Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ciudad a ciegas


Una noche subí hasta la terraza, donde nace la cúpula más linda de Buenos Aires, y abrí la puertita secreta, la que lleva a los motores del ascensor y la caja de fusibles.  Ahí se controlan todas las luces, no solo las de mi edificio, las de la ciudad entera. Si esa caja entrara en corto circuito se apagaría todo, cuando digo todo es todo: luces de los autos, las linternas, la luna y hasta las estrellas dejarían de alumbrar.

Esa noche llegué con mi balde cargado de agua. Miré los cables  con mis ojos desafiantes y sin piedad alguna les descargué el balde como  el llanto de una viuda sobre el cajón.  Se hizo tan de noche que ni los gatos veían.  Y en esa oscuridad, con la ciudad a mis pies, en la cúpula de mis deseos  te grité. “¡Acá estoy!, me puse brillitos en los labios. ¿Me ves?”

lunes, 12 de marzo de 2012

Jugando


“Jugando te encontré,
 jugando te besé
 y así nomás, jugando…”. M. Caló
 
El amor no es serio. No digo que el amor se te cague de risa en la cara. Digo que el amor es un juego. Tiene sus reglas, cada jugador las pone. Mis reglas son: no vale hacer llorar, no vale pegar, no vale engañar, no vale obligar al otro a hacer lo que no quiere y … nada más. Fuera de esto, vale todo. Valen los besos sorpresas y los abrazos que te hacen volar. No se precisa alquilar una canchita, ni nada. Se juega en cualquier terreno. Prefiero los mullidos. Como a mi no me gusta competir, baah eso trato, en mi juego no hay puntos. En realidad, se restan puntos cada vez que se rompa una de las reglas anteriormente mencionadas, y se ganan puntos por las lindas ocurrencias. Pero no hay competencia a ver quién suma más puntos. La camiseta es la piel de cada uno y la tabla de posiciones depende de la elongación de los jugadores. Es un juego en el que ganamos los dos o perdemos todo. El amor es un juego.

Piedra libre, amor.

jueves, 8 de marzo de 2012

Mujereando


Mujereando aprendí a cuidar al otro, a llenarlo de besos y a escucharlo.
Mujereando aprendí a seducir, a vestirme linda para mí, a delinearme los ojos para ver el mundo con osadía.
Mujereando me conecté con mis sentimientos, con el llanto, con la poesía, con las canciones de amor.
Mujereando me enfrenté a las piñas con las cosas feas del mundo y llegué a ser cinturón verde punta azul.
Mujereando aprendí a planchar, a cocinar, a cambiar las ruedas del auto, taladrar la pared para colgar mi cuadro, a cambiar el cuerito, a jugar al fútbol y a coser dobladillos.
Mujereando trabajo al lado tuyo con dolor de ovarios, con la cara llena de granos y los cambios de humor.
Mujereando pongo las piernas en los estribos, las tetas en aparatos y los tampones en la cartera.
Mujereando fui mujer hasta cuando no me viste como una.
Mujereando fuimos construyendo un mundo más justo.
No necesitamos un día, pero sí una oportunidad para cambiar la realidad.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Con quién vivís?

Tengo tres espejos en mi departamento de dos ambientes. Me miran mientras me peino, me cambio y me pinto los labios. No me hablan, solo me observan con atención y jamás me juzgan. Tengo una cama que sufre de insomnio. Cuando logra dormirse ronca y se mueve para todos lados. Una noche de estas me voy a ir a dormir al sillón.  Tengo cuatro sillas que me acompañan mientras desayuno, almuerzo y ceno. Siempre les ofrezco algo para picar, pero prefieren comer después, entre ellas.Tengo dos veladores que aman leer y compartimos nuestras lecturas nocturnas. Son dos lectores voraces, leen mil veces más rápido que yo y se divierten apurándome titilando la bombita de luz. Tengo una heladera sensible. Cada vez que la abro llora, después tengo que pasar el trapo por el piso para no resbalarme. Me doy cuenta cuando se siente vacía y me ocupo de llenarla con cosas ricas. Y por último, tengo una biblioteca, la que soñé e hice realidad después de años. Es tan inteligente, tan talentosa y me entiende tanto, que me sorprende. Siempre tiene la palabra justa para hacerme sentir bien.

Cuando me preguntan si vivo sola, siempre respondo lo mismo: “naa, vivo con amigos”.