Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

viernes, 5 de abril de 2013

Al filo de la muerte


Están en boga los libros de novelas eróticas, y pese a que los veo como competencia, decidí aceptarlos y leerlos, incluso para sacar ideas.

Leyendo el libro casi de reojo, como para que no sintiera que somos amigos, me fui sumergiendo en la historia del multimillonario y su sumisa. Poco a poco fui tomando interés en ciertos detalles de su actividad amatoria, y como con Roberto ya no tenemos secretos (léase el post anterior) le fui proponiendo probar algunas cosas, llevando nuestra vida de alcoba a un nuevo nivel.

Luego de compartir un párrafo para entrar en calor, le dije a Roberto que me gustaría que me vendara los ojos. El flaco se entusiasmó como boy-scout  a quien le dan una piedra y una rama para hacer fuego  y buscó un pañuelo de seda en el cajón de las medias. Pero no lo encontró, así que lo ayudé a buscar algo parecido rompiendo todo el clima generado. Finalmente encontré el antifaz que te dan en el avión para que no te moleste la luz y volvimos a la cama. Roberto me tapó los ojos y buscó en el libro  los pasos siguientes para recrear la escena tal cual. “¡Hielo!” dijo y fue a buscarlo.  Escuché su recorrido poniendo a prueba mis otros sentidos.  Caminó hasta la cocina, abrió el freezer, sacó la cubetera, los hielos y volvió al trote. “Relajate que te voy a pasar el hielo”, me advirtió.  Me entregué y dejé que mi piel se fuera despertando, sintiendo la reacción gélida de mi calentura.  Se deslizó por mis piernas, mi vientre, zigzagueó las costillas subiendo por mi panza, redondeó mis pezones hasta convertirlos en estalagmitas; subió por el cuello dejando una laguna en el hueco de la clavícula, escaló  mi mentón hasta terminar en mi boca, delineando mis labios entreabiertos.

El hielo era tan chiquito que se evaporó en sus manos. “Ya vuelvo”, me dijo. Pensé que iría a buscar otro tip al libro, pero no. Escuché sus pasos por el pasillo yendo a la cocina. Pensé que iría a buscar otro hielo, pero no. Escuché que abría un cajón. Pensé que sacaría una cuchara y después traería helado, pero no. ¿Qué otra cosa podría sacar del cajón de la cocina? ¿El magiclick? ¡Dios quiera que no! Y de repente escuché lo que sacó. Ese ruido metálico, un chillido agudo, repetitivo, consecutivo, que me hizo poner los pelos de punta. “¡¿Estás afilando la cuchilla, Roberto?!”, le grite entre asustada, inquietada y enojada.

¿Qué carajo querrá hacerme?, pensé. ¿Me querrá achurar? “¡No te la cortes, Roberto!”,  le grité desde la cama mientras me reincorporaba. Un toque de humor antes de que me degollara. ¡Decí que estaba vendada y no atada! De repente, el bienaventurado hombre que me rescató de la eterna soledad se había convertido en Jack, el destripador.  Escuché sus pasos y me paré en la cama con la almohada lista como escudo protector.  Se apareció por la puerta de la habitación con una sonrisa hermosa. Con un tono encantador y burlón me dijo “Te asustaste, ¿eh?”. Me abrazó y me susurró: “Fui a sacarle filo a la chota, mi amor, me la gastaste”.  Y  viste cómo es, me volví a enamorar de Roberto, el carnicero erótico.

7 comentarios:

Jorge Maceiras dijo...

Si que he temido por mi vida durante el sexo. pero tiene más que ver con dos cosas a) mi pobre condición cardíaca b) me quise hacer el semental y tirar más de lo que podía. Es decir, quise llegar a 2. saludos, la radio está jennissima ;)

Jennifer Amapola Banfrula dijo...

Jorgito: se nos ha vendido que el sexo es salud, y minga!!

Br1 dijo...

Atrapante y con un final excelente.

Ale dijo...

Buenisimo!

Bren dijo...

le saco punta al lapiz ....

Petera Infiel dijo...

Y yo que pensaba en una felatio con la poronga con dulce de leche ¿Vulgar no?

f dijo...

jajajaja
buenísimo doña banfru!
me sigo riendo!
esa novela es una poronga vencida, si quiere leer algo bueno arranque por las edades de lulu, historia de o, y fuego (esa última d anais nin, si no la consigue puede ser pajaritos)
salú!
f

ps: y el sexo es salud, solo que hay que entrenar mucho...