonces hacíamos el amor inútilmente. 


Para envidia de nuestros amigos y enemigos, 
Hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. 
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. 
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente. 
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. 


Hacíamos el amor físicamente, 
De pie y cantando, 
De rodillas y rezando, acostados y soñando. 
Y sobre todo, 
Y por la simple razón 
De que yo lo quería así 
Y ella también, 
Hacíamos el amor...voluntariamente
Autor: PANILURO DE MÉXICO