Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

miércoles, 15 de agosto de 2012

La culpa es del culo


Jamás culparía a una minifalda. Jamás. Cuando se la puso pensó en lo lindo que era estrenar ropa, que tenía onda y sí, que le quedaba divina porque resaltaba sus atributos más opulentos.

Pero jamás la culparía. Así como nunca culparía al auto,  ni al arma. Porque las cosas no tienen la culpa. Quizás son resabios de la infancia, de cuando uno se golpeaba con la mesa y mamá decía: “¡mesa mala que golpeaste a mi hijita!”. ¿Qué culpa tiene la mesa si una es la torpe?

Ella salió de su casa, no sé hacia dónde. Eran las siete de la tarde. Caminó dos cuadras hasta la avenida y esperó a que el semáforo le cediera el paso. Un auto a toda velocidad emergió de un horizonte para fugarse por el otro. Pum, pum, pum, pum.

En el tercer disparo, ella gritó “¡Ayyyyy!” y se cayó al piso. ¡La mini recién estrenada, carajo! Tenía un agujero en una nalga y sangre. “¿Me balearon en el culo?”, trató de entender.  De orto no le había entrado en el orto. El susto no impidió que la gente de alrededor se acercara y la ayudara.

“Y claro, mirá la pollerita que llevaba”, escuchó. Ahí supo cómo iba a desarrollarse el resto del cuento. El mismo que atraviesa la que fue violada y  abusada. Algo habrá hecho. Un gesto que insinuaba un deseo de ser ultrajada.  Como si andar en pollera fuera sinónimo de andar con un blanco para apuntar con un arma, un juego de kermesse. Seguirían más prejuicios luego de que a la pregunta: “¿a qué te dedicás?” del policía libidinoso le siguiera un “Bailarina de comparsa”.  En la sala de espera fueron llegando más víctimas de estos locos armados jugando a los vaqueros desde su auto. Pero fueron recibidos con más seriedad, ya que el balazo lo habían recibido en el ojo o en la mandíbula. Ellas no recibieron comentarios como: “Con ese culo, más que un balazo, le descargo toda la metralleta”.

¿Qué le quedaba por hacer? ¿Tendría que usar pollera larga hasta los tobillos o jogging por el resto de la eternidad para no tentar al cazador impulsivo de mujeres?

Con la bala en un frasco en la mesita de luz, se levantó de la cama, abrió su placar y eligió un catsuit azul metalizado que le calzaba  como un guante, divino. Así de despampanante abrió un cajón que tenía bajo llave y sacó un arma. Salió de su casa, llegó a la avenida y empezó a disparar hombres. Total, hay que estar loca para usar un catsuit azul metalizado con este frío. 

10 comentarios:

Anónimo dijo...

epaaa Banfruuuu, temita importante tocaste. Baleada por el machismo, pobre!

MaritA dijo...

Cuando te tocan el culo, también dicen lo mismo.

Anónimo dijo...

Catsuit azul??? Me disparó yo antes de usarlo!!

f dijo...

mire señorita infiel lo que logró con su comentario!

todo un ejercicio socio-cultural-literario...

y decime, banfru, nadie se ofreció para hacerte sana sana?

Anexas Varias dijo...

Antes de ponerme un catsui azul metalizado salgo a la calle con Chabomba antibalas.

CatalinaLaGrande dijo...

Real o imaginario?
Creo en la primera parte No en la segunda
Es un estigma que llevamos las que tenemos lindo culo.

Hugo dijo...

¿No hay foto de Catalina?

La Hilarante dijo...

jajajajaja nadie va a desconfiar de una mujer con catsuit! jaja

Cinty dijo...

“Y claro, mirá la pollerita que llevaba”, escuchó. Ahí supo cómo iba a desarrollarse el resto del cuento. El mismo que atraviesa la que fue violada y abusada. Algo habrá hecho.



Excelente Banfru.

Damaduende dijo...

Si yo pudiera entrar en un catsuit azul y no parecer un salchichón, me dejaría echar la culpa de un montón de cosas.
Y después entraría a disparar :)