Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

jueves, 10 de mayo de 2012

Todo de a dos (Fascículo 2)

Tres botellas de tinto vacías sobre el desayunador. Vinazos de cuarenta pesos para arriba. Parece que alguien tiene mucha plata o al menos quiere impresionar a otro alguien. La puerta de la heladera estaba mal cerrada, el cajón de las verduras estaba salido y hacia tope.

 Juan compraba verduras de a dos dos unidades y del mismo modo las consumía. Era un toc que argumentaba con: "la verdura si está de a una se pudre más rápido". Tenía dos tomates, dos hinojos, dos morrones, dos manzanas, dos naranjas y una zanahoria.

Desde la heladera hasta el otro lado del desayunador, donde estaba el comedor, había un senderito de prendas cual miguitas de Hansel y Gretel.  Una media, una remera, una camisa, un corpiño, otra media, una pollera, una bombacha, un desfile de ropa sin cuerpos arrojados en el piso jugando a las estatuas.

Se ve un pie. Debajo del desayunador había un pie y una pierna. Una pierna con su pie que subía hasta la cadera de una mujer. La otra pierna estaba abierta, cruzando la orilla. Entre pierna y pierna una cabeza.

 El piso de pinotea era original del siglo dieciocho, pero a ¡quién le importa! ¡Hay un hombre con la cabeza entre las piernas de una mujer! La mujer era delgada y muy larga, sus piernas eran casi infinitas. Juan estaba zambullido en ese cuerpo como buscando más vino.  Eloisa estaba estirada sobre la pinotea del siglo dieciocho viajando con su mente de orgasmo en orgasmo, escalando grititos, maullidos que terminaban en desmayos. Recuperaba la conciencia y sus ojos orbitaban placeres hasta que volvían a cerrarse. Con sus manos se acariciaba su propia cabellera, a veces la intercalaba y acariciaba los rulos Juan, presionando su cara contra ella, quizás así él pudiera llegar más profundo.

Juan no tenía un cuerpo tan perfecto como ella, hacía años que no pisaba un gimnasio y ser arquero del papi no cuenta como hacer deporte, pero era encantador y tenía unas manos tan grandes como sus pies y, obviamente, su poronga. Calzaba cincuenta... de todo.

No habían cenado, solo tomaron vinos.  Sin embargo en el piso había un pelador. Juan se agarraba fuerte a los muslos de Eloisa para encajarla en su boca, y entre sus dedos había unas tiras muy finas de cáscara de zanahoria. Cada vez que ella se movía aparecían por debajo de su cuerpo más y más cáscaras. La mandíbula de Juan masticaba con furia el sexo ajeno. Crujía.

Eloisa empezó a vibrar, más y más. Juan estiró sus brazos para agarrarle el corazón que intentaba escapar. Con sus dos manos se aseguró de manosearle bien el alma y sus respiración. Mientras tanto masticaba cada vez más rápido, engullendo un amor de la forma más bucólica. Eloisa convulsionaba en éxtasis y Juan con la boca llena de zanahoria, dio ese mordisco final. Salsa Blanca.

8 comentarios:

f dijo...

cogieron hasta el delirio, literalmente.

Anónimo dijo...

me dieron ganas de comerme una zanahoria bien grande!!

Lau dijo...

"un desfile de ropa sin cuerpos arrojados en el piso jugando a las estatuas"
me encanta cómo escribis

Anónimo dijo...

La mandíbula de Juan masticaba con furia el sexo ajeno.
juaaaaaaaaa

Anónimo dijo...

no puedo pararme.
eso es todo.
grande banfru

JAVIER ACHA dijo...

Ah bueh!! Jennísima al rojo vivo! Muero por publicarlo en mi muro, pero temo que mis sobrinos de 8 años pregunten demasiado a sus padres :)
Creo que tenes que tener "Jennísima" y "JenníXXXima" y ver en cual captás mas seguidores :p
Te felicito Banfrula!

Gabulet dijo...

"Con sus dos manos se aseguró de manosearle bien el alma y su respiración"
por dios cuanta poesia caldente.

Yo quiero!!!!

Catalina La Grande dijo...

¡Muy pero muy bueno! excepto el "obviamente, su poronga". Ahí se te escapó la sutileza; por lo demás cambio es Juan auqnue sea por un rato, por un Roberto cualquiera.