Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 27 de junio de 2012

¡300 Jennísimas!


















¡Y llegaron! Son esos números grandes y redondos que te impactan. Como cumplir los 30, los 40, los 50, y así en adelante.
Trescientas veces me senté frente al monitor y me pregunté: ¿Qué tenés ganas de contar, Jennula?
Trescientas veces me obligué a conectarme conmigo, con alguna parte de mi ser que tuviera alguna historia para compartir, algún sentimiento que develar. Le di lugar a cada parte de mi cuerpo para que dijera algo: mis rulos con el “Arte Douche”, a mis riñones y mis ovarios con el “Humor orgánico”, demostré que era buena y generosa cuando “Me hago la Evita” y tan errada, lunática, desesperada y grosera cuando “Me gusta ser mujer”.
Trescientas veces me expuse a sus opiniones y comentarios. Dejé que se confundieran con mi vida privada que hasta yo misma lo hice. Me cuestionaron cuando no había qué debatir, me alabaron cuando coincidíamos con el sentir.
Trescientas veces me senté con pasión, resentimientos, lágrimas, sonrisas, con buenas y malas ideas, con errores de ortografías y un, exceso, de, comas.
Digan “trescientos” y van a ver cómo les vibra la lengua. Así me hace sentir Jennisima.
Les confieso que seguiría escribiendo aunque ninguno de ustedes me leyera, pero no saben lo lindo que es saber que están ahí. Gracias por tomarse el tiempo de hacer click y entrar y leer y comentar y compartir y todos los y que haya. Pero sobre todo quiero agradecerle a este blog que me salvó de tantas muertes, de tantos abandonos, dolores,  tristezas y porque hizo que la  búsqueda del Roberto azul sea mucho más divertida.

Los jenno de 300 besos y abrazos.
¡Descorchemos que hoy se coge!

lunes, 25 de junio de 2012

Dame con el hacha.


Viste cómo es la naturaleza. A veces el limonero te perfuma el jardín y otras veces te hecha unas raíces voraces, estranguladoras de cañerías, rompedoras de baldosas y una tiene que evaluar. ¿Cuántos gin tonics puedo hacer con los limones que me das, Limonero destructor? ¿Cuánto me cuesta arreglar todo lo que rompiste y cuánto sale un kilo de limones en los chinos? Y lo más importante, si hay que sacarlo, ¿quién lo saca?

Si a Roberto le gusta ponerla,  a Roberto le gusta sacarla. Es el péndulo de la vida. Y Roberto con un hacha,  una sierra o cualquier herramienta en la mano queda pintado como Beckham en calzones.

(Recreación de llamado) “Ring, ring. Hola, ¿cómo estás? Es un re día para estar en el jardín, al solcete, por qué no te venís y hacemos un gin tonics.”

Así se vino, el pobre iluso. Cuál Yiya Murano, en lugar de ponerle veneno a la comida, le puse alcohol a su organismo para que accediera a  sacarme el limonero mientras yo le acariciaba el tronco.

 Luego de horas de trabajo, este hombre que es un trabajador hecho y derecho,  me dijo: “nena, te haché un árbol entero, ¿sabés todo lo que me vas a tener que hachar vos, no?
Lo que no sabe Roberto, es que él tendrá la fuerza, pero nosotras la maña. 

jueves, 21 de junio de 2012

En honor a Belgrano



En el día de la bandera
Roberto se portó como una fiera
Recordamos a Belgrano
Lo me que me hizo fue sobrehumano

En lo alto me hizo flamear
Haciéndome lagrimear
Me prendió la escarapela
Y yo le hice una manuela

Ni prendimos la hoguera
Pero ardimos como madera
Don Manuel nos habrá oído
Es que tiré algún alarido

Fue un día realmente patrio
Mi casa fue un fornicario
A la celeste y blanca honramos
¡Por dio, cómo garchamos!

miércoles, 13 de junio de 2012

Desvestime vos


La pasión en la cama es directamente proporcional a la velocidad con que Roberto te saca la ropa. Ahora que me la arranca con los dientes, me la deshilacha con las uñas, me la rasga con la fuerza demente de un mono en celo y me la percude con el roce incesante de su cuerpo caliente, puedo comparar y notar la diferencia.

Antes Roberto, se sacaba la ropa mientras yo me sentaba en la cama y me tomaba el tiempo para desanudar el cordón de la zapatilla, después, yo misma me sacaba la camisa botón a botón, mientras el susodicho doblaba el pantalón sobre la silla. Una vez que estábamos desnudos nos disponíamos a acostarnos y cumplir con el funcionamiento orgánico que exigía el momento.

Pero no sé, Roberto parece que comió las espinacas de Popoye y se volvió fogoso como horno a la piedra. Es su impaciencia por devorarme, su pasión desenfrenada por tocarme la piel y su intolerancia a la ropa que viene sin  velcro, lo que transformó el garche apacible en un big bang sexual y a mí en una mujer felizmente desvestida.

lunes, 4 de junio de 2012

Aprender


La mayoría de las veces pienso que sólo aprendo sentada mirando al pizarrón,
pero a andar en bicicleta aprendí a los golpes.
A cocinar aprendí probando.
A amar aprendí llorando y muchas más veces, besando.
He aprendido parada en el colectivo.
Aprendí corriendo y hasta nadando.
Aprendí a los gritos y en silencio.
Aprendí sola mirando al techo y con amigos pasándome el mate.
Aprendí con maestras viejas gritonas,
Aprendí con bebés recién nacidos.
Incluso aprendí cuando no quería aprender.
Aprendí de sopetón, desde la intuición y desde la razón.
Aprendí analíticamente
Y también sistemáticamente.
Aprendí de oído y al tacto.
He aprendido de tantas maneras,
que no sé si seré muy buena alumna
O la vida, muy buena maestra