Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 28 de mayo de 2013

¡Hasta siempre!
























Este blog fue mi tormenta. La sala de espera de mis deseos por cumplir. El afinador de mis ganas de llorar.  El disyuntor de mis cables pelados. El hormigón armado de mi mente gelatinosa. El confesionario de mi vagina, mi útero y mis tetas. Un tenedor libre para mi auto-psicoanálisis. El ancla que te hunde y el bote que te saca a flote. Una trampera para el lector de levante. Un espejo para quien compartía mi delirio. 

Este blog, que me gasta las huellas dactilares desde hace seis años,  últimamente se venía quedando sin tinta.
Quizás sea esta mágica armonía que me vino en un sobre cerrado que abrí por equivocación, quizás haya sido el amor de Roberto, que dejó de llamarse así para tener nombre propio. Quizás solo sea la humedad. No importa qué. Lo que sí, es que las historias nadan sueltas por ahí y no me inquieta que se las lleve la corriente. Como un surfista que deja pasar la gran ola, últimamente dejo que esos cuentos que siempre quise compartir con ustedes sigan de largo, rompan contra la escollera, hagan espuma y destrocen castillitos.

No es el fin, es un hasta luego, quizás es hasta que Roberto me deje y vuelva estóica e inmaculada como Evita, Los Chalchaleros o Los Midachi. No sé. Mil veces volveré si es necesario. Pero hoy me voy.


Igual, no desesperéis. Siempre tendremos París, o mejor dicho y sin importar el cepo cambiario: Siempre tendremos Jennísima. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Homenaje a mano alzada

En la semana Internacional del clítoris, de ese techito que alberga las más bellas sensaciones, se me ocurrió hacer un concurso gráfico con Roberto, para demostrar quién puede hacer la mejor representación de este centro neurálgico de orgasmos.
Sin espejo, sin foto, sin videos, solo recurriendo a la imagen mental, hete aquí nuestro homenaje al mini sensor de placeres extremos.


martes, 7 de mayo de 2013

Disculpe señor....no, deje. Nada.

Cuando un hombre tiene la bragueta baja, ¿se le avisa? La respuesta es tan difícil como si existe la vida después de la muerte. La verdad es que al advertirle al sujeto sobre dicha abertura, el tipo enseguida podría especular con que le estuve pispeando la entrepierna con cierto interés, lo cual podría llevarlo a decir: "¿por qué no me la subís con los dientes, tanto que la mirás?"

A veces pienso que dependiendo de la persona que la tenga baja, debería avisar o no. Siendo un tanto discriminadora la selección: a un señor en el tren Roca, no. A un pibe en la línea D, sí. Aunque tenga el mismo riesgo de que éste me diga: "seré muy rubio, pero a ésta la tengo negra", mientras la saca sin esfuerzo y la sacude con el viento.

Siempre llego a la conclusión de que lo mejor es dejar que el hombre vaya con la bragueta baja por la vida, aunque estemos sentadas en el bondi con su pelvis a la altura de nuestras pupilas.

En fín, cuando un hombre tiene la bragueta baja, ¿se le avisa?

viernes, 5 de abril de 2013

Al filo de la muerte


Están en boga los libros de novelas eróticas, y pese a que los veo como competencia, decidí aceptarlos y leerlos, incluso para sacar ideas.

Leyendo el libro casi de reojo, como para que no sintiera que somos amigos, me fui sumergiendo en la historia del multimillonario y su sumisa. Poco a poco fui tomando interés en ciertos detalles de su actividad amatoria, y como con Roberto ya no tenemos secretos (léase el post anterior) le fui proponiendo probar algunas cosas, llevando nuestra vida de alcoba a un nuevo nivel.

Luego de compartir un párrafo para entrar en calor, le dije a Roberto que me gustaría que me vendara los ojos. El flaco se entusiasmó como boy-scout  a quien le dan una piedra y una rama para hacer fuego  y buscó un pañuelo de seda en el cajón de las medias. Pero no lo encontró, así que lo ayudé a buscar algo parecido rompiendo todo el clima generado. Finalmente encontré el antifaz que te dan en el avión para que no te moleste la luz y volvimos a la cama. Roberto me tapó los ojos y buscó en el libro  los pasos siguientes para recrear la escena tal cual. “¡Hielo!” dijo y fue a buscarlo.  Escuché su recorrido poniendo a prueba mis otros sentidos.  Caminó hasta la cocina, abrió el freezer, sacó la cubetera, los hielos y volvió al trote. “Relajate que te voy a pasar el hielo”, me advirtió.  Me entregué y dejé que mi piel se fuera despertando, sintiendo la reacción gélida de mi calentura.  Se deslizó por mis piernas, mi vientre, zigzagueó las costillas subiendo por mi panza, redondeó mis pezones hasta convertirlos en estalagmitas; subió por el cuello dejando una laguna en el hueco de la clavícula, escaló  mi mentón hasta terminar en mi boca, delineando mis labios entreabiertos.

El hielo era tan chiquito que se evaporó en sus manos. “Ya vuelvo”, me dijo. Pensé que iría a buscar otro tip al libro, pero no. Escuché sus pasos por el pasillo yendo a la cocina. Pensé que iría a buscar otro hielo, pero no. Escuché que abría un cajón. Pensé que sacaría una cuchara y después traería helado, pero no. ¿Qué otra cosa podría sacar del cajón de la cocina? ¿El magiclick? ¡Dios quiera que no! Y de repente escuché lo que sacó. Ese ruido metálico, un chillido agudo, repetitivo, consecutivo, que me hizo poner los pelos de punta. “¡¿Estás afilando la cuchilla, Roberto?!”, le grite entre asustada, inquietada y enojada.

¿Qué carajo querrá hacerme?, pensé. ¿Me querrá achurar? “¡No te la cortes, Roberto!”,  le grité desde la cama mientras me reincorporaba. Un toque de humor antes de que me degollara. ¡Decí que estaba vendada y no atada! De repente, el bienaventurado hombre que me rescató de la eterna soledad se había convertido en Jack, el destripador.  Escuché sus pasos y me paré en la cama con la almohada lista como escudo protector.  Se apareció por la puerta de la habitación con una sonrisa hermosa. Con un tono encantador y burlón me dijo “Te asustaste, ¿eh?”. Me abrazó y me susurró: “Fui a sacarle filo a la chota, mi amor, me la gastaste”.  Y  viste cómo es, me volví a enamorar de Roberto, el carnicero erótico.

miércoles, 3 de abril de 2013

Flor de vacaciones


La convivencia, aunque sea en vacaciones, termina de evidenciar las miserias de cada uno. Hablo de miserias pero también de talentos ocultos. A esta altura, Roberto ya conoce cada parte de mi cuerpo, cada lunar, cicatriz y agujero, incluso mejor que yo. Pero conocerá mucho mis agujeros, pero no lo que soy capaz de hacer con ellos.

Tanta introducción solo hace que sus corazones aumenten sus latidos y sus pupilas salteen renglones para llegar al meollo del relato.

Pasamos doce noches y catorce días en un All inclusive con toda la comida que sean capaces de imaginar, al alcance de mi tenedor y ¡gratis! No es un dato menor este, porque  el hecho de que tuviera acceso ilimitado a cualquier casillero de la pirámide alimenticia sin importar el momento, le da un argumento válido a lo que me sucedió. El festín del comatodoloquepueda, me llevó a mezclar frutas exóticas, con alimentos saturados en grasas, platos veganos, porciones aptas para celíacos, algo de kosher y unas cositas rosas que tenían rico sabor.   Sin discriminar, todo lo que ingería tenía el mismo destino: el intestino grueso (y dado el volumen de lo ingerido, éste estaba más grueso que nunca).

Una mañana después de desayunar, volvimos a la habitación para preparar la mochila para una excursión, de repente sentí el llamado de un pequeño guía turístico que me invitó a pasear por el baño. Allí
fui, como cualquier otro día, con esa sencillez que uno tiene para hacer esas cuestiones cotidianas. Pero lo que finalmente sucedió no fue tan cotidiano o al menos no para Roberto. Cuando salí del baño, Roberto me dijo: "Bueno, ahora me toca a mí". Pero tuve que anoticiarlo: "No podés ir. Vas a tener que usar el baño del lobby", le recomendé. "Eh, ¿para tanto?¿Mucha barusa? Tiro un poco de desodorante y listo", dijo el inocente. "No entendés, Roberto. Hay algo que no sabés de mí. Tengo un talento, del cual no me gusta presumir. Cago de un modo tan especial que tapo los inodoros. Vaya donde vaya. Mi familia lo sabe", le expliqué. "Me jodés", me respondió con ojos desorbitados, con una mezcla de asombro pero también de orgullo. "Sí, -le dije- tapé ciento de baños: en Gessel, Mar del Plata, Nueva York, Escocia, Francia, India, Rusia, Sudáfrica, Australia y ahora acá. Es como si fuera mi marca, mi sello del pasaporte". Roberto seguía mirándome con los ojos fuera de sí. "Pero yo también quiero cagar", me replicó. "Andá al baño del lobby", le volví a sugerir. "¡NO! Mirá lo que es este baño, tiene hasta balcón con vista al mar! Este baño hace que tenga sentido que el inodoro se llame trono, y ¿me mandás a cagar al lobby? ¡Destapálo!", me ordenó con un tono apabullante. "Es un hotel mil estrellas, no hay sopapa.- le aclaré indignada- No hay nada para destaparlo. Ya tiré 3 veces la cadena, está super atorado", le respondí. Roberto entró a la escena del crimen y gritó desesperado:"Naaa, increíble!".  Luego matizó con cierto tono de ternura: "¡Cagaste un bracito de bebé, mi amor!". Luego salió del baño y se sentó en la cama desconsolado, agarrándose la cabeza. Lo miré y pensé: "lo estoy desilusionando. De la desilusión al no te amo más, hay una línea muy finita. No puedo dejar que esto pase". Miré al rededor de esa suite increíble y vi la solución: un florero de flores de tallos muy altos. Agarré al azar una flor espléndida con un tallo de metro y medio y me metí en el baño. La usé como cinta de plomero. Me dediqué con esmero y no me pregunten cómo, pero el milagro se hizo y mi sorete siguió su camino por el túnel hasta ver la luz.

¡Sì!¡Roberto volvió a amarme y a admirarme! Esa flor siempre quedará en nuestros corazones y si alguna vez nos casamos, voy a poner una de esas en cada centro de mesa.

Roberto, ahora ya lo sabés: las mujeres no cagamos rosas, pero con una flor te destapamos cualquier mierda.

"Hecho verídico. Foto sacada luego del éxito. Si alguien sabe el nombre de la flor, agradeceré".



miércoles, 13 de marzo de 2013

La psiquis



Esa nube de algodón que rige nuestras conductas, personalidad, enfermedades y las ganas de coger.
Mi psiquis, un dulce para mi psicóloga, un veneno para mi soledad y un festín para las charlas con mis amigas. Mi psiquis, tan inestable como un móvil colgante en un balcón de un noveno piso, me advierte de cosas que no reconozco a través de enfermedades. Tengo que cumplir records de síntomas, como ser: un mes y dos semanas de resfrío para enterarme de que es muy posible que me dé un toque de miedo irme por primera vez de vacaciones con Roberto.

Como si mi psquis fuera psíquica y supiera más que yo. ¿Qué sabés vos? Solo me das disgustos y gastos. Avisame por mail, por whataspp o por Facebook que no estoy preparada para afrontar la realidad, pero no me inventes enfermedades.

Con voz de transexual y catarro expectorante, atravieso los días previos de lo que será una maratón de amor, sexo y lujuria all inclusive, como si fuera la tuberculósica Anne Hathaway en Los miserables.
Con la esperanza de mejorar ni bien ponga un pie en las exóticas playas caribeñas,  afrontaré este resfrío eterno lo más sensual posible, porque si sigo en este estado deplorable la psiquis de Roberto también le va a dar alertas. Entonces a partir  de hoy, en lugar de ponerme pashminas gigantes,  llevaré unas medibachas de lana para cubrirme cuello y el pecho. En lugar de pañuelitos, me sonaré los mocos con bombachas de algodón. Cada vez que tosa, además de taparme la boca, sumaré el delicado acto de empujar con la lengua el cachete como sugiriendo una fellatio. En vez de untar vic vaporú en el pechito,… ejem, bueno, podría untarme wasca beauty o leche de zúpalo.

Ahora sí, que mi psiquis me enferme todo lo quiera, que yo me sobrepondré con elegancia y sensualidad. Preparate, Roberto, ¡que cada estornudo va a ser un orgasmo!

lunes, 25 de febrero de 2013

Amor Multitasking


Cucharadas de miel en mi té. Té que tomaré mientras leeré este libro que tengo hace semanas acurrucado y abandonado en la mesita de luz. Es que el amor me distrae y hace meses que no leo. Digamos que todavía no adquirí la habilidad de besar y leer al mismo tiempo. Tampoco creo que la adquiera. Ojalá este libro tenga mayor suerte que el anterior, que quedó apoyado en algún estante con un boleto latiendo en la página 3. Si los besos se leyeran en vez de besarse…

En fin… ¿sobre qué quería escribir? ¿Sobre el té con miel? ¿El nuevo libro? ¿Sus besos que no me dejan leer? Sí, sí, sobre sus besos. Resulta que cuando lo beso sólo puede hacer eso. Bueno, eso y respirar. Pero nada más, no puedo acariciarlo, salvo que sea un abrazo estático. Si tuviera que emprender un recorrido con mis manos por su espalda, sus brazos, inmiscuir mis dedos por sus rulos entrecanos, tendría que dejar de besarlo. Es una de dos.  Es que no puedo ser multitasking con mis besos.  

Llámenme tarada, o discapacitada multitasking, vaga, ejemplo del desorden por déficit de atención. Es que simplemente cuando lo beso no puedo encarar ninguna otra tarea en paralelo. Así que si me ven despeinada, o sin vestir, quizás sucia, o con los cordones desatados, seguramente tenga en mi boca sus labios.


jueves, 14 de febrero de 2013

Flechazos


En san Valentín hay muchos tipos de flechazos y cada uno tiene distinto tiempo de duración y de efecto.


¿Cómo te flecharon hoy?

lunes, 4 de febrero de 2013

La tengo ojeada



Hace 5 meses consecutivos que mi más precioso tesoro viene maltrecho. Hongo tras hongo, seguido por una sobrepoblación de bacterias letales,  una deforestación absoluta de la flora vaginal convirtiendo mi frondoso jardín floreado, cálido y húmedo en una estepa árida y deshabitada. 

Sufrida, la muy pobrecita, atravesó las peores catástrofes: picazón, ardor, quemazón, estudios invasivos, manos de desconocidos que no han puesto el mínimo esmero en ser tiernos con este pedacito de cielo que tengo entre las piernas.

Roberto, con la paciencia de un monaguillo virgen y temeroso de caer en el pecado infernal, viene viviendo como una vaca gaucha, a pura agua y paja.  Confieso que existieron ocasionales aventurillas que brotaron del ímpetu de una calentura irrefrenable pero solo provocaron nuevas malarias y dolencias insufribles.

“Inexplicable”, dicen los tantos doctores que me han atendido. “Cosa de brujas”, se animó a decretar una eximia médica de prestigioso hospital nacional.  “Vagina ojeada” escribió como diagnóstico en el certificado que tengo que entregarle a la de recursos humanos.

¿Pero quién? ¿Quién puede desearle el mal  a mi carterita? ¡Si ella no ha sido mala con nadie! Tímida y escondidita, ha aprendido de la vida a los ponchazos.  Ha luchado como cualquier trabajador  por una vida digna, abriéndose camino con esfuerzo y esmero. ¿Quién osa ser tan malvado con este pequeño ser de luz que pide a los llantos paz y antimicóticos?

¡Es un claro ejemplo de un trabajo vudú vaginal! No puedo dudar de mis lectoras, claro que no. Pero por favor, ayúdenme. Necesito una limpieza espiritual. ¡Alguien que me ayude!

miércoles, 30 de enero de 2013

El desamor y Garbarino

Participé de una promo de Garbarino  por Twitter y fue como haberme garchado al pibe equivocado. Los mismos sentimientos de ilusión, decepción, odio y desesperación.  En ese orden.
La ilusión de conocerlo, de proyectar en él el amor perfecto es tan comparable a la ilusión de querer participar, de sentir que tenés todas las chances de ganar porque esa promo, al igual que el flaco, tienen el mismo destino: yo.

Cuando vi ese tweet que me invitaba a participar por una ultrabook se me dilataron las pupilas, sentí el corazón acelerado y todas esas cosquillas que te surgen cuando ves a un pibe que se parte en mil y querés llevártelo a tu casa. Con esa adrenalina y ganas me puse a participar: a escribir tweets como loca usando su hashtag.

  ¿Si revisé las bases y condiciones de la promo? Noooo, para qué. Una se besa con un flaco mucho antes de preguntarle si está casado, tiene hijos, trabajo estable, etc. Una simplemente se arroja a esa boca carnosa y a esos brazos que inspiran contención.

Les juro que di todo en esos tweets, para que sean creativos, originales, inteligentes y todas esas cualidades que un eximio jurado evaluaría. Di todo, tal como lo doy en la cama para deslumbrar a Roberto con mis capacidades amatorias gimnásticas.

¿Me preguntás si en el medio de la promo revisé las bases y condiciones? Noooo, tampoco, para qué. Ya estaba embobada de amor, mirá si Garbarino me iba a engañar. Eso es imposible. Las promos se hacen para fortalecer el vínculo con los clientes, afianzar la lealtad y al hacerlo en Twitter tenés esa cercanía e instantaneidad ideales, ¿por qué desaprovecharían todo esto? Durante dos semanas, yo les escribía tweets promocionando su hashtag, logrando que mis amigos me hicieran retweets y favs. Vivía en la panacea del amor,  obnubilada con la posibilidad de convertirme en dueña de una ultrabook. Tan ciega que si una amiga me decía, mirá que Roberto te está metiendo los cuernos, me hubiera peleado con ella con tal de no poner en tela de juicio a mi ilusión, mi amor.

Pero como en todo garche, cuando pasa el mes ya empezás a pedir más, a exigir definiciones. Y ahí es cuando Roberto se borra. No te responde, te ignora.  En ese preciso momento explotás de odio, pedís explicaciones y gritás: "¡¡¡Garbarino, mostrame las bases y condiciones la puta que te parió!!! Hace 1 mes que me tenés esperando, twiteando y no sé …. ¡Vos nada! ¿Qué soy? ¡¿Qué soy para vos, carajo?!"

¡Qué ingenua! Pidiendo explicaciones.  Roberto se borró y ya se está cogiendo a otras y una sigue enganchada jurando que le va a hacer la vida imposible.

 Entonces llamé a Defensa al consumidor y le conté mi historia de amor con Garbarino. Ellos me recomendaron ir a Lotería Nacional, ahí sí podrían ayudarme. Les hice caso y los llamé y les lloré porque Garbarino no me contestaba, ni me decía si había ganado o no. Simplemente me ignoraba. Mis amigos y familiares me decían: “olvídate, no te hagas mala sangre”. Y yo pensaba: “Me usó. Mé uso para tener un trending topic. Quiero vengarme. Ya no me importa si gano o no.  Quiero cortársela. Que no pueda hacer ni una promo más.”

Pero al final, la vida es así. Roberto sigue adelante, sacándole lustre a su poronga de oro y Garbarino sigue sacando promos sin bases ni condiciones. Hasta que cuando menos los sospeché,  recibí un mensaje directo por twitter. ¡Es Roberto que quiere volver! De repente se dio cuenta que yo era genial y me pide los datos personales porque estoy  entre las 10 finalistas de la promo. Y un exabrupto de emociones me amanecen porque no sé qué hacer con el odio acumulado. Estar entre las 10 finalistas cuando sé que mis tweets son los mejores y que merezco ganar me genera una sensación de malestar, bronca e injusticia.  Pero por el otro lado, es mejor estar ahí entre otras nueve, que sola y perdida.  Sin embargo sigo esperando … esperando a que Garbarino se decida qué quiere hacer con mi corazón. ¿Cuánto tiempo necesitará para evaluar 10 tweets? ¿Por qué no existe amor de tweet a primera vista? Sé que me merezco algo mejor,  lo sé. ¿Para qué esperar y dejar que me boludeen?  Tengo que seguir adelante, ya fue.  Sé que en algún momento voy a encontrar una Promo en Twitter bien hecha, con bases y condiciones,  porque al final de cuentas soy una clienta que lo vale.



viernes, 25 de enero de 2013

Más sobre el pelo

Analizando el pelo del desagüe, identifiqué estos pelos y los segmenté por su longitud.



miércoles, 16 de enero de 2013

De terror


Todas las noches después de bañarme,  limpio el filtro del desagüe de la ducha y saco todos los pelos que se me caen. Pero de vez en cuando, y cada vez más seguido,  cuando me despierto y voy al baño veo que el filtro aparece de nuevo tapado de pelos. No son mis pelos. Son muy largos, entre rubios y colorados. Y yo lo tengo corto, enrulado y oscuro. Como si alguien se bañara mientras duermo. Miro el shampoo y la crema de enjuague pero están intactas. El jabón tampoco tiene señas de uso. Desconfío de mi memoria, quizás no lo haya limpiado correctamente. Asi que por la noche tomo exceso cuidado para hacerlo bien y no dejar ni una pestaña. Pero a la mañana siguiente, me horrorizo con lo mismo. Mechones acumulados y retorcidos en los orificios de metal, intentando escapar por el caño mayor.

¿Será el espíritu de una mujer calva? Fui a hablar con el encargado para preguntarle, quién vivía en mi departamento años atrás. “Un peluquero famoso”, me dijo, “Era peluquero de las vedettes de la época de Ambar LaFox, de cuando se les decía bataclanas”. Mi curiosidad no cesó ahí y seguí indagando. “¿Y qué pasó con el peluquero ese?¿Vive?”, le repregunté. “Nooo, nena. Fue una tragedia. El tipo que parecía un mariposón, buenito,  resultó ser más malo que Fredy Kruger. Estaba casado con una  bataclana que peinaba, pero se encama con todas. La mujer era muy celosa y le hacía escándalos terribles. Los vecinos se quejaban por lo gritos, ¿vistess? Pero el tipo también era celoso y cuando se enojaba, ¡mama mia!, la agarraba de los pelos y la sacudía por todo el departamento. Al día siguiente veías a la pobre mujer con pañuelos en la cabeza para cubrirse los huecos de pelos y los tijeretazos que le daba el tipo mientras dormía. Un tipo jo di do.” “¿Y cómo terminó todo?”, lo indagué como un Sherlock con más aire de chusma que de Holmes. “¿Cómo va a terminar? Mal. Aparecieron los dos muertos en la bañadera”, me respondió. “¡Me jodés! Decime que los dos pelados”, le retruqué. “sí, tal cual. ¿Cómo sabés?”. ¡Porque tengo la bañadera llena de pelos de fantasmas, la puta madre!

viernes, 11 de enero de 2013

Arde papi


Pienso en los cursos raros en los que me anoté para conocer flacos. Pienso en esa mañana en la que caí al Easy de Lomas de Zamora para hacer un taller de electricidad con la idea loca de que algún flaco me hiciera saltar la térmica; las horas de gimnasio,  los talleres literarios, el de comics que me salió una fortuna y fui a una sola clase, el intento bizarro en un teatro under, taller de crítica de rock, en fin… todo por conocer chongos, posibles amores de mi vida.

Pienso en la plata perdida y en… cómo tarde tanto en descubrir lo que hoy les voy a compartir: el fútbol femenino. Sí, me invitaron porque faltaba una jugadora y allí fui. Me puse los cortos, el corpiño deportivo y entré a la cancha con el entusiasmo de una niña que se tira a un pelotero de barbies y pequeños ponies. Entré a ese fantástico mundo de Robertos sudorosos con remeras viejas y medias desteñidas; una exhibición suprema de brutalidad, virilidad y el abandono absoluto de los modales establecidos por la cultura occidental; un festín de piernas peludas, gemelos de Tiranosaurio y cuádriceps de toro. Y Ahí estaba yo, respirando un revoloteo de testosterona que me hacía sentir en el umbral de una orgía como para el record guines.

  Al lado de nuestra cancha, de vinchitas y conjuntitos Nike recontracombinados, estaban ellos, una vidriera de 10  futuros padres de mis 6 hijos. Todos candidatos para golearme hasta el cansancio. Un muestrario gratis de hombres que se estaban poniendo en forma para seducirme y convertirse en mis sueños más lujuriosos. Fueron 60 minutos de jadeos mentales, de micro orgasmos cada vez que se les escapaba la pelota a nuestra cancha y yo corría como loca a devolvérselas sacudiendo la cola como una perrita en celo en  una estación de tren.

En fin… pienso en todos los lugares donde busqué hombres y ahora que encontré en Oasis, no me sacan hasta convertirme en una botinera del papi5.

viernes, 4 de enero de 2013

Emociones fuera de temporada







Necesito un google translator para entender mis emociones. Es que mi corazón no sabe hablar y solo late. El latido no es un idioma, ¿sabés? Así como el pedo no es el idioma de mi culo, ni el parpadeo el de mis ojos.
Sentir y querer entenderlo, qué proyecto tan ambicioso para encarar el verano. Verano que merece más alcohol y sexo que pensamientos. Para reflexionar está el invierno. Para enamorarse de verdad, la primavera; para deprimirse el otoño y el verano para boludear, para negar la realidad y vivir en una publicidad de cerveza, bailando el hula hula. Así que corazón, no me vengas con que sentís cosas que encima mi cabeza no puede entender. Hacé como el oso, ándate a hibernar, prendete el aire acondicionado y quédate quietito, casi frizadito hasta que: venga el invierno o aprendas a hablar.