Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 15 de mayo de 2012

Hambre (Fascículo 3)

"¡Si no me decís que me amás, meto la cabeza en el horno! ¿Me escuchás? Mirá que prendí el gas. ¡Si no me lo decís hago que explotemos los dos!". Mili estaba desesperada, su marido, desde hace dos meses, la iba a dejar. Se habían casado porque Banfield le había ganado a River 4 a 1 y Mauro estaba tan contento que le propuso matrimonio sin siquiera sacarse la gorrita del taladro. Con la voz afónica de gritar lo goles y de cantar "vamo Boooon, vamo Boooon", sacó medio cuerpo por la ventana del auto y le gritó: "¡Mili, casate conmigo!" y ella accedió antes de que el referee pitara posición adelantada.

Ya habían pasado un campeonato y dos meses cuando Mauro no aguantó más las quejas de Mili, sus aires de diva, de mantenida y sobre todo que no cocinara. Porque Mili no cocinaba nada. No sabía, ni le interesaba. Tenía una colección de imanes de delivery tan grande como su colección de carteras de Prüne.  "Podrías vender un par de esas carteras de cheta que tenés y pagarte un curso de cocina, así por lo menos me cocinás un huevo duro, ¡inútil! No podés diferenciar un limón de un pomelo", le gritaba él. "Claro, el señor se queja que no sé diferenciar dos verduras de mierda,  pero no se queja cuando me confundo su salchicha de copetín y le digo salchichón primavera. Decime la verdad, ¿me dejás porque no sé cocinar o hay otra?", mientras le hablaba buscaba la cajita de fósforos para asustarlo de verdad. "No hay otra mina. Estoy muerto de hambre, todo el tiempo. Solo quiero salir de casa para pasar por un kiosco, por un almacén, solo pienso en comer. ¿No me ves flaco?", le contestó mostrándole lo grande que le quedaba el pantalón. "¡Me voy! No me asustan tus amenazas, sería un milagro que supieras prender el horno", y se fue de la casa.

Caminó tres cuadras y pasó por una panadería de esas modernas, las que tienen toda la cocina vidriada a la vista de todos. Entró con la urgencia de dos coche bomba apunto de explotar si no comía algo. Como no había nadie en el mostrador, se mandó para la cocina sin dudar. Agarró lo que veía: unas medialunas, una cremona rellena, tres tortas fritas, y todo se lo mandaba a la boca sin masticar y de repente la vió. Era la panadera, una chica muy simpática, rellenita, con dos tetas grandes como bolas de fraile sobre estimuladas con levadura. Tenía una red en la cabeza que le sostenía su largo pelo colorado. Tenía las manos blancas de la harina, el delantal manchado con huevo, chocolate, salsa de frambuesa. Él la miró con tantas ganas, que no le importó la vidriera, se sacó la remera, se soltó el cinturón, los pantalones cayeron sin esfuerzos y con el churro erecto se le acercó a la panadera. Su hambre se había vuelto deseo sexual. Un apetito lujurioso que jamás había sentido por nadie.  Silvita lo vio venir y se le hizo agua la boca. Cuando se le acercó, le desató el delantal, la enmantecó con besos y caricias y le saboreó el azúcar de su piel. Sabía que de ahí no se iría hasta quedar pipón pero Silvita se encargó de que los dos quedaran empachados. Salsa blanca.

7 comentarios:

f dijo...

salsa blanca.
historias en la cocina.
un libro jenníssimo de historias bien condimentadas.
no busques recetas (y menos la del amor).
próximamente en su librería de barrio. (por una cuestión de principios este libro no estará disponible en yenny)

Cinty dijo...

Deli, deli...!

salvadorpliego dijo...

Genial!!!!!!! Me gusto!!!!

Saludos.

Catalina La Grande dijo...

¿Y Jenni aprendiste a cocinar para retener al próximo Roberto que se te cruce?

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

Cata: re se cocinar, lo que me falla es la bolsita ziplok para mantenerlo fresco a Roberto-

f dijo...

para eso no precisás ziploc, solo alejarlo del totín.

novoyaterapia dijo...

Me encantan estas historias! "Atrapantes" dice la crítica europea.

Beso gigante grande