Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

lunes, 30 de julio de 2012

Cuerpo tomado


Me levanté y allí estaba. Algo atragantado. En la garganta. Lo siento moverse tratando de llegar a  la punta de la lengua. Quiero tragarlo, bajarlo. Tomo agua, pero no quiere. Quiere ser expectorado, escupido, gritado, cualquier cosa, pero quiere salir y no quiero. No estoy lista o quizás sí, pero tengo miedo.

Va a salirse con la suya, seguro.

 Va a escaparse, si me abraza un poco más fuerte de lo común, con la exhalación. O cuando se me acueste en encima y me arrime su volcán de fuego. Va a prenderme la mecha y se lo voy a gritar al oído. ¡No! Debo evitarlo. Quizás ocurra de otro modo. Cuando yo esté encima de él, cabalgando su espíritu salvaje y se me confunda cuando quiera decirle: Arre, arre. ¡No!, debo callar. Taparme la  boca con un trapo.
Qué se yo. Va encontrar el modo de salir, cuando subamos al colectivo y pida: “dos de uno veinte y...”; o en la panadería “media docena de factura y un…”. Ay, casi, casi, se me escapa ahora.  Voy a dejar de escribir porque lo siento bajar por mis brazos, va a adueñarse de mis dedos, va a escribir por mí. ¡No! ¡No! ¡Salí! Volvé a la garganta, salí de mis dedos, de mis cuentos, nnodeihw{ofrbgr teeeee qqqqqqqqqqqqqqqqu

viernes, 27 de julio de 2012

Dejársela roja.

  La soltería perenne tiene miles de cosas lindas, pero vayamos a las malas: no tener secso por largos períodos de tiempo. Por supuesto que hay noches en que nos sentimos lindas y viene un pito con Roberto incluido y nos damos una alegría. Pero siendo honestas, a veces el hambre se alarga por semanas y meses y a mi me pasa que me siento flaquita, casi raquítica y eso me deprime más. Pero si algo he aprendido de la naturaleza y de las fábulas como la cigarra y las hormigas, es que cuando aparece un Roberto hay que aprovecharlo. Cosecharlo, exprimirlo, sacudirlo y comer mucho, mucho. Recuperar todas las calorías perdidas. Sacarle todo lo que se pueda para guardar, almacenar para  tolerar la próxima etapa de sequía.  Aunque esto signifique dejársela roja a Roberto.

martes, 24 de julio de 2012

Noche de Valientes


Hoy me siento valiente. Tengo la osadía, el coraje y la adrenalina en las cantidades necesarias para ser una superheroina.
Que alguien grite “¡socorro!”. Que alguien pida “¡auxilio!”. Es más, mejor que ni lo griten, pues mis sentidos están tan agudos que podría percibir las vibraciones de su miedo. ¿No me creen?
Podría ir con corriendo en bikini, con este frío y de noche, desde Congreso hasta San Fernando, por Panamericana, sólo para asegurarme de que estés durmiendo tapadito y no tengas frío, y en el camino evitar tres robos, dos secuestros, cuatro suicidios, bajar a tres gatitos de unos árboles y hacerle respiración boca a boca a un linyera con paro cardíaco.
Aún así, me quedaría corta. Con esta energía sobrehumana podría construir en un santiamén, un hospicio del tamaño de Disney World,  tejer bufandas y escarpines en triple crochet para todos los niños con frío.
Y como me seguiría sobrando fuerza y entusiasmo, agarraría una canoa y remaría hasta África para cavar con mis propias manos  la tierra árida y llegar hasta un pozo de agua potable y fresca.
Y después, volvería nadando para ver si seguís bien tapado.
Hoy me siento valiente.
Pero te digo que si cuando voy a verte, te despertás y me invitás a acostarme en cucharita con vos, me quedo ahí, y que del mundo se encarguen los políticos, que por algo les pagan.

viernes, 20 de julio de 2012

Jenna de amigos

Sé que todos esperan que haga una declaración sobre si existe o no la amistad entre el hombre y la mujer. Y solo voy a decir que creo fervientemente en la amistad entre Jennísima y sus lectores. 
¡Feliz día!

miércoles, 18 de julio de 2012

Señorita maestra


En mis jóvenes años, recién salidita del cole, fui maestra. Maestra de  primer grado de inglés. En realidad era la ayudante. La que cortaba los papelitos, revisaba el cuaderno de comunicaciones y me aseguraba de que los niños no perdieran sus ropas ni útiles. Pero tres meses antes de terminar el año, la maestra se piró y renunció. La decisión fue que yo me hiciera cargo del grado de 25 alumnitos. Y acepté dichosa, pensando que era la oportunidad de crear una nueva casta de alumnos copados en un colegio que se volvía cada vez más cheto, con valores cada vez más estúpidos.

Quise ser la maestra que no fueron conmigo. Valorar la individualidad, la locura, el rasgo jennísimo de cada uno de ellos, esas características que justamente este tipo de colegio trata de anular, para que todos sean igualitos.

Pero claro, fomentar la locura de los niños de 6 años fue como entrar con un bidón de nafta, a un fogón en una noche de viento en Necochea. Y convengamos que no contaba con muchas herramientas pedagógicas, más que el amor y el respeto.

Un día tenía que enseñarles sobre los insectos: la crisálida que se vuelve mariposa y cómo se diferencian de las polillas, y no tuve mejor idea que hacérselos vivenciar. Le pregunté quién se animaba a ser de crisálida y lo agarré de los tobillos y lo puse boca abajo. Le dije: “abrazate con los dos brazos, así te convertís en cocoon”. Y justo allí entró la directora y yo sujetando al niño, que tenía la cabeza a 10 del cm del piso.
Decí que no me echaron porque me querían.  Tampoco les importó el hecho de que un día una de las nenas me dijo: “quiero vomitar” y le acerqué el tacho de basura con el pie, mientras me tapaba la cara al grito de: “¡vomitá acá!, “¡vomitá acá!”. ¡Generé una ola de pánico entre los nenes, que no sabés! Algunos lloraban, otros gritaban: “¡yo también quiero vomitar!”. Hasta que vino la secretaria, supongo que por los gritos, y me ayudó.

Cuando terminó el año, no me volvieron a llamar y ahí terminó mi carrera como formadora de las jóvenes generaciones. Pero que los chicos se divirtieron, fueron estimulados desde sus particularidades, bailaron y cantaron en inglés, no cabe dudas.

jueves, 12 de julio de 2012

Tetitas, ahora y siempre.



En algún momento de la historia de la humanidad, una mujer dijo: “pelos, ¡qué espanto! Depilémonos.” Y yo que nací mucho más tarde de que aquella decisión fuera tomada y sancionada por un jurado de nobles mujeres lampiñas, a las cuales no les debió significar mucho el cambio, accedí y me doblegué al hecho de depilarme una vez por semana y ahora ahorrar para la depilación definitiva.

Hoy siento que estoy atravesando el momento histórico justo. Una mujer dijo: “tetas chatas, ¡qué espanto! Operémonos” y hacia allá vamos, sentenciando al quirófano los pechitos de las próximas generaciones incuestionablemente.

 Prácticamente no me quedan amigas de tetas chiquitas. Y siento que perteneciendo al bando de las adoradoras del push-up, estoy en falta, como si decidir no operarme fuera igual que decidir no depilarme nunca más.

 ¿Por qué es cada vez más difícil ser chata? ¿Por qué como sociedad respetamos esto? ¿Por qué miro de reojo y deseo el plan 310 de Osde que te cubre los implantes? ¿Por qué no podemos aceptar que lo que nos tocó está bárbaro?

¡Ni tetonas, ni tetazas. Tetitas!

martes, 10 de julio de 2012

JENNISIMA EN VIVO!

Si te gusta lo que leés, imaginate lo que te va a gustar que te lea.  Venite que voy a contar un Jennísima en  carne y hueso. ¡Autografiaré pechos y porongas con indeleble!

No me importa si sos peronista o antiperonista, este sábado todos le damos al pito y al bombo.
¡Los espero!

 

miércoles, 4 de julio de 2012

Alguien que me libere


Quiero sentirme     L          I          B            R               E  
Que todo lo que me ata, se desanude con un peine.
Que todo lo que me aprisiona, se  disuelva con la lluvia.
Que todo lo que me ahoga, se evapore con la estufa.
Que todo lo que  me acorrala, se derrumbe de un soplido.


Quiero sentirme     L          I          B            R               E   

Como cuando me despeinan tus abrazos
Como cuando me río con tus chistes
Como cuando levito con tus besos  

Quiero sentirme     L          I          B            R               E    

lunes, 2 de julio de 2012

Un vals en el subte



Subte A de hasta las pelotas. Tempraneli. Ocho am. Logré subirme bien apretadita entre los cuerpos mullidos de abrigos invernales. Respirando esos alientos matutinos que suplican café, mate y galletitas, una voz de repente me habló al oído. “¿Bailás?”, me dijo suave, por detrás. Pero no había música. Solo escuchaba el tucúm, tucúm de los las ruedas oxidadas del subte tratando de mantenerse en las vías, sin zafarse en las uniones precarias.  “Disculpame, ¿bailás?”, volvió a preguntarme con sutileza y dulzura, emanando un perfume elegante y francés.

¿Por qué alguien me invitaría a bailar en un subte sin música, en hora pico? ¿Qué clase de persona sería? y ¿por qué a mí? Sin duda alguien con gran imaginación y vocación, que me vio en tutú en lugar de con estos jeans gastados que caminan solos. Me di vuelta para verle la cara a ese Piquín subterráneo, a ese corsario misterioso, al Baryshnikov de Balvanera. Y mientras giraba en puntitas de pie para convertirme en su Eleonora Cassano, en su Maya Plisétskaya de rodete rebelde y enrulado, sentí que todo iba en cámara lenta y juro que hasta ¡empecé a escuchar música! Sonaba "el vals de los cisnes" por los alto parlantes, y en cada compás me iba convirtiendo en un cordel armónico de movimientos delicados, desarticulando mis rigideces para entregarme al baile más puro y noble.

El subte frenó, las puertas se abrieron como el telón del Bolshoi de para en par y estando cara a cara con mi partenaire, nos miramos y me dijo: “¿Y flaca, bajás o no bajás?”.

Fue como bailar "la muerte del cisne" en una estación.