Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 24 de abril de 2012

Sexo en la oficina



Dicen que 8 de cada 10 personas tuvieron sexo con alguien del trabajo. No sé si esos números son verdaderos, pero debo admitir que soy víctima de esta estadística. Digo víctima porque claramente me salió como el culo… todas las veces. Esto significa que reincidí en las estadísticas y si vos no estás en ella es porque yo ocupé tu lugar. Es decir 4 de cada 10 personas, soy yo.

El problema de coger con quién se labura es que una no es la única en la empresa, por ende hay grandes riesgos de que haya superposiciones de amantes y  en fin… terminemos  todos cogiendo con todos, o como pasa en mi historia el mismo se coge a todas.

El Sr. Z es un Roberto clásico. La novia lo deja y él va llorando por los hombros de sus compañeras haciéndose el bueno, el caballero y el sensible. Se construye a sí mismo como ese espécimen masculino que vale la pena amar y tuvo la mala suerte de enamorarse de una conchuda que lo trató como un trapo de piso. Y uno cae en su trampa, en su discurso impecable. Al pasar los meses en donde se  forja la amistad, una que le dio el hombro, le empieza a dar la mano, la pierna, la boca, las tetas, el cuerpo entero y al carajo la tristeza.  Miradas por encima de la computadora, piernas que se cruzan por debajo del escritorio, la adrenalina del secreto y todo es divino.

Pero el Sr. Z se dio cuenta de  lo fácil que era la jugada y empezó a imprimir con su chorro a tinta sin importarle el medioambiente.  Imprimió sobre la diseñadora, sobre la cuentas, la planner, la Project manager, la redactora y quién sabe cuántas más.

Y una que solo busca sentirse única para el otro, se convierte en un papel más en la resma sexual de Roberto.

Acá se me ocurre otra estadística, gilastrum:
1 de cada 10 Jennísimas se siente como el orto y quiere venganza.


lunes, 23 de abril de 2012

Costurero emocional


A veces la fe me queda corta y tengo que soltarle el dobladillo. No sé si mis miedos habrán pegado el estirón,  pero parece todo me quedara chico. Mirá mis esperanzas,  ¿qué talle son? ¿Extra small? ¡Ni que las hubiera lavado con agua hirviendo que están tan encogidas!
Por suerte siempre tengo un costurero a mano para la ocasión. A veces me pasa que tengo que zurcirme los miedos, no puedo llevarlos así, tan expuestos a todos. También he pasado horas y horas poniéndoles pitucones a mis inseguridades. Pero mirá, ni se notan, una joyita. Así emparchaditos nadie sospecha que las tengo. Mejor ni les cuento de los botones que tuve que coserles a mis ansiedades. Yo no sé qué hacían con ellos, si se los comía o qué. Un día dije basta y les puse velcro.  Fue la solución.
Y así voy, enmendando mis emociones. No vaya a ser cosa que me vean toda descosida.

miércoles, 18 de abril de 2012

El palo con la bolsa


Cuando viajo me gusta encontrar esos detalles escondidos, el guiño de ojo entre el lugar y yo, en donde pactamos secretamente nuestro amor. Así fue que mi costumbre se encontró con otra costumbre y le pareció linda costumbre para adoptar.
En los alrededores de Cusco, mientras iba haciendo camino cuesta arriba, jadeando como si tuviera el pulmón de un canarito, fui notando palos que salían de algunas casas con una bolsa de plásticos roja y otras azules atadas en la punta. Algunas solo tenían la roja. Pero varias tenían ambas.
Hete aquí la historia. El palo con la bolsa roja indicaba que en ese lugar se hacía y se  vendía la chicha de jora, una bebida alcohólica originaria de Perú hecha a base de maíz de jora fermentado, que no se vende en ningún bar, solo en estas casas que se llaman chicherías. ¿Y la bolsa azul? Ahhhh… este es el guiño. La bolsa azul indica que en esa casa la mujer que hace la chicha, ¡es soltera! O separada o viuda, pero el hecho es que está disponible, con ganitas de que le soplen la ocarina y  además te hace una chicha que te deja los ojos bizcos y la quena dura. 
Entonces, se me ocurrió hacer correr la bola de este sistemita de la bolsa azul entre los solteros. La onda es que saquemos por el balcón o ventana unos palos con las bolsas azules, las mujeres, y los chicos bolsas rojas y nos damos una mano en esta búsqueda del amor, que cada vez me da más fiaca. ¿Qué les parece?