Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

lunes, 25 de febrero de 2013

Amor Multitasking


Cucharadas de miel en mi té. Té que tomaré mientras leeré este libro que tengo hace semanas acurrucado y abandonado en la mesita de luz. Es que el amor me distrae y hace meses que no leo. Digamos que todavía no adquirí la habilidad de besar y leer al mismo tiempo. Tampoco creo que la adquiera. Ojalá este libro tenga mayor suerte que el anterior, que quedó apoyado en algún estante con un boleto latiendo en la página 3. Si los besos se leyeran en vez de besarse…

En fin… ¿sobre qué quería escribir? ¿Sobre el té con miel? ¿El nuevo libro? ¿Sus besos que no me dejan leer? Sí, sí, sobre sus besos. Resulta que cuando lo beso sólo puede hacer eso. Bueno, eso y respirar. Pero nada más, no puedo acariciarlo, salvo que sea un abrazo estático. Si tuviera que emprender un recorrido con mis manos por su espalda, sus brazos, inmiscuir mis dedos por sus rulos entrecanos, tendría que dejar de besarlo. Es una de dos.  Es que no puedo ser multitasking con mis besos.  

Llámenme tarada, o discapacitada multitasking, vaga, ejemplo del desorden por déficit de atención. Es que simplemente cuando lo beso no puedo encarar ninguna otra tarea en paralelo. Así que si me ven despeinada, o sin vestir, quizás sucia, o con los cordones desatados, seguramente tenga en mi boca sus labios.


jueves, 14 de febrero de 2013

Flechazos


En san Valentín hay muchos tipos de flechazos y cada uno tiene distinto tiempo de duración y de efecto.


¿Cómo te flecharon hoy?

lunes, 4 de febrero de 2013

La tengo ojeada



Hace 5 meses consecutivos que mi más precioso tesoro viene maltrecho. Hongo tras hongo, seguido por una sobrepoblación de bacterias letales,  una deforestación absoluta de la flora vaginal convirtiendo mi frondoso jardín floreado, cálido y húmedo en una estepa árida y deshabitada. 

Sufrida, la muy pobrecita, atravesó las peores catástrofes: picazón, ardor, quemazón, estudios invasivos, manos de desconocidos que no han puesto el mínimo esmero en ser tiernos con este pedacito de cielo que tengo entre las piernas.

Roberto, con la paciencia de un monaguillo virgen y temeroso de caer en el pecado infernal, viene viviendo como una vaca gaucha, a pura agua y paja.  Confieso que existieron ocasionales aventurillas que brotaron del ímpetu de una calentura irrefrenable pero solo provocaron nuevas malarias y dolencias insufribles.

“Inexplicable”, dicen los tantos doctores que me han atendido. “Cosa de brujas”, se animó a decretar una eximia médica de prestigioso hospital nacional.  “Vagina ojeada” escribió como diagnóstico en el certificado que tengo que entregarle a la de recursos humanos.

¿Pero quién? ¿Quién puede desearle el mal  a mi carterita? ¡Si ella no ha sido mala con nadie! Tímida y escondidita, ha aprendido de la vida a los ponchazos.  Ha luchado como cualquier trabajador  por una vida digna, abriéndose camino con esfuerzo y esmero. ¿Quién osa ser tan malvado con este pequeño ser de luz que pide a los llantos paz y antimicóticos?

¡Es un claro ejemplo de un trabajo vudú vaginal! No puedo dudar de mis lectoras, claro que no. Pero por favor, ayúdenme. Necesito una limpieza espiritual. ¡Alguien que me ayude!