Todo eso que nos hace sentir jennísimos: las insurrecciones que enrulan el mechón lacié, el puctum, lo desprolijo, lo desubicado, el ello, el imaginario radical, lo ridículo, lo inocultable, la falla, lo que nos esforzamos por ocultar pero que se ve a la legua como un elefante dorado. Bienvenidos al blog de Jennísima.

martes, 28 de mayo de 2013

¡Hasta siempre!
























Este blog fue mi tormenta. La sala de espera de mis deseos por cumplir. El afinador de mis ganas de llorar.  El disyuntor de mis cables pelados. El hormigón armado de mi mente gelatinosa. El confesionario de mi vagina, mi útero y mis tetas. Un tenedor libre para mi auto-psicoanálisis. El ancla que te hunde y el bote que te saca a flote. Una trampera para el lector de levante. Un espejo para quien compartía mi delirio. 

Este blog, que me gasta las huellas dactilares desde hace seis años,  últimamente se venía quedando sin tinta.
Quizás sea esta mágica armonía que me vino en un sobre cerrado que abrí por equivocación, quizás haya sido el amor de Roberto, que dejó de llamarse así para tener nombre propio. Quizás solo sea la humedad. No importa qué. Lo que sí, es que las historias nadan sueltas por ahí y no me inquieta que se las lleve la corriente. Como un surfista que deja pasar la gran ola, últimamente dejo que esos cuentos que siempre quise compartir con ustedes sigan de largo, rompan contra la escollera, hagan espuma y destrocen castillitos.

No es el fin, es un hasta luego, quizás es hasta que Roberto me deje y vuelva estóica e inmaculada como Evita, Los Chalchaleros o Los Midachi. No sé. Mil veces volveré si es necesario. Pero hoy me voy.


Igual, no desesperéis. Siempre tendremos París, o mejor dicho y sin importar el cepo cambiario: Siempre tendremos Jennísima. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Homenaje a mano alzada

En la semana Internacional del clítoris, de ese techito que alberga las más bellas sensaciones, se me ocurrió hacer un concurso gráfico con Roberto, para demostrar quién puede hacer la mejor representación de este centro neurálgico de orgasmos.
Sin espejo, sin foto, sin videos, solo recurriendo a la imagen mental, hete aquí nuestro homenaje al mini sensor de placeres extremos.


martes, 7 de mayo de 2013

Disculpe señor....no, deje. Nada.

Cuando un hombre tiene la bragueta baja, ¿se le avisa? La respuesta es tan difícil como si existe la vida después de la muerte. La verdad es que al advertirle al sujeto sobre dicha abertura, el tipo enseguida podría especular con que le estuve pispeando la entrepierna con cierto interés, lo cual podría llevarlo a decir: "¿por qué no me la subís con los dientes, tanto que la mirás?"

A veces pienso que dependiendo de la persona que la tenga baja, debería avisar o no. Siendo un tanto discriminadora la selección: a un señor en el tren Roca, no. A un pibe en la línea D, sí. Aunque tenga el mismo riesgo de que éste me diga: "seré muy rubio, pero a ésta la tengo negra", mientras la saca sin esfuerzo y la sacude con el viento.

Siempre llego a la conclusión de que lo mejor es dejar que el hombre vaya con la bragueta baja por la vida, aunque estemos sentadas en el bondi con su pelvis a la altura de nuestras pupilas.

En fín, cuando un hombre tiene la bragueta baja, ¿se le avisa?